MAÑANA se celebran comicios generales

El laberinto italiano por la complejidad de su sistema político electoral

La incertidumbre electoral que vive Italia viene de la mano de la complejidad del sistema político electoral y, sobre todo, del complejo y vasto panorama político saturado de partidos, coaliciones, ideologías de todo tipo y movimientos

Un reportaje de Jon Artabe - Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, seca la frente del Matteo Salvini, candidato de la Liga Norte, durante una rueda de prensa conjunta de los dos partidos de centro-derecha.

El líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, seca la frente del Matteo Salvini, candidato de la Liga Norte, durante una rueda de prensa conjunta de los dos partidos de centro-derecha. (Foto: Angelo Carconi/Efe)

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El líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, seca la frente del Matteo Salvini, candidato de la Liga Norte, durante una rueda de prensa conjunta de los dos partidos de centro-derecha.

MAÑANA se celebran unas elecciones generales en Italia que no solo marcarán el devenir del país transalpino durante los próximos años, sino que también pueden influir enormemente en el futuro de una Unión Europea cada vez más cuestionada desde distintos espacios políticos de los países miembro, especialmente desde el Brexit.

Estas elecciones vienen marcadas por la ya tradicional incertidumbre que caracteriza el panorama político italiano, por una parte debido a la complejidad del propio sistema político electoral y, sobre todo, por el complejo y vasto panorama político saturado de partidos, coaliciones, ideologías de todo tipo y movimientos que dificultan las alianzas y el funcionamiento parlamentario. Por ello, realizar una predicción de los resultados es muy difícil, pero mucho más pronosticar lo que ocurrirá a partir del lunes.

En un principio, parece que serán tres los protagonistas principales de la contienda. Por un lado, la coalición con la que Silvio Berlusconi vuelve a la primera plana, aunque él no pueda ser investido presidente por estar inhabilitado por fraude fiscal. En esta coalición, junto al partido de Berlusconi, Forza Italia, se encuentra la renacida Liga Norte de Matteo Salvini, que ha pasado de ser un partido que reivindicaba la independencia de la zona norte de Italia a ser un partido nacional euroescéptico y calcado en su ideología al Frente Nacional de Marine Le Pen. Por último, la coalición se completa con Fratelli d’Italia, partido fundado en 2012 y que aspira a ocupar el lugar que en el pasado tenía Alianza Nacional, el partido posfascista de Gianfranco Fini. Se trata de una coalición heterogénea que difiere en su ideología y cultura política, más allá de su común oposición a la izquierda.

Ante esta coalición, son dos los principales actores que se oponen. Por un lado, el Partido Democrático liderado por Matteo Renzi, anterior presidente del Gobierno que dimitió a finales de 2016 debido al fracaso de su referéndum para cambiar el sistema electoral y parlamentario italiano. Renzi tiene un control férreo sobre el PD tras volver a ganar las primarias tras el referéndum, pero no ha podido evitar una escisión de críticos con su liderazgo. Por otro lado, el movimiento Cinco Estrellas, fenómeno de populismo puro, fundado por el cómico Beppe Grillo, y que ha terminado con la competición bipolar entre una coalición de izquierda y otra de derecha que ha dominado la vida política italiana desde 1994. Las encuestas señalan al M5S como el partido más votado, aunque la colación de Berlusconi se presenta como el ganador de las elecciones. Como vemos, nos encontramos ante un escenario complejo de entender y predecir. Quizás saber cómo se llegó a esta situación y cuáles son las características de los distintos actores nos ayuden a entender el complejo panorama político italiano. Para ello es necesario hacer un recorrido histórico sobre la convulsa historia política italiana de las últimas décadas.

Lo que caracterizó al sistema político italiano desde la posguerra fue la pugna entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista italiano, el más poderoso de Occidente. Este sistema funcionó hasta el periodo de 1992-1994, en el que las investigaciones de la magistratura italiana provocaron la desaparición de los partidos tradicionales que gobernaron Italia desde la posguerra. La principal operación, la denominada Manos Limpias, comenzó investigando un caso de corrupción del Partido Socialista Italiano, pero este solo sería la punta del iceberg que llevó a descubrir toda una red de financiación ilegal de los grandes partidos italianos. Fue la época de Tangentópolis, o “estado del soborno”, que llevó a la imputación, hasta el año 2000, de 2.565 políticos italianos.

