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Todo se complica mucho más

Catalunya cortocircuita la capacidad del Gobierno, acosado en la calle y sin Presupuestos, por la vigencia del 155

Juan Mari Gastaca - Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

columnista juan mari gastaca

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El Gobierno Rajoy se desangra. Y su capacidad para taponar la hemorragia, cada día más

limitada. Condicionado por el enredo institucional de Catalunya que le impide levantar la

aplicación del 155 para despejar de inmediato el camino de los Presupuestos, acosado en la

calle por la cada vez más airada respuesta mayoritaria de decenas de miles de pensionistas, y aislado por el oportunista discurso de Ciudadanos y los escándalos de su corrupción, coge aire la idea de que solo hay espacio para un golpe en la mesa. Las costuras del PP se deshilan por momentos en medio de su progresiva desazón, un alicaído estado anímico al que contribuyen mensajes de tan honda indignación como los de la ministra Fátima Báñez. Cuando la opinión generalizada es incapaz de poner en valor datos como la última bajada del paro y el significativo crecimiento de afiliados a la Seguridad

Social para detenerse en el último capítulo del procés (II) desde Bruselas, la credibilidad de quien gobierna en Moncloa se acaba de desplomar. Carles Puigdemont se quedó corto cuando aquella noche afirmó distendido y con certero diagnóstico que España empezaba a tener “un problema de cojones” tras los resultados del 21-D. Olvidó que a Catalunya le ocurriría lo mismo, aunque posiblemente se lo imaginara.

Mientras se suceden los hilarantes memes sobre el expresident que erosionan el prestigio de una institución y posiblemente de todo un territorio, el independentismo sigue buscándose a sí mismo por caminos tortuosos. En ausencia de un mínimo debate programático que vaya más allá del control de TV3 como joya de la corona todo parece reducido a tensar la cuerda de un Estado cada vez más imperturbable. No es descartable que solo y en el sofá de su casa, el juez Llarena haya esbozado un cierto rictus de perplejidad al escuchar cómo Puigdemont proponía de hereu al encarcelado Jordi Sànchez mientras se echaba provisionalmente a un lado. Más madera,

Semejante propuesta está abocado al fracaso por imperativo judicial y posiblemente parlamentario porque quienes la jalean saben incluso que molesta al resto de fuerzas soberanistas. El desprecio -uno más, por cierto- infligido a Oriol Junqueras y el rechazo de la CUP alarga la manifiesta incapacidad para el acuerdo de la mayoría, demasiado condicionada por la amenaza inexorable de la Justicia.

Emponzoñado el conflicto catalán, Rajoy se desespera. Bajo semejante inestabilidad, el artículo 155 tiene renovada su vigencia y así se corticircuita toda capacidad de negociación para sacar adelante los Presupuestos. Más allá de los interesados cantos de sirena, el PP sabe que en el actual contexto catalán el PNV nunca le cogerá el teléfono. El riesgo de una bofetada parlamentaria está ahí porque Ciudadanos con la ola a favor va a vender más caro que nunca su apoyo, si los sondeos le aconsejen darlo. Por esa rendija querrá colar el PSOE su demanda de elecciones porque entiende que es la única fórmula de revertir la actual parálisis. Pero unos comicios son palabras mayores cuando en el horizonte se vislumbra ya la batalla de las locales y europeas. El PP huye como del agua hirviendo de semejante hipótesis justo cuando transita por uno de los momentos de mayor rechazo siquiera mediático. Ahora, a gobierno y oposición, solo les obsesiona el clamor de los pensionistas. Una contundente reivindicación se ha metido por los ojos en todas las cocinas. Este clamor ha calado porque se valora la ausencia de siglas en la toma de las calles. El calado de este desafío desclasado y trasversal puede debilitar al Gobierno mucho más que los efectos perniciosos de la corrupción. Ese miedo al desafecto de un votante cautivo ha prendido con fuerza en cada rincón del PP porque el desacierto del mensaje arrogante del 0,25% aúna fundamento para provocar consecuencias irreparables. El riesgo de sorpasso en la derecha que esboza el sondeo en Andalucía recorre la espina dorsal en Génova. Todo un caramelo para la oposición salvo que les queme su empeño por subidas imposibles de cumplir. Una complicación más.

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