Tribuna abierta

Lecciones aprendidas

Por Izaskun Landaida Larizgoitia - Jueves, 8 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 10:03h

Izaskun Landaida participará en su presentación. Foto: Pablo Viñas

Izaskun Landaida. (Foto: Pablo Viñas)

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Izaskun Landaida participará en su presentación. Foto: Pablo Viñas

APRENDER y enseñar. Es un proceso que nunca termina y se prolonga durante toda la vida. Aprendemos y enseñamos, incluso cuando enseñamos, estamos aprendiendo. Lo que somos, lo que sabemos, nuestra identidad, nuestros valores… todo es fruto, al fin, de un aprendizaje. El feminismo, tantas veces vilipendiado y aún hoy desconocido por gran parte de nuestra sociedad, supone también un importante aprendizaje para la vida. En mi caso, y supongo que en el de muchas personas, supuso un descubrimiento que me ha ofrecido numerosas lecciones. En primer lugar, me ha enseñado a mirar: a tener una mirada crítica, a detectar desigualdades que permanecen ocultas por el manto de la normalidad o de la costumbre, a desaprender algunas verdades que no lo son tanto, a reinterpretar la realidad… Me ha enseñado también la importancia de que las mujeres nos empoderemos, de que seamos conscientes de nuestra fortaleza y capacidad y me ha permitido detectar en las mujeres de mi entorno y sus historias de vida verdaderos ejemplos de empoderamiento a seguir. Y el feminismo, entre otras muchas cosas, me ha permitido también reconocer la importancia de crear alianzas entre mujeres diversas como herramienta indispensable para avanzar hacia la igualdad.

Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, me gustaría subrayar este último punto. En un mundo donde prima la individualidad, el feminismo es un espacio de creación colectiva y solidaridad. El feminismo, desde su nacimiento, se ha basado en las alianzas entre mujeres;es una gran red de mujeres muy diversas, de distintas condiciones sociales, económicas, ideológicas, de raza… que tiene en cuenta que todas somos diferentes, pero que nos recuerda que nos une la condición de mujeres, y como tales, sufrimos una situación de desigualdad estructural en todo el mundo. Una desigualdad que se manifiesta de muchas maneras: dobles jornadas por el aún muy desequilibrado reparto de tareas de cuidado y domésticas entre mujeres y hombres, mayores dificultades en el mercado laboral y en el acceso a ámbitos de poder y toma decisiones, o a través de la violencia contra las mujeres.

Tenemos muchos retos para aspirar a ser una sociedad igualitaria y en este camino es necesario que ahondemos en las alianzas, en las distintas aportaciones que cada uno podemos hacer desde el lugar que ocupamos, desde nuestro ámbito de intervención y desde nuestras herramientas. Necesitamos las aportaciones del movimiento feminista y necesitamos también las herramientas que nos ofrecen las políticas de igualdad institucionales. No solo son compatibles sino que se complementan para elaborar una agenda común hacia la igualdad. Y, por supuesto, junto a ellas, nos hace falta la aportación de toda la sociedad, de los hombres, y de todas las personas, cada una desde su ámbito de actuación.

Compartimos las reivindicaciones del movimiento feminista que ha llamado hoy a un paro internacional. Una propuesta innovadora, amplia y aglutinadora que tiene la gran virtud de ofrecer a cada mujer, en función de nuestra situación personal, laboral, económica o social, la posibilidad de encontrar un sitio en ella. Estas reivindicaciones se reflejan en los objetivos que se recogen en nuestros planes de actuación y por ellos nos esforzamos cada día.

Ya en 2009, Emakunde planteó una campaña de sensibilización en la que invitaba a reflexionar acerca de qué pasaría si las mujeres hicieran huelga y también entonces se denunciaba que vivimos en una sociedad en la que tareas imprescindibles para la sostenibilidad de la vida como el cuidado de las personas (niñas y niños, mayores y personas dependientes) o la gestión de las tareas del hogar siguen recayendo mayoritariamente sobre las mujeres, a través de trabajos invisivilizados y ocultos, a través de dobles jornadas y dobles vidas, a costa de su salud, y, entre otras, de la limitación de sus carreras y aspiraciones.

