Palos de ciego

El Bilbao Basket, de nuevo improvisado, vuelve a dejar pasar una oportunidad de acercarse a la tranquilidad

Un reportaje de Roberto Calvo - Lunes, 5 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Ben Bentil sentado en el banquillo.

Ben Bentil sentado en el banquillo. (Oskar González)

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Ben Bentil sentado en el banquillo.

SE dice de alguien que está pegando palos de ciego cuando “está realizando o llevando a cabo algo sin saber muy bien cómo hacerlo: titubeando, dudando y sin un rumbo fijo”. Y añade la definición: “con pocas probabilidades de éxito final”. Pues así está el Bilbao Basket después de 21 partidos, intentando llegar a la fórmula del éxito, pero sin saber cómo. El partido de ayer fue el paradigma de un equipo que tiene muy claras las cosas desde la primera jornada, que “sabe cuál es su liga”, según comentó Porfirio Fisac, y otro que “quizás no estaba preparado para lo que está viviendo”, pero sigue poniendo tiritas donde se requiere un torniquete para frenar la hemorragia.

Ayer, debutaron Nikola Rebic y Ben Bentil, que elevan a once la lista de fichajes del Bilbao Basket esta temporada. La incidencia de los dos en el partido fue nula, como cabía esperar. Habrá que ver si dos chicos de 23 años son capaces de cambiar la cara de un equipo que está empezando a cargar con una mochila muy pesada. “Nos van a aportar energía y juventud”, dijo Mrsic. Lo de la juventud está claro, lo pone en su documento de identidad. Para que aporten energía, para que realmente incidan en el juego, tendrán que estar en la cancha y para que ellos estén en la cancha otros tendrán que ver reducidos sus minutos.

Ambos salieron a la cancha en el primer cuarto: Bentil a falta de 3:45 y Rebic a 48 segundos. El ghanés cerró su primer partido en el Bilbao Basket con 11 minutos y 34 segundos para tres tiros de campo errados y solo dos puntos de tiro libre, un rebote y tres pérdidas de balón. El serbio apenas llegó a los dos minutos y medio en cancha, con solo un rebote en su cuenta. No jugó en la segunda parte. La sensación es que ambos estaban bastante perdidos, más preocupados de no cometer errores, lo que contribuyó a que el ataque del equipo bilbaino fuera inocuo hasta el descanso.

La pregunta que hay que hacerse es si para un partido clave como el de ayer, igual que en la primera vuelta lo era el del Burgos, era necesario hacer una revolución, mover todas las piezas y dejar al equipo al descubierto, más débil de lo que ya está, era mejor proceder un cambio gradual y no echar a los nuevos a los leones de una situación de cuya trascendencia quizás no sean del todo conscientes. Shane Hammink, que desde que llegó Mrsic promediaba casi 19 minutos por partido, ayer no jugó. Pere Tomás, a quien el croata echaba en falta cuando estaba lesionado por el “plus físico” que podía dar al equipo, solo estuvo en cancha cinco minutos. El mallorquín firmó por tres temporadas, el holandés por dos con opción a una tercera. Pero tiene pinta de que van a ser los damnificados por el hecho de que Mumbrú regrese a la posición de tres.

Más palos de ciego, porque el Bilbao Basket necesitaría ahora lo que no tiene, tiempo, para reordenar todos los roles y cambiar muchos de sus hábitos tácticos. El técnico receta trabajo, faltaría más, pero también son necesarias decisiones de más calado para que efectivamente estos dos nuevos cambios tengan algún sentido a estas alturas de la temporada. Porque los que se han hecho hasta ahora no han mejorado la trayectoria del equipo, que desde el propio interior del vestuario ven como muy preocupante. Desde que el croata llegó al banquillo de Miribilla, solo hay un equipo que ha sumado menos triunfos que el Bilbao Basket y es el Joventut. El balance del conjunto vizcaino de seis victorias y quince derrotas es el peor de su historia tras la vigésimo primera jornada igualado con el que presentaba en la temporada 2009-2010. Entonces, el equipo que ya dirigía Katsikaris visitó al Real Madrid y ganó.

El domingo el Bilbao Basket visitará Valencia y los augurios no son positivos. Después, llegará a Miribilla el Real Betis a un partido o igualado con los hombres de negro. Por tanto, toca encontrar soluciones antes de que sea ya demasiado tarde. Al fin y al cabo, a Veljko Mrsic se le trajo para eso y, tres meses después, el equipo sigue sin poder sacar los pies del barro mientras la amenaza del descenso cada vez se siente más cercana. Aunque duela escucharlo, es lo que hay tras perder en casa ante el San Pablo Burgos, el Obradoiro, el Fuenlabrada o el Gipuzkoa Basket.

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