El sacacorchos

La tormenta perfecta

Por Jon Mujika - Viernes, 9 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jon Mujika

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LA idea es muy tentadora. No en vano, en los talleres de la imaginación se ha construido, una y mil veces y en las más rocambolescas figuras, la máquina del tiempo. Desde el científico iraní Razeqi Ali, que hace cinco años publicó en National Geographic su invención de una máquina del tiempo que puede predecir el futuro de una persona con una precisión sorprendente, hasta los eloi, esos seres que habitarán la superficie del planeta Tierra en el año 802.701, según escribió H. G. Wells en su legendaria novela La máquina del tiempo.

Desplazarse por esa cuarta dimensión donde el reloj, para alegría de los boleros, no marcará las horas es una vieja fantasía en la que hoy llegamos a creer a pie juntillas casi, cuando ayer el anuncio de la fabulosa intermodal se hizo carne. Vemos la posibilidad de que el Tren de Alta Velocidad llegue por fin a orillas de Bilbao y se nos hace la boca agua. Es bien sabido que el proyecto abarca más, mucho más que la llegada de ese rayo ferroviario. Puestos en el argot meteorológico, lo anunciado ayer recuerda más a un tormenta urbanística perfecta que va a cambiar la faz de Bilbao, ya lo sé. Se diría que volverá a florecer una tierra yerma en Bilbao, solares largo tiempo en barbecho. Todo eso es verdad, ya lo sé. Pero el TAV es una máquina del tiempo largo tiempo esperada en la villa, se diría que un sueño del mismísimo Julio Verne.

Pongamos los pies en la tierra: el anuncio tiene tintes de histórico. Pasará de puntillas entre nuestras emociones del día porque ayer el día era de ellas, de todas ellas y el eclipse de luna morada, tan necesario para nuestro estilo de vida, oscurecerá ese brillo. En ese cucurucho de papel donde los periódicos servimos, a diario, cien gramos de noticias frescas como quisquillas o asadas a fuego lento como un puñado de castañas, la noticia tiene su sitio, cómo no, pero no el que hubiese tenido mañana. O ayer. Ante la ciudad se abre un nuevo escenario para el teatro de la vida, un espacio nuevo. ¿Qué quedan, cinco años de espera? ¿Qué es eso después de lo esperado;qué cuando la santa paciencia había alquilado ya un cuartito en una pensión de Hurtado de Amézaga con derecho a baño y a plato de alubias al mediodía?

Cuando llegue será, eso habrá que recordarlo también, un día de luto para los coleccionistas de maquetas de trenes clásicos. En Bilbao son un puñado, no lo duden. Hombres y mujeres que admiran la vieja artesanía por encima de la portentosa tecnología. Es una vieja historia de amor. Pero si les hablaba antes de una deseada máquina del tiempo, habrá que recordar que el combustible no será el carbón y sus caballos de vapor sino la electricidad y sus vatios a no ser que de aquí a 2023 ya se haya descubierto un nuevo motor de explosión. De explosión de júbilo, por ejemplo.

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