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Periodista en el Madrid de 1961

Sin grabadora, ni móviles, solo una libreta y un boli para asaltar a Ava Gardner, estamos en 1961 y nos vamos a un evento de prensa. No alucinen, es un viaje en el tiempo para tener un minuto de gloria en ‘Arde Madrid’

Un reportaje de Rosana Lakunza - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los medios que acudieron a la presentación de ‘Arde Madrid’ fueron caracterizados como periodistas de los 60 y aparecerán en uno de los capítulos. Foto: Jorge Fuembuena-Movistar+

Los medios que acudieron a la presentación de ‘Arde Madrid’ fueron caracterizados como periodistas de los 60 y aparecerán en uno de los capítulos. Foto: Jorge Fuembuena-Movistar+

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Los medios que acudieron a la presentación de ‘Arde Madrid’ fueron caracterizados como periodistas de los 60 y aparecerán en uno de los capítulos. Foto: Jorge Fuembuena-Movistar+

el viernes, nos levantamos en 2018, siglo XXI, y a media mañana estábamos en el XX, en 1961. La convocatoria de prensa de Movistar+ daba opción a un viaje muy particular y con un destino extravagante, Madrid en 1961. En resumen, convertir a los periodistas que íbamos a la grabación de Arde Madrid, en actores improvisados para cubrir una rueda de prensa, no, entonces no se llamaban así, mejor una comparecencia en la que Eva Gardner firma un contrato espectacular para rodar 55 días en Pekín, 500.000 dólares de la época por su trabajo. ¿Quién no ha querido un minuto de gloria en televisión? Vamos a por él, pero les aseguro que el proceso es un poco largo.

Estamos en Madrid, es 1961, y una diva, Ava Gardner, que ha escandalizado a la sociedad española atrapada en el franquismo va a firmar el contrato de una de las películas que, a día de hoy, es historia del cine. Para un efecto más publicitario se convoca a la prensa y allí vamos, no podemos perdernos un acontecimiento internacional en medio de una vida en blanco y negro tal y como imponía el régimen y tal y como va a ser la serie que dirige y protagoniza Paco León para Movistar+. En la secuencia que se grabó el viernes se ve cómo los medios informativos del momento están fascinados ante una de las mujeres del momento, una mujer que ha devorado Madrid y los corazones de actores y toreros, que no se para ante nada y que hace lo que le apetece;una mujer que nada tiene que ver con las que vivían en esa España de los 60.

Pero antes de llegar a este momento y para estar en consonancia con la época en la que voy a ejercer de periodista hay que verse las caras con los rulos, el cardado, el maquillaje y un vestuario que hace viajar la imaginación a los armarios del pasado. Evidentemente, las mujeres no llevaban en España pantalones y las barbas masculinas en aquella sociedad eran muy sospechosas. Pero ¿cómo nos hemos visto un grupo de periodistas atrapados por el tiempo? Pasen, miren y lean porque esto es Arde Madrid.

PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE Es la primera cita con el pasado. Sergio y Rosi, peluqueros del set de rodaje, examinan mi pelo, parece que está demasiado liso, plano, sin volumen;estamos en la era de las planchas de alisar y eso no era lo que se llevaba en la década de los 60. Empieza la sesión de rulos. “Tienes que acordarte que en aquella época tu madre, tu abuela o tus tías iban todas las semanas a la peluquería y les marcaban mucho el pelo para que durase”. Terminado el proceso de los rulos, comienza el maquillaje y en este sentido las diferencias no son tan grandes, más o menos como en la actualidad. Después del proceso rulos y tras un tiempo indeterminado para que se marcasen las ondas llegó el cardado, juro que nunca había sometido a mi pelo a tal experiencia. Que conste que con el peinado, mi altura se eleva unos centímetros.

Los periodistas masculinos lo tuvieron un poco más difícil con la imagen, no todos, solo aquellos que llevaban barba. Si querían estar en el pasado, tenían que renunciar a su look habitual y tuvieron que poner sus barbas a remojar. Si ahora están de moda, en los 60, un hombre que las llevara era un rebelde, algo no tolerable, se le tachaba de rojo y de otras muchas cosas que el régimen tenía incluidas en su catálogo de posibles fechorías punibles. Fue curioso ver cómo se transformaban los rostros después de un impecable afeitado total para algunos;para otros fue parcial y su magnífica barba se vio convertida en un bigote que encerraba toda la esencia masculina del franquismo.

OH, DIOS, VESTUARIO El espejo de la peluquería mostraba cómo transforma el cambio de peinado, pero faltaba algo más: el vestuario. Convertirte en una mujer de 1961 y mirarte en el espejo es como abrir el álbum olvidado de fotos familiares y ver a tu abuela, tu madre, tus tías y demás familia en los inicios de los 60.

A pesar del retorno al pasado, las prendas, algunas, no las que me tocaron a mí, tenían un pase en el presente. Entre las perchas de ropa femenina, los pantalones brillaban por su ausencia en el sentido más literal. Vestidos ceñidos a la cintura y con vuelo, vestidos sueltos, pichis, faldas, rebecas, jerséis ceñidos, abrigos, gabardinas… El de los chicos también era digno admiración, pero daban menos el cante.

Y todos vestidos y peinados como nuestros abuelos, padres y tíos en sus mejores tiempos nos dispusimos a ver cómo Ava Gadner firmaba el contrato para 55 días en Pekín. Eso sí, con las carcajadas de Paco León de fondo que estaba fascinado por la transformación de personas con las que trata habitualmente cuando presenta una película o una serie. “Estáis todos divinos, ellas sobre todo, preciosas”, mentía como un bellaco, muerto de la risa.

“PREVENIDOS Y GRABANDO”Ese minuto de gloria televisivo iba a ser mucho más largo de lo que todos preveíamos, al menos de lo que yo pensaba. A las 11.30 horas, todos estábamos inmersos en esa imagen de 1961. Nos dijeron qué posición íbamos a ocupar, qué teníamos que hacer y nos dieron una libreta, un boli y unas cámaras de fotos dignas de película o de serie, nunca mejor dicho.

Tras varios ensayos y varias grabaciones en las que ejercíamos nuestra profesión, pero con 57 años de diferencia, se dio por concluido el evento informativo en el que no había preguntas, algo que también ocurre hoy en día cuando Rajoy u otros políticos convocan una rueda de prensa, salvo que a ellos nadie les dice que están preciosos o divinos como le decíamos nosotros a Ava Gardner y tampoco les pedimos que miren a cámara, para eso ya tienen a sus particulares asesores de prensa que les indican lo que tienen que hacer, aunque a veces con muy poca fortuna.

A las 13.30 pasadas, y después de ver cómo había quedado la secuencia que va incluida en el séptimo capítulo de la serie, Paco León dio por finalizado nuestro viaje al 61 y pudimos volver a ser personajes del siglo XXI con las ropas que llevábamos a las nueve de la mañana. Fuera las medias de cristal y unos zapatos que en mi caso eran pequeños, parece que las mujeres de esa época no calzaban un 41.

Arde Madrid refleja una vida que está a la vuelta de la esquina, pero que, para muchos es muy lejana. Mientras Ava Gardner hacía y deshacía con su vida, y todo a su alrededor era lujo, glamour, libertad en sus relaciones personales y en la forma de llevar su vida sentimental, las mujeres españolas en 1961 estaban sometidas a las reglas férreas de moral que imponía el régimen de Franco… El peinado o la ropa, eran lo de menos, solo era moda;lo peor era esa libertad que al igual que los pantalones en la mujer brillaba por su ausencia.

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