La Itzulia quiere ser “más emocionante”

La carrera vasca introduce la crono en la cuarta etapa, descubre Sollube por Almike y se decanta por las bonificaciones para decidir la prueba en la subida a Arrate

César Ortuzar - Sábado, 3 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Julián Eraso, presidente de la organización de la Itzulia, compartió la presentación con Roberto Laiseka, Pedro Horrillo y Aitor Galdos, entre otros.

Julián Eraso, presidente de la organización de la Itzulia, compartió la presentación con Roberto Laiseka, Pedro Horrillo y Aitor Galdos, entre otros.

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Julián Eraso, presidente de la organización de la Itzulia, compartió la presentación con Roberto Laiseka, Pedro Horrillo y Aitor Galdos, entre otros.

eibar- El grito de Alejandro Valverde, el victorioso alarido que tronó en la calle Isasi, besó el Astelena. Sonó su triunfo en la Itzulia como un sotamano en el centenario frontón. Fue un golpe seco, tremendo, tras una contrarreloj que le validó el aurresku de honor frente al Ayuntamiento de Eibar, que izó la bandera de la república y ayer alzó el telón de la Itzulia, que estrenó logo y nombre. Probablemente alguien gritará de alegría el 7 de abril, cuando concluya la carrera que arrancará el día 2 en Zarautz y se rematará en Eibar. En la corona de la ciudad armera, que giró el manillar del destino hacia la construcción de bicicletas con los mismo tubos que encañonaban la guerra, se decidirá la prueba. Será en el santuario de Arrate, lugar para el peregrinaje de la afición ciclista, donde se resuelva el sudoku de una cita con dientes de tiburón, afilado el perfil, que descubrirá la ascensión a Sollube por las explosivas rampas de Almike y recupera Azurki, además de revirar por la ratonera de Elkano. “Buscamos recovecos para dar emoción. Tenemos que inventar cosas”, expuso Julián Eraso, presidente de la organización de la Itzulia. “Cada vez se utilizaba más la expresión Itzulia para referirse a la carrera, así que ese será su nombre. Se apellidará Basque Country para localizarla internacionalmente”.

Para alcanzar el altar de la Itzulia, los organizadores de la gran cita del ciclismo vasco, han adelantado el reloj. “La carrera solía ir muy controlada hasta el último día, y con esta decisión queremos que haya más competitividad”, expuso Eraso. La contrarreloj, siempre determinante en el último día, cuando no existe margen de error, se ha adelantado a la cuarta etapa de las seis que componen la Itzulia, que también contará con bonificaciones, tanto en meta (6, 3 y 1 segundo) como en los sprints especiales (3, 2 y 1). Picante para la Itzulia. “Con las bonificaciones queremos dar vida a la carrera”. Será la crono de Lodosa, “absolutamente plana”, la que agitará la carrera y la que servirá de filtro, pero, probablemente no otorgue el veredicto inapelable del vencedor porque los escaladores podrán revolverse en la jornada definitiva, