Edurne Pasaban Primera mujer alpinista en coronar catorce ochomiles

“Por mucho que las mujeres conquistemos la luna, la desigualdad seguirá existiendo”

Edurne Pasaban, acompañada de su madre y de su padre, acudió ayer al homenaje en Gernika donde relató sus dificultades para superar el techo de cristal

Sandra Atutxa - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Edurne Pasaban posa ayer para DEIA junto al tronco del árbol viejo de Gernika. Foto: Juan Lazkano

Edurne Pasaban posa ayer para DEIA junto al tronco del árbol viejo de Gernika. Foto: Juan Lazkano

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Edurne Pasaban posa ayer para DEIA junto al tronco del árbol viejo de Gernika. Foto: Juan Lazkano

Bilbao- Más fuerte y valiente que nunca, Edurne Pasaban (Tolosa 1973) la primera mujer en la historia que coronó los catorce ochomiles se dedica hoy a varias actividades, algunas relacionadas con la montaña, que tanto le han dado a lo largo de su vida. Confiesa ser una mujer con carácter que desde hace diez meses afronta la vida desde otra perspectiva. Max, el niño de sus ojos, le ha hecho darse cuenta de muchas cosas. “Quería ser amatxu y lo he conseguido, ese ha sido mi quince ochomil y estoy feliz”, confiesa. Sin embargo, su cabeza no descansa. “Siempre quiero hacer cosas. No paro”, dice. Pasaban fue homenajeada ayer por la Asamblea de mujeres electas vascas en la Casa de Juntas de Gernika. Reconocieron su trayectoria y por ser ejemplo en superación y romper la desigualdad en la montaña.

¿Emocionada?

-Mucho y muy nerviosa, pero ha sido muy emocionante. Me ha impresionado estar rodeada de tantas mujeres tan valientes.

¿Qué pensó cuando le comunicaron que iba a ser homenajeada?

-Me puso contenta. Y pensé: ¡qué bien!, después de seis años, todavía se acuerdan de mí. Pero luego me entró vértigo. Me pilló fuera de juego.

¿En qué centra su vida ahora?

-En trabajar mucho, pero no es fácil.

¿Por qué?

-Cuando terminé de hacer los catorce ochomiles tuve que empezar de cero, reubicarme... Buscar el camino no está siendo fácil.

¿Cual es su ocupación actual?

-Profesionalmente me dedico a dar muchas conferencias, tengo mi propia agencia de viajes para la práctica de esquí, de senderismo... He sido madre hace diez meses, ha sido mi décimo quinto ochomil, la ilusión por lo que he peleado, mi gran logro.

Pero parece que le falta algo.

-Estoy en un momento que me vuelvo a preguntar: ¿Ahora qué? Tengo que cuidar de mi hijo, soy muy feliz, pero me falta algo, sí.

¿Sabe lo que es la paciencia?

-No, no sé lo que es. No soy paciente. Siempre estoy dando vueltas a las cosas, buscando retos nuevas. Mi cabeza no para nunca de dar vueltas.

Buff, parece agotador ser usted.

-No sabes cuánto.

Confiese ¿qué ronda en esa cabeza?

-Echo de menos el mundo de las expediciones. No descarto ir a una. Por lo menos me gustaría hacer una expedición al año. Aunque reconozco que me da mucho vértigo y estoy pensando en que Max cumpla año o año y medio.

Intuyo que la montaña le tira, le sigue llamando desde las alturas.

-Cantidad. Estoy todos los días pendiente de cómo le va a Txikon. No he perdido el contacto. Me llama mucho. Para mí es muy importante ir al Nepal y al Himalaya una vez al año. Eso es fundamental.

Debe buscar el equilibrio.

-Lo sé. Tengo que buscar el equilibrio entre la familia y la montaña.

¿Qué le ha dado ser la primera mujer en alcanzar las catorce montañas más altas del mundo?

-Lo mejor de los catorce ochomiles fue darme cuenta de que era un proyecto que daba sentido a mi vida. Cuando eres joven no es fácil encontrar el camino que te apasiona y yo lo hice en las expediciones.

“Una mujer líder atrae al principio a los hombres a su alrededor, pero después termina asustando”

Le ha tocado moverse en un mundo de hombres. ¿Ha sido difícil?

-Mucho. Al principio me sentía en el punto de mira de todos. Por el hecho de ser mujer nadie apuesta por ti.

Que ha sido más presionada ¿por los hombres o por las mujeres?

-Uf, las mujeres somos muy puñeteras... Me han presionado por las dos partes.

¿Se ha sentido respetada?

-Sí. En mi equipo me sentí respetada porque me han tratado como uno más. He estado en países muy complicados por su cultura, pero iba cómo líder de expedición.

¿No le satisface haber contribuido a romper esa desigualdad que existe en el mundo de la montaña?

-Sí, me reconforta, pero en mi caso, tengo mucho carácter y lo que he experimentado es que una mujer líder, gusta al principio, pero luego asusta a los hombres a su alrededor.

¿Pero eso sigue ocurriendo hoy?

-Por supuesto. Queremos cambiar el mundo, pero el mundo es así.

¿Queda mucho por hacer para romper el techo de cristal?

-Muchísimo. Tenemos asimilado una forma de ver el mundo, siempre desde un prisma masculino.

¿Es más fácil alcanzar el Everest que romper ese techo de cristal?

-Mucho más. Por mucho que las mujeres conquistemos la luna o Marte la desigualdad seguirá existiendo.

¿Le ha servido de terapia desnudar sus sentimientos?

-Sí. Ha sido necesario contarlo para poder aceptar lo que me estaba pasando. Para mí es muy importante ser honesta y no me da vergüenza haber contado que pasé una depresión y que sentí que me moría.

Una mujer que ha llegado al Everest parece invencible.

-Yo podía tener una imagen de mujer con éxito, cuando regresaba a casa me sentía sola, vacía... La gente no lo entendía, pero yo me sentía así, sin ganas de vivir, sin ilusiones, y eso me llevó a caer en una depresión muy grande en 2006. Aún recuerdo los domingos a la tarde, sola en el sofá...

Si volviera a nacer ¿haría todo lo que ha hecho hasta ahora?

-Sí, lo mismo. Porque he pasado momentos difíciles..., pero me dedicaría a lo mismo. Lo bueno es que no me arrepiento de nada.

¿Es la heroína de su vida?

-Yo creo que no lo consigues hasta que te mueres. Hay que pelear hasta el final. Sobre todo porque somos perfiles inconformistas.

¿Ha llorado más a 8.000 metros o a la altura de la tierra llana?

-En tierra, y sigo llorando.

¿Qué consejo le da a aquellas mujeres que no lo están pasando bien?

-Es tan difícil dar un consejo... (Se lo piensa). Que crean en ellas. A veces nos machacamos y pensamos que no somos capaces de hacerlo.

etiquetas: edurne pasaban

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