Editorial

Ertzaintza, principios y fines

En la realidad de la Policía vasca se debe incluir toda preocupación de mejora, por ser legítima y necesaria, pero no su interpretación en virtud de intereses ajenos a la misma, sean sindicales o políticos

Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

EN la polémica generada en torno a la Ertzaintza a raíz del fallecimiento del agente Inocencio Alonso el pasado 22 de febrero y de la protesta convocada este último jueves por sindicatos de la Policía vasca -ErNE, ELA y SIPE- cabe diferenciar entre la realidad de la Ertzaintza, en la que se debe incluir cualquier interés o preocupación por su adecuación y mejora por ser tan legítimos como necesarios, y la interpretación de esa realidad cuando llega incluso a la tergiversación de los hechos debido a determinados intereses ajenos a la misma, sean estos de representación sindical o de representación política. Más allá de la legitimidad de la reivindicación laboral, las formas exhibidas en la protesta sindical son todo menos las exigibles a un colectivo dedicado a la salvaguarda de la convivencia y la seguridad ciudadanas. No ya porque extremaran la actitud frente a políticos y miembros del Gobierno o porque ellos mismos no hubieran permitido un comportamiento similar a otros colectivos, sino porque al incumplir las normas que rigen las formas de concentración y protesta se desautorizan como profesionales ante la sociedad y desacreditan a la propia Ertzaintza. Y, en ese sentido, las declaraciones del secretario general de ErNE, Roberto Seijo, advirtiendo de un masivo absentismo laboral apoyado en bajas médicas es de una absoluta irresponsabilidad que exige una total rectificación o su inmediata renuncia toda vez que la realización de esa amenaza antepondría su conveniencia sindical a la de la seguridad de la sociedad y su mero planteamiento afecta a la consideración social tanto de los ertzainas como de los profesionales de la salud que les atienden. En otro nivel pero del mismo modo, la intervención ayer de la parlamentaria del PP, Nerea Llanos, careció asimismo del reparo exigible a un representante político para evitar mezclar y confundir hechos lamentables o hasta luctuosos sin relación entre sí con el único fin de acentuar su política de oposición. Que la Ertzaintza, como servicio público, es susceptible de mejora es una obviedad, como lo es que en ella deben esforzarse sus responsables políticos y profesionales, también la representación sindical;pero ese interés general de mejora tiene cauces previstos, como la mesa paritaria sobre condiciones laborales o el Consejo de la Ertzaintza, y es radicalmente opuesto a los fines de quienes utilizan como argumento la imprecación y la algarada.

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