Es necesario reformular la organización del trabajo para, como aboga la economía feminista, poner la vida en el centro. Necesitamos una nueva forma de organización social, basada en un reparto equilibrado del trabajo, en la que se fomente la corresponsabilidad de los hombres con el cuidado y el trabajo doméstico, en la que las estructuras de empleo se adecúen a las necesidades de la vida laboral personal y familiar;y en la que se adecúen los servicios sociocomunitarios para reducir la carga derivada del trabajo.

Sabemos que es difícil cambiar la sociedad, pero no podemos olvidar que, al mismo tiempo, vivimos en una sociedad en transformación constante. A pesar de que a veces sentimos que hay valores, actitudes y modelos que se perpetúan en el tiempo, el mundo cambia constantemente, igual que cambiamos las personas que lo habitamos. Este cambio supone una oportunidad diaria para quienes aspiramos a construir una sociedad diferente.

Debemos tener en cuenta que la sociedad se renueva constantemente y que nuevas generaciones nos miran cada día. Construyen sus identidades en base a lo que ven, se basan en la imitación y en las expectativas que ponemos sobre unas y otros. Diariamente, con nuestras actitudes, con nuestras palabras, con nuestra manera de tratar a las personas, estamos diciéndoles cómo es el mundo, cómo se organiza, cuáles son sus valores y cuál es la posición de cada persona en el mundo. ¿Puede haber mejor oportunidad para mostrar a las nuevas generaciones que hay otra manera de organizar este mundo? ¿Que un mundo mejor y más justo es posible?

La campaña de sensibilización que Emakunde ha lanzado este año -La igualdad se aprende. Enseña igualdad- incide en la idea de que la igualdad no nace de manera espontánea o de manera natural sino que se aprende como se aprenden otros valores o comportamientos sociales en la vida. Las personas adultas tenemos una enorme responsabilidad y, al mismo tiempo, gran oportunidad para enseñar igualdad, cada cual desde nuestro ámbito de responsabilidad como madres, padres, profesorado, responsables institucionales, empresariales, de medios de comunicación…

Si aspiramos a dar un salto cualitativo hacia la igualdad real y efectiva, debemos incidir en la enseñanza de la igualdad. Por eso hoy más que nunca, teniendo en cuenta las sinergias contrarias a la igualdad y la cantidad de información sexista y estereotipada que diariamente reciben los niños y niñas, es necesario insistir en la coeducación, la educación basada en el respeto, los derechos humanos y la no violencia. Es preciso facilitar a las nuevas generaciones herramientas que les permitan relacionar los buenos tratos con igualdad y los malos tratos con desigualdad. Porque otra de las enseñanzas del feminismo es que si no se enseña igualdad se acaba aprendiendo desigualdad.

Este año se cumplen treinta años de la constitución del Instituto Vasco de la Mujer. Es cierto que tenemos muchos desafíos pendientes pero en este tiempo hemos visto muchos avances, muchas transformaciones, y hemos aprendido que la igualdad es un reto compartido. Lo han tenido presente y lo han puesto en práctica todas las personas que me han precedido en la dirección del instituto, las diferentes secretarias generales y todo el personal que trabaja cada día en la institución desde la implicación y el compromiso. Quiero agradecer a todas ellas su valiosa aportación y la enseñanza que nos han aportado. Y no quiero olvidar a todas las personas que en nuestra sociedad trabajan por la igualdad: movimientos sociales, asociaciones de mujeres, entidades de diverso signo, empresas comprometidas con la igualdad, medios de comunicación que apuestan por una información igualitaria, profesores y profesoras que creen en la coeducación, padres, madres… porque sin duda son aliadas imprescindibles que nos impulsan en nuestra tarea diaria.

En el camino hemos aprendido muchas cosas. Y esperamos aprender muchas más.

Aprender y enseñar. Es un proceso que nunca termina y se prolonga durante toda la vida.Enseñemos igualdad. Aprendamos igualdad.

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