Tribuna abierta

Aquella tarde con Martin Schulz

Por Gorka Knörr - Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

ME había mandado un mensaje a través de un funcionario de nuestro grupo en el Parlamento Europeo. Quería verme en su despacho. Lógicamente, no tenía ni la menor idea de cuál sería el interés de una persona tan importante e influyente en el Parlamento Europeo, siendo yo como era un humilde diputado del Grupo Verdes/ALE y no coincidiendo con él en ninguna Comisión del Parlamento.

Fue directo al grano (hablando en francés, lengua que domina): “Señor Knörr, he sido invitado a la campaña electoral del País Vasco, para participar en un mitin en la localidad de Ermua, y quiero que sepa por mí mismo que no voy a ir”. Es de entender que me quedara parado. En seguida le pregunté por qué. “Mire usted, yo les conozco a ustedes, los nacionalistas vascos, y estoy en completo desacuerdo con lo que dicen de ustedes;compartí amistad con exiliados vascos cuando yo estudiaba en Burdeos y sé perfectamente cómo son ustedes y de su compromiso con los valores democráticos. No puedo prestarme a equívocos cuando se está diciendo lo que se dice de ustedes”.

Aquella persona, aquel reconocido diputado, no era otro que Martin Schulz, por aquel entonces presidente de los socialdemócratas alemanes y portavoz del grupo socialista en el Parlamento Europeo.

Y ahora que Schulz ha decidido retirarse y abandonar la política, he querido recuperar un episodio personal de hace 17 años, una vivencia que hasta ahora siempre había comentado en restringidos círculos personales. La entrevista se celebró en el despacho de Martin Schulz en el Parlamento Europeo, si la memoria no me falla, el 25 de abril del 2001. Precisamente dos días después, el 27 de abril, comenzaba la campaña electoral en Euskadi, donde Mayor Oreja (PP) y Nicolás Redondo (PSOE) contaban con aunar fuerzas para echar del gobierno al lehendakari Juan José Ibarretxe. Yo era, a la sazón, el número dos por Gipuzkoa, tras Joseba Egibar.

Una campaña espeluznante Efectivamente, aquel mitin de apertura de la campaña vasca tuvo lugar en Ermua, bajo el lema Contra el fascismo, por la libertad. Eran tiempos en que todo valía contra PNV y EA, en que se mezclaba a nuestros partidos y a asociaciones vascas de toda índole con el terrorismo y se decían sobre nosotros cosas espeluznantes en sedes como el propio Parlamento Europeo, donde la plataforma Basta Ya intentó -afortunadamente, sin conseguirlo- mezclarnos con las ideas totalitarias e involucrar a presidentes de diversos grupos parlamentarios, entre ellos el socialdemócrata de Schulz, en una condena específica a PNV y EA.

No voy a entrar en más detalles de aquella etapa en la que tuvimos que soportar violentísimos ataques de significados -no todos- miembros del PP español, secundados por algunos socialistas. Considero de más valor la defensa que de mí llevaron a cabo algunos socialistas catalanes frente al acoso y el insulto de que fui objeto, por ejemplo, en la manifestación que se celebró en Bruselas al día siguiente del asesinato de Ernest Llluch. Paradojas de la historia: agredido e insultado yo, amigo personal de Ernest, por unos bellacos de la política que no le habían tratado personalmente nunca.

Martin Schulz, quien tuviera ese gesto con los nacionalistas vascos, presidente del SPD alemán que fue candidato a canciller de la República Federal de Alemania en las últimas elecciones, ha anunciado ahora su renuncia en el SPD y su retirada de la política, a pesar de ser todavía un hombre joven (acaba de cumplir los 62), del que cabía esperar años fructíferos tanto al frente del SPD como de aquí a unos años, porqué no, al frente de la RFA. Pero los malos resultados en las últimas elecciones al Parlamento federal, la fragmentación política -siempre saludable, pero ahora teñida de justificados temores tras el ascenso de la extrema derecha-, y la necesidad de reeditar una Gran Coalición con los conservadores de Angela Merkel han precipitado su salida de la política. Ha querido ofrecer a su partido su renuncia para que el relevo lo tome, probablemente, una mujer, Andrea Nahles, quien ha sido desde 2013 ministra de Asuntos Sociales en el gobierno federal alemán.

Lamento mucho la renuncia de Schulz, un hombre íntegro, gran trabajador, de larga trayectoria europeísta forjada en sus propias convicciones y en el largo periplo de 23 años en el Parlamento Europeo, del cual fue presidente entre 2012 y 2017. Como presidente del Parlamento Europeo no dejó de fijar siempre la posición de defensa de esa institución frente al degradante proceso de abandono de los equilibrios entre el Consejo Europeo, la Comisión y el Parlamento (la única institución de ámbito europeo que eligen directamente los ciudadanos de la UE) y el consiguiente abandono del “método comunitario”. Admiré sus apasionados discursos en el Parlamento Europeo, donde era jefe de la delegación socialdemócrata alemana y portavoz del Grupo Socialista. Fue entre 1999 y 2001, cuando representé en aquella cámara a EA y ERC. Años después, tuve la ocasión de volverlo a saludar en Barcelona, donde en una conferencia abogó por la recuperación del método comunitario en la toma de decisiones y denunció las graves carencias de la construcción de la UE, lastrada por el predominio del eje franco-alemán Sarkozy-Merkel, trasladado a las reuniones del Consejo de Jefes de Estado, con un progresivo relegamiento del Parlamento Europeo y la supeditación a las directrices franco-alemanas y de las Conferencias Intergubernamentales.

“A democratic mandate” Ese gesto de Martin Schulz no lo he hecho público hasta ahora, como tampoco se hacen públicas muchas conversaciones que tienen relación con temas políticos de cierta importancia. Contra lo que dicen los voceros del gobierno español y sus socios del 155, los políticos catalanes nunca dijeron -si, por el contrario, lo esperaban-, que tendrían el respaldo internacional si declaraban la independencia. En los contactos que mantuvieron con diferentes líderes e instancias diplomáticas siempre les repetían: “You will need a democratic mandate” (necesitarán ustedes un mandato democrático). Por eso trataron hasta 18 veces por diferentes vías de conseguir un acuerdo para celebrar un referéndum en Catalunya y, al no conseguirlo, llegaron al referendum del 1 de octubre por la vía unilateral. Las instituciones de la UE condenaron la violencia contra la población, pero respaldaron al Gobierno español (según Juncker, porque hay que respetar la Constitución y por el efecto contagio con otras regiones europeas). Pero eso no quiere decir que el proceso catalán no se siga con interés y que privadamente no se hayan producido serios contactos y manifestaciones de simpatía. Yo mismo he escuchado afirmar a diplomáticos europeos de altura que “es increíble que el gobierno español no dé una respuesta política a este problema”. Discurso privado versus posicionamientos públicos. Nada nuevo bajo el sol. La dura realidad de la geopolítica. Sin ir más lejos, los demócratas vascos, que colaboramos con los aliados contra Franco, fuimos abandonados después y condenados, por consiguiente, a vivir la larga noche franquista.

Martin Schulz abandona la política. Tendrá mi respeto siempre. Y también el de los que, sufriendo los injustos ataques del PPSOE de los tiempos de Aznar, fuimos objeto, por su parte, de un gesto de amistad y comprensión, bien que fuera en privado. Siempre me dejó claro que él era partidario del federalismo, pero en ningún caso de la independencia. Pero nos conocía y respetaba. Como nosotros le respetamos a él.

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