Historias de los vascos

José Arrue, ‘Pepe’: el poeta de jebos y chimbos

La faceta de José Arrue como dibujante, tanto en prensa como en tarjetas o publicidad, es la segunda entrega de la trilogía que la autora dedica al multidisciplinar artista bilbaino

Un reportaje de Amaia Mujika Goñi - Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Viñeta del periódico festivo y bilbaino ‘Klin Klón’ del 21 de mayo de 1911. Imagen: Biblioteca Foral de Bizkaia

Viñeta del periódico festivo y bilbaino ‘Klin Klón’ del 21 de mayo de 1911. Imagen: Biblioteca Foral de Bizkaia

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Viñeta del periódico festivo y bilbaino ‘Klin Klón’ del 21 de mayo de 1911. Imagen: Biblioteca Foral de BizkaiaBiografía de Juan Crisóstomo Arriaga y su libreto para la ópera ‘Los esclavos felices’ (1935).Tarjeta postal (Bilbao 1942). Imagen: Colección particularCartel publicitario de Coñac Faro. Imagen: Colección particularExlibris para la biblioteca de A. Guezala. Imagen: Familia GuezalaAnuario ilustrado ‘Vida Vasca’. Imagen: Euskal Museoa-Museo Vasco. Bilbao
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EL 5 de abril de 2017 se celebró el 40 aniversario del fallecimiento de José Arrue Valle (Bilbao 1885-Llodio 1977) un artista polifacético que, gracias a su habilidad para el dibujo se permitió experimentar además de con la pintura, con una gran variedad de prácticas y expresiones creativas, entre otras, el humor gráfico a menudo sazonada con la pluma, la ilustración, la publicidad y la cerámica. A su faceta de pintor, esbozada en esta misma serie el pasado diciembre, sumamos su contribución a las artes gráficas dejando para una tercera su aportación a las artes aplicadas. Tres artículos, tres facetas de un artista que, al igual que otros de su generación comprometidos con la sociedad, puso su oficio al servicio de las necesidades cotidianas de la comunidad.

José Arrue es un hombre de su época, cuya vida, como la de tantos otros, tiene un antes y un después de la guerra, pero es ante todo un sentido observador de su entorno. Su experiencia vital transcurre en los ámbitos rural y urbano en periodos alternos de su vida, lo que le permite conocer y participar de aquel en que se encuentra inmerso y, al tiempo, ser espectador del otro. A partir de esta conjunción, tanto de la realidad tradicional vizcaina como de la compleja y moderna sociedad urbana del Bilbao de su tiempo, responde a un tratamiento veraz y preciso;grave y sobrio cuando se trata de ritos y costumbres, crítico en la cuestión social, a pesar de que la clase obrera tenga escasa presencia física, y risueño y festivo al referirse al asueto y la diversión.

Paralelamente a esta producción de costumbrismo moderno, desarrolla una amplia y variada obra de humor gráfico, a menudo irónico, en el que, intercambiando los tipos y situaciones de la sociedad rural y urbana, trata con agudeza los problemas y asuntos cotidianos de unos y otros. Para ello erige en protagonistas a los “jebos y chimbos” de la época que, con una gestualidad e indumentaria perfectamente perfiladas y expresándose en un lenguaje paródico, mezcla del castellano mal hablado de los aldeanos y la jerga popular de la literatura costumbrista bilbaina, disertarán sobre política local y nacional, la guerra europea o los sucedidos que ocupaban la primera plana de los periódicos. Una crónica divertida de la realidad con dosis de crítica, reflejo, al tiempo, de su personalidad jocosa ante la vida y socialmente comprometida.

Humor gráficoA medida que la imagen se generaliza como herramienta informativa, Arrue será dibujante habitual en la prensa local, nacional y argentina, esta última dirigida a la importante colonia vasca en aquel país, en las que compagina su faceta de humorista gráfico con la de ilustrador. Una actividad supeditada a la corta existencia de los periódicos y revistas del primer tercio del siglo XX, así como a los vaivenes de la vida política. Su primera y más relevante incursión arranca en 1908, en el que un joven Arrue promueve, junto con su hermano Alberto, El Coitao. Mal llamao. Periódico artístico, literario y radical de Bilbao, en el que participan, unos más que otros, sus compañeros artistas y literatos de la rotonda del Gran Café Arriaga: Gustavo de Maeztu, coautor con ellos de la parte gráfica, Ángel Larroque, Nemesio Mogrovejo, Tomás Meabe, Ricardo Gutiérrez Abascal y un voluble Ramón Basterra, incorporando a instancias del propio Arrue las acreditadas plumas de Miguel de Unamuno, José Mª Salaverria y Estanislao María de Aguirre. Un periódico crítico-liberal y anticlerical que aguijoneó con afilada ironía el ambiente socio-intelectual de la Villa, en el que sus promotores no se sentían reconocidos ni representados. Tras el experimento fallido en el que Arrue además de artífice es autor de doce de los 37 dibujos publicados y, bajo seudónimo, de un artículo y dos sonetos, seguirá participando ya sólo en calidad de humorista gráfico o ilustrador, en las sucesivas iniciativas crítico-satíricas que surgen: Periódico festivo y netamente bilbaíno Klin Klón (1911), Semanario chirene de colaboración popular El Sinsorgo (1915) y la Revista anticaciquista y defensora de Villarcayo y su distrito de Burgos Amania (1916-17).

En la prensa diaria, sus chistes o viñetas con texto al pie, erigidos en crónica gráfica de la actualidad, ocuparán en 1918 la primera página del diario nacional independiente El Sol para de seguido pasar a la paginación interior como Notas del País Vasco o Caricaturas Vascas (1922-24), además de participar en la tira cómica Los Maestros de la Historieta(1924-1931). Con el cambio de propietario y línea editorial, se incorpora a las sucesivas aventuras periodísticas de su antiguo dueño, Crisol y Luz, en los que publicará más de noventa tiras humorísticas. A nivel local, sus viñetas aparecerán, de tarde en tarde, en primera plana de El Pueblo Vasco (1910-12), más continuadamente en El Liberal, durante su periodo de mayor tirada (1915-24), y desde su primer número en Tierra Vasca(1933), órgano de Acción Nacionalista Vasca, partido aconfesional, liberal y republicano del que Arrue era militante y desde el que abogó por el Estatuto al tiempo que ilustraba los folletones de José Olivares.

Las Primeras Escenas Caricaturescas o Humoradas de Pepe Arrue se publican en el almanaque bonaerense La Baskonia (1915), de gran prestigio entre la diáspora por el gran número de colaboraciones literarias y gráficas originarías del País Vasco. En 1928, las historietas de Pachi Gogorra, un vasco en tierras americanas, relatos en clave de humor que idea para el periódico La Razón de Buenos Aires, de resultas de la gira artística que junto con su hermano Ramiro realiza por Argentina y Uruguay. En vísperas de la guerra civil y destinado a un público infantil diseña para la revista Norte Glorias y Fracasos de Chindor y Pospoliña en el Imperio del Lago Risueño (1935-36) y el personaje Pedrochu para el tebeo El Pionero cuyo protagonista, un joven rubio doble del Tintín de Herge sin Milú, vive sus pequeñas aventuras en la ciudad asediada por las bombas y el racionamiento. La retaguardia es también el hilo conductor de la historieta para el semanario ilustrado Erridel Partido Comunista de Euzkadi, desde el que alentará a sus lectores con chanzas sobre las cartillas de racionamiento o el refugium pecatorum.

La ilustración Su actividad de ilustrador se inicia con las cabeceras de prensa, caso del Periódico muy bilbaino 2 de mayo de 1909 que ilumina con una vista decimonónica de la Plaza Vieja escoltada por auxiliares liberales. Y las realizadas para El Liberal, erigidas a partir de las bodas de plata del periódico en 1926 en un clásico de la Semana Grande bilbaina (1926-30). Para el anuario Vida Vasca, industria, comercio y costumbres del País Vasco y Navarra diseñará sus portadas, a todo color, desde su primer número en 1924 hasta 1957 con excepción del periodo comprendido entre 1934 y 1943, además de ilustrar las colaboraciones literarias interiores y las Páginas Humorísticas (1925-44). Su faceta de ilustrador de libros está vinculada a la exitosa literatura costumbrista de la época, cuyos autores conoce al ser el dibujante habitual de sus artículos por entregas. Es el caso de su amigo Félix Garci-Arcelus, polifacético artista y al que debemos la celebración de la Feria de Santo Tomás en Bilbao, para el que ilustró sus Cuentos de Klin-Klón (1911-18) y que Pepe, tal y como él le llamaba, resolvió creando una portada con la caricatura del propio Félix analizando con lupa una cazuela de barro llena de aldeanos en solaz movimiento.

