Arantza Urizar ADMINISTRADORA DE FINCAS

"Casi casi hacemos un papel de psicólogos, porque hay mucha gente que vive sola"

Arantza Urizar esadministradora de fincas deprofesión, aunque en sutrabajo para Surbisa hace unpapel de mediación conresultados óptimos

Una entrevista de O. Sáez OcárizFotografía de Oskar González - Miércoles, 7 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 07:50h

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BILBAO – ¿Cuál es el papel de los administradores de fincas en estos programas?

—Los propietarios de estas comunidades o bien tienen muchos problemas económicos o es gente que está con exclusión social. Personas muy mayores que, la mayoría de las veces, viven solas. En esos casos hay que centrarles para ver si quieren hacer la obra en su comunidad. En otros casos se dan problemas de convivencia.

¿Cómo lo hacen?

—Si el problema es económico, intentando llegar a unos acuerdos para que hagan pagos controlados. O si hay dificultades que no se pueden afrontar, hablamos con la asistenta social del Ayuntamiento que brinda una serie de ayudas para ayudarles a pagar. En los casos en los que se trata de gente mayor, lo que hacemos es darles una especie de amparo para que de alguna forma estén protegidos o tutelados y asesorarles desde el principio para que sepan cuánto les puede costar la obra y hacerles un planteamiento realista. Si se trata de problemas de convivencia, contactamos con el observatorio a través de Surbisa para que nos ayuden a organizar los problemas que pueda haber.

Las resoluciones del observatorio no son de obligado cumplimiento, pero es una base para que esa persona se siente, pare y valore que hay que hacer las cosas de otra forma.

Gracias a esta mediación, ¿cuántos problemas se solucionan?

—De todas las comunidades con las que hemos trabajado, creo que únicamente hay una en la que no he llegado a encauzar el problema. Hemos estado con el observatorio, con la asistenta... y no se ha podido. En el resto de las comunidades, todas han tirado para adelante, han hecho las obras que tenían que hacer, han saneado las comunidades económicamente y están al día con las ITE. A veces hay que pedir créditos, pero generalmente se acaba por resolver.

¿Cuánto tiempo de media se tarda en solucionar un conflicto?

—Depende del problema. Si es económico, al final lo que tienes que hacer es ser realista y hacerles unos pagos a donde puedan llegar. Intentar que las ayudas que les puedan dar, si hay obras, sean las máximas posibles e intentar tramitar ayudas para las costas y las derramas. En estos casos se resuelve bastante bien y pronto. Es más costoso cuando los problemas tienen que ver con enfrentamientos personales. Si se trata de pisos ocupados o con inquilinos que no pagan se complica.

Describa un caso concreto.

—Pues mire, una cosa absurda. Una comunidad tenía un vecino con el que no se hablaban. Este señor tenía perros y les azuzaba contra los vecinos y fue tan sencillo como ponerle de presidente de comunidad. Tras un año en el que estaban con problemas se ha normalizado la situación. En otro caso, con el tema de las obras, una comunidad estaba en una situación terrible de pago y con una obra en ejecución del ayuntamiento. Se ha conseguido a través de créditos personales con una entidad bancaria sufragar las obras y se ha buscado un abogado que en un principio no ha estado cobrando. En este momento se está interviniendo.

¿Generalmente son impagos?

—Sí, pero muchas veces se debe a que es gente mayor que no es que no quiera pagar, sino que no se entera. Con esa gente más mayor y que está sola, muchas veces nuestra función es para recordarles y ayudarles a organizarse. A veces, no pagan porque son un poco desastre. Hay mucho señor soltero solo que no paga de la misma forma que tampoco tiene agua porque se le ha roto una tubería y no se ha planteado arreglarlo nunca jamás. Hay de todo. Mucha gente mayor que está perdiendo la cabeza con la que intervenimos a través del observatorio de la convivencia.

Un papel de psicólogos.

—Casi casi hacemos un papel de psicólogos. Sobre todo, trabajamos en Casco Viejo, Bilbao La Vieja y Atxuri. Aquí hay mucha gente mayor y sola. Les llamamos para que no abran la puerta a cualquiera, en eso les incidimos mucho. Ahora tenemos un problema bastante grande con gente que en su día compraron las viviendas con unos créditos enormes y con el tiempo se han devaluado y no pueden pagar. Están dejando las casas y está entrando otra gente, pero se están dando sobreocupaciones de viviendas y a veces con ventas de drogas. Por ello, estamos en contacto con la Policía Municipal para solucionar esa situación. Los pisos son de propiedad privada y si son de un banco se les presiona para que estén encima.

Supongo que en casos así será inevitable implicarse.

—Sí. Hay veces que Surbisa ha hecho intervenciones. Tienes que estar atenta para ver quién lo está pasando mal. El verdadero problema es que hay gente que muchas veces solo quiere que hables con ella. A veces es tan sencillo como que la gente te cuente lo que le pasa.

Los administradores no están siempre muy bien vistos. Son reticentes estas comunidades.

—Nosotros llevamos trabajando ya prácticamente veinte años. En el Casco Viejo, Bilbao La Vieja y Atxuri. Es la zona que conocemos bien y donde vivimos todos los que trabajamos en la oficina. Empece por echarle un capote a un amigo y tengo el boca a boca. Lo único que no quiero es tener la firma de cuentas porque no la necesito. Cuando te ven en la calle, en la pescaderías, frutería... Estás de guardia. Es nuestra apuesta trabajar en el barrio.

¿Cual es la consulta más rara para la que le han llamado?

—Me han llamado para que saque a una parejita de un portal, o para que le busque a alguien una prótesis dental que se le ha caído en una arqueta. O estando en verano en la playa me han llamado porque había un gato en una terraza. Hay situaciones terribles.

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