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A vueltas con el euskera, otra vez

Por Mikel Arana - Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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comparecíaesta semana Bingen Zupiria, consejero de Cultura y Política lingüística del Gobierno vasco, para ofrecer datos en relación con los perfiles lingüísticos en la administración vasca y afirmaba que el número de funcionarios bilingües (a este respecto señalar que los títulos de idiomas son como el carné de conducir, tener el carné no garantiza que sepas conducir, de la misma manera que conseguir el EGA no te convierte en bilingüe) ha pasado del 23,9% al 71%, si bien más de la mitad de las plazas de funcionario en Euskadi no tienen exigencias de euskera.

Añadía el consejero que el conocimiento del euskera a la hora de acceder a un puesto público, como máximo, “puede suponer el 10% de la puntuación total cuando se trata de puestos con perfiles B1 y B2, mientras que para C1 y C2 puede suponer, como máximo el 20%”.

Pues bien, como a pesar de todo ello, las quejas de Ciudadanos y el PP en relación con el euskera siguen siendo irritantemente constantes, cabe contraponer a estos datos de Bingen Zupiria uno solo: el 100% del funcionariado vasco ha de ser capaz de manejarse en castellano para acceder a una plaza pública de la administración vasca.

Esta circunstancia, que parece de Perogrullo para ciudadanos de nacionalidad española -no hay español que no sepa castellano, dirán-, no lo es tanto si atendemos a las bases de la última OPE de Osakidetza, esa tan discutida por el PP de Euskadi que, en su art. 6.2, afirma que para “optar a los destinos convocados por el procedimiento de concurso-oposición será necesario: a) Tener la nacionalidad de alguno de los Estados miembros de la Unión Europea o del Espacio Económico Europeo (…)”. Es decir, y siguiendo el archiconocido argumento del PP, que si el mejor médico de Alemania quiere aspirar a formar parte de Osakidetza, pero no habla castellano (ni por supuesto, euskera), no podrá hacerlo. Y no porque las bases no se lo permitan, no porque no hable euskera correctamente, sino porque al no hablar castellano no entenderá ni las bases de la convocatoria.

Como dirían los parlamentarios del PP o los voceros de Ciudadanos, ¿qué clase de OPE es esa en la que se antepone el conocimiento del idioma oficial a los conocimientos médicos?

¡Demagogia!, gritarán desde la trinchera nacionalista española quienes exigen una y otra vez la eliminación de los perfiles de euskera en favor del conocimiento técnico exclusivamente, pero un servidor fue operado hace un mes en el hospital de Cruces y por diferentes circunstancias no cruzó palabra con su cirujano hasta después de la intervención, así pues, ¿qué necesidad de hablar castellano para operar?

A mayor abundamiento, cabe señalar que existen muchos puestos en la administración española que requieren conocimientos de nivel C-1 (el equivalente al EGA, vaya), pero de inglés, y ahí no he oído nunca queja alguna ni del Partido Popular ni de los ultraliberales naranjas, a los que, seguro, la exigencia del conocimiento del inglés unido al del castellano, no solo no les parece discriminatoria, sino que será señal de que se sale del aislamiento internacional, que ya se sabe que los nacionalistas son muy de quedarse en el baserri o la masía.

Queda demostrado pues, que el ataque al euskera, dibujándolo como un muro que impide el acceso de los españoles de bien a la administración pública, no es un argumento de corte laboral, sino ideológico, por lo que, si en lugar de marcarnos como reto que en los próximos 10 o 15 años el 100% del funcionariado sea realmente capaz de utilizar indistintamente el euskera y el castellano, nos dedicamos, por la presión de unos y otras, a revisar perfiles lingüísticos a la baja, habrá que afirmar que nos están ganando, también, esta batalla.

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