Editorial

La guerra comercial de Trump

La decisión de EE.UU. de imponer aranceles a la importación de acero y aluminio amenaza a la economía mundial y puede tener repercusiones drásticas para empresas y trabajadores

Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

DESDE que llegó a la Casa Blanca hace algo más de un año envuelto en la populista consigna de “America first” (América primero), el presidente norteamericano, Donald Trump, ha ido moldeando la política económica -y también en otras áreas- de EE.UU. hacia medidas proteccionistas que si bien han podido ser vistas con buenos ojos por parte de los sectores más conservadores y neoliberales del país, están generando seria preocupación y diversos problemas en la actividad económica mundial. Una de estas medidas, que era esperada desde hace tiempo, fue anunciada el pasado jueves por el propio Trump, que planteó abiertamente la imposición de una drástica subida de tasas a la importación de acero y aluminio en Estados Unidos. Este anuncio fue respondido de inmediato -como cabía esperar- por parte de gobiernos, patronales, instituciones y mercados de todo el mundo, ya que supone un riesgo cuyas consecuencias globales pueden ser catastróficas, tanto a niveles más locales como mundiales. El anuncio del presidente norteamericano ha sido entendido por toda la comunidad internacional como una declaración de guerra comercial a la que se intentará dar respuesta en cada ámbito. Otra cosa es que ese contraataque anunciado pueda ser efectivo. Trump cuenta para su propuesta con el apoyo explícito no solo de los sectores afectados de su país, sino con los republicanos y con muchos demócratas. De hecho, con su habitual estilo, Trump afirmó en Twitter que las guerras comerciales “son buenas y fáciles de ganar”, toda una declaración de intenciones. Sin embargo, en el resto del mundo se contempla como una amenaza de resultados imprevisibles que puede poner en peligro la recuperación económica tras la crisis así como miles de empleos. Y, en efecto, los resultados de esta guerra las pagarán sin duda las empresas y los trabajadores del sector, incluidos los de Euskadi. La preocupación es máxima en todo el mundo, desde la Unión Europea a China y Rusia. Por ello, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, advirtió de manera inmediata de que la UE “no se quedará de brazos cruzados” y dará una respuesta “adecuada” ante la amenaza de EE.UU. La guerra, por tanto, está declarada, aunque no parece que ello vaya a afectar a la decisión de Trump, siempre cómodo en el conflicto.

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