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Pasos por la igualdad

En 1918, las empleadas de la fábrica de boinas de Balmaseda se multiplicaban para atender hogar y trabajo cobrando menos que ellos. En 2018, el panorama no ha cambiado tanto, como se recordó en la Carrera de la Mujer

Un reportaje de Elixane Castresana - Lunes, 5 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Alrededor de 1.500 vecinos de Balmaseda tomaron parte ayer en la marcha de la mujer vistiendo una camiseta azul conmemorativa. Fotos: E. Castresana

Alrededor de 1.500 vecinos de Balmaseda tomaron parte ayer en la marcha de la mujer vistiendo una camiseta azul conmemorativa. Fotos: E. Castresana

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Alrededor de 1.500 vecinos de Balmaseda tomaron parte ayer en la marcha de la mujer vistiendo una camiseta azul conmemorativa. Fotos: E. Castresana

YA está bien! No voy a aguantar más que me menosprecien por ser mujer”. A estas palabras le siguieron los aplausos. Primero, tímidos. Luego, una ovación de lujo que recompensó la valentía de Milagros por alzar la voz frente a la discriminación en la fábrica de Boinas La Encartada en la Balmaseda de 1918. Aunque se trataba de una representación, la espontánea reacción de los visitantes del museo evidenció que las cosas no han evolucionado tanto en cien años. También se encargaron de recordarlo los alrededor de 1.500 vecinos que se sumaron a la Carrera de la Mujer solidaria con la asociación Diabetes Cero. El mensaje de megafonía que instaba a respaldar la huelga feminista del jueves y una pancarta elaborada en el Gazte Txoko que llama a levantarse y luchar en favor de la igualdad precedieron ayer la salida del acto central de la conmemoración del 8 de Marzo, que analiza la realidad femenina desde diversos puntos de vista.

No sobra aprender del pasado para no repetirlo. Gracias a la implicación de vecinos de Balmaseda y sus propios empleados, el museo Boinas La Encartada recreó por décimo año consecutivo las condiciones de la fábrica en 1918, especialmente adversas para las mujeres. “El año pasado perdimos un hijo. Ella trabajó hasta el día que dio a luz, así que ahora se va a cuidar. No pasa nada si no comemos caliente por un tiempo”, decía Hilario, uno de los personajes, sobre su esposa embarazada frente el público que llenaba las salas. “Pero, ¿dónde se ha metido María Dolores? Todo el día yendo y viniendo. Luego se quejarán y encima le van con el cuento a los hombres para que ellos den la cara...”, se lamentaba el dueño antes de dar la bienvenida a la empresa a Pili, una niña de 13 años, obligada a contribuir a la economía doméstica por un jornal menor que el de los hombres mientras que los estudios se reservaban para el varón de la casa. Ya le tocaría escabullirse para cuidar a los familiares enfermos o amamantar a los bebés que le acercarían a la puerta de la fábrica si se convertía en madre. “Atravesamos una época complicada porque con el fin de la Primera Guerra Mundial mucha gente ha marchado a Francia pensando que allí atan a los perros con longaniza y la gripe está causando estragos en todo el mundo”, detallaba Severino, que ejerció de guía por las estancias que albergan maquinaria original.

Tras la marcha que ayer tiñó de azul la villa, el museo de La Encartada recreó la rutina laboral de hace un siglo desde la perspectiva femenina

Detrás de estos nombres ficticios se ocultan historias reales. Como la de Fernanda Ibarra Arisketa, la primera maestra de costura de La Encartada, que ejerció como tal durante 36 años. Entró a los 39 y ocupó una de las primeras viviendas del barrio El Peñueco destinadas a los empleados. Para entonces ya cuidaba de ocho hijos y tendría tres más. Cinco de ellos siguieron sus pasos y entraron a formar parte de la plantilla. Murió en 1928 a los 75 años manteniéndose al pie del cañón hasta el final. El ramo de flores que un niño entregó a otra de las participantes en la escenificación y la mención a Fernanda a modo de homenaje pusieron la nota emotiva a una jornada de reivindicación en Balmaseda, que se arrancó con la carrera de la mujer.

1.500 camisetas vendidas

“Se han vendido prácticamente las 1.500 camisetas conmemorativas”, se felicitó la concejala de Igualdad del Ayuntamiento de Balmaseda, Garbiñe Santamarina. El pasado jueves la corporación municipal aprobó por unanimidad una declaración institucional con motivo del 8 de Marzo y ayer una marea azul manifestó su firme intención de que su contenido no se quede en papel mojado y desaparezcan barreras que ya afrontaron las trabajadoras de 1918, como la brecha salarial. Al grito de “emakumeak aurrera!”, la marcha salió del polideportivo Errotarena, para cruzar la pasarela sobre el río Kadagua que desemboca en el ambulatorio y por la Avenida Encartaciones en dirección a la calle Correría. En la plaza de San Severino, la marea azul se desvió a la calle Martín Mendia, previo paso a cruzar el Puente Viejo en dirección a la meta del polideportivo. Una vez allí, se llevó a cabo una exhibición de gimnasia rítmica y la asociación Diabetes Cero entregó el testigo solidario a la Asociación de Celíacos de Euskadi.

Desde las gradas aplaudió Noelia Herrán, que completó los dos kilómetros de recorrido con sus hijos de 2 y 5 años. “Intentas apañarte como puedes. El hombre ayuda, aunque el hecho de utilizar ese verbo implica que faltan cosas por conseguir”, admitió. ¿Y los jóvenes? Eider, de 13 años, reconoció que a las chicas “nos suelen caer comentarios” por parte de sus compañeros que perpetúan los clichés de género, pero “al menos yo los freno” y se alegra de que “en el colegio nos hablen sobre igualdad”. Es el primer paso.

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