Entre cuento y cuento realizó la cubierta para el zortziko con sabor a Pampa El roble y el ombú con letra y música del propio Klin-Klón. Entre 1919 y 1924 completa la parte gráfica de Cuadros Vascos y Estudios Novelescos de Manuel Aranaz Castellanos cuya acción se desarrolla en el Bilbao del primer cuarto del siglo XX denunciando las relaciones de poder, la corruptela política y la doble moral de la sociedad burguesa de la época. En la década de los treinta ilustrará el libro de José E. de Arriaga Ansonekoa en el que se relatan las hazañas del Handia vizcaino Juan B. de Artaza y la portada de Los Esclavos Felices diseñada con un grafismo esquemático y constructivista, a semejanza de algunos de sus dibujos del juego de la pelota de la misma década. Para el sistema educativo realiza, entre otros, las portadas de los libros de lectura Guipúzcoa (1930) de Bonifacio Arrabal y, en la postguerra, Juanchín (1940), originariamente Juantxin, y Nueva España (1942) de Alejandro Manzanares, cuyas cubiertas son reflejo de la evolución en las directrices emanadas por el Movimiento Nacional.

EphemeraLa producción de material gráfico de carácter efímero innova al editar la Casa Lux en 1913 la pintura de Arrue en tarjeta postal siendo la primera vez que la obra artística de un pintor contemporáneo se reproduce en un soporte tan común y asequible para todos los bolsillos. Un año después el pintor motivado por la guerra europea, realiza un tríptico de tarjetas, La Grande Course Internationalle, en el que, utilizando los tres tercios de la lidia: picadores, banderillas y espadas, dará su particular visión del conflicto. Ante el éxito del formato se suceden las ediciones: Asociación de Artistas Vascos, E. Verdes, Laborde y Labayen o J. Álvarez que reproduce además las tres pinturas que Arrue había hecho para decorar el restaurante Luciano de Barrencalle;tres vistas apaisadas del originario chacolí de Abando con su variopinta clientela de jebos y chimbos bajo el lema: ¡Comáis...! ¡Bebáis…! ¡Pa-guéis…! convertidos en la mejor tarjeta de visita del establecimiento. En el cartelismo se inicia con las Corridas Generales de Bilbao de 1909, 1910 y 1919 realizando en 1927 el cartel de La Gran Semana Vasca de San Sebastián y un año después el del II Certamen Industrial del Trabajo que resulta premiado, y un último y posiblemente más personal en apoyo del Estatuto en 1933. De los destinados a publicidad mencionar el elaborado al alimón con Klin Klón para la fachada del comercio de licores Abaitua Hnos. y los de Bodegas Bilbaínas Champán Lumen y Coñac Faro, para los que su jebo beodo resultaba muy apropiado. La publicidad será en la postguerra su medio de vida generando una amplia y variada producción en anuncios impresos (Ascarreta, Fidelia y Lapize);calendarios Caja de Ahorros Vizcaína, F. de Barañano (1943), Arcadio D. de Corcuera (1944-67) o Muñuzuri, Lefranc y Ripolín (1950-69);cajas de chapa litografiada para la Bombonería Asún… que compaginará con los trabajos de ilustración de cromos, postales y cuentos infantiles para la editorial Fher. Una producción considerada en muchos casos de rango menor pero que tiene, en cambio, para la generación que creció con ella un gran atractivo sentimental. Termina aquí este itinerario por la obra gráfica de José Arrue, paralelo al curso de las artes gráficas en Bizkaia entre 1900 y la Guerra Civil, escueto e incompleto, pero en gran medida revelador de la simbiosis existente entre autor y obra recíprocamente forjados en el tiempo que les tocó vivir. El Arrue comprometido social y políticamente es también un artista discreto al que no hubiera sido posible aproximarse sin acudir a las fuentes, hoy consultables gracias a la diligencia de trabajadores anónimos situados detrás de las pantallas. Igual de anónimos que la pareja de niños, no protagonistas, pero siempre presentes en su obra. Ellos, son sin quererlo, el hilo conductor de su trabajo, los mismos que, ya adultos y con nombre, lo son de este.

la autora

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