Los escándalos de Tangentópolis marcaron la implosión del bipartidismo italiano. En las elecciones posteriores, tanto a nivel municipal como regional, los partidos tradicionales perdieron la mitad del electorado, certificando su defunción. Surgió entonces un sentimiento antipolítico en la ciudadanía que Berlusconi supo canalizar a través de Forza Italia, caracterizado por una impronta personalista, con un discurso basado en la crítica a los políticos profesionales, y que logró gobernar en Italia en repetidas ocasiones.

caudillismoPero el discurso personalista y populista no solo fue la característica del partido de Berlusconi. La Liga Norte, el otro miembro de la coalición actual de Berlusconi, comenzó su andadura marcado por su líder, Umberto Bossi, quien aglutinó a distintos partidos independentistas del norte de Italia en un solo partido. Su aproximación a Berlusconi, formando gobierno con él, hizo que la formación cambiase el discurso independentista de cuando estaba en la oposición por una retórica federalista una vez en el gobierno. Sin embargo, desde 2013 la Liga ha renunciado a cualquier anhelo independentista para seguir el modelo del Frente Nacional de Marine Le Pen apoyándose en un discurso xenófobo y euroescéptico, aspirando a representar a todos los italianos. Su metamorfosis, liderada por su nuevo secretario, Matteo Salvini, les ha permitido a los liguistas rivalizar con Forza Italia por la hegemonía en la derecha y condicionar la agenda política de Berlusconi. Por el contrario, Fratelli d’Italia seguirá como el partido menos importante de la coalición. Como ha señalado el profesor Jorge del Palacio, a pesar de que las encuestas apuntan a una victoria de la coalición de la derecha la disparidad de los programas de sus partidos, sobre todo en lo que se refiere a Europa, donde Fratelli d’Italia y la Lega aparecen como genuinamente euroescépticos frente a la pertenencia de Forza Italia al PPE, no augura un gran futuro en el gobierno a esta coalición.

El segundo actor, el Partido Democrático, es el último intento de la izquierda italiana por terminar con su histórico fraccionamiento y crear un partido con vocación mayoritaria. El Partido Democrático unió en 2007 a los cristiano-demócratas de izquierda y a los excomunistas del PCI, logrando un centro-izquierda italiano capaz de rivalizar con las coaliciones lideradas por Berlusconi. Renzi, su principal figura, llegó a la dirección del partido en 2013 introduciendo el personalismo y la antipolítica en la cultura política de la izquierda italiana. Convertido en el presidente italiano más joven, siempre ha sido duramente criticado por la izquierda italiana, que tilda su política más de liberal y cercana al modelo de la Tercera vía de Tony Blair que, según la izquierda más radical, significó la claudicación de la socialdemocracia europea a las políticas liberales. Su trayectoria ascendente se vio cortada por la pérdida del referéndum para la reforma constitucional del 4 de diciembre de 2016. Las críticas referidas a la deriva centrista de Renzi, junto también a las críticas a su personalismo dentro del partido, han empujado a figuras históricas de la socialdemocracia italiana como D’Alema a la creación de un nuevo partido, Libres e Iguales, que según los analistas podría robar un 10% del electorado al Partido Democrático.

Por último, el otro gran actor de esta compleja lucha electoral será el Movimiento Cinco Estrellas del cómico italiano Beppe Grillo. Este movimiento (no les gusta hablar de partido), encarna la antipolítica italiana y el populismo más puro, surgiendo explícitamente como respuesta a la degeneración de la clase política y el sistema político italiano. Para ellos, está prohibida la alianza con cualquier partido, e incluso niegan la participación de cualquier persona que haya militado o haya sido candidato de otro partido.

euroescepticismoAdemás, son también euroescépticos, e identifican la Unión Europea como otra estructura política obsoleta que no sirve más que para reproducir una casta (término en su sentido político que también surge en Italia) de políticos profesionales, completamente alejados de la realidad ciudadana. El no considerarse ni de izquierda ni de derecha ha hecho que su mensaje llegue a todos los ámbitos de la ciudadanía, siendo el partido que más ha aumentado su base electoral en los últimos años. Pero también tiene sus sombras, como las críticas a su mayor logro, la obtención de la alcaldía de Roma por parte de Virginia Raggi, que está siendo fuertemente cuestionada por su deficiente gestión municipal. A pesar de todo esto, se cree que sea la formación en solitario más votada mañana.

Por tanto, nos encontramos con un panorama de incertidumbre, que aumenta debido a las leyes electorales italianas, que permiten que los partidos que van en coalición utilicen individualmente sus votos para formar otras coaliciones después de las elecciones. Esto podría suponer una alianza Berlusconi-Renzi, que podría acabar dinamitando la izquierda italiana, o la más peligrosa según muchos analistas, la del Movimiento 5 Estrellas con la Liga Norte, que supondría la victoria de dos partidos euroescépticos en Italia, lo que podría ser un terremoto para una Unión Europea acosada por los populismos europeos que quieren hacerla salta por los aires. Por tanto, lo que ocurra en Italia salpicará a toda Europa en los próximos meses.

Lo que es seguro es que será difícil encontrar un camino sencillo en el laberinto italiano que se abrirá a partir del lunes, en el que unas nuevas elecciones tampoco suenan a algo imposible. Lo que está claro es que la inestabilidad política italiana nos abre los ojos ante una situación que puede darse no sólo en Italia, sino en nuestro entorno, una vez que el bipartidismo desaparezca (si es que lo hace). Además, nos puede dar idea de lo que puede dar de sí el populismo en el continente europeo, viendo su ascenso en casi todos los estados europeos. Por tanto, estemos atentos a Italia los próximos meses y veamos si la política (o antipolítica) italiana es capaz de encontrar la salida al laberinto italiano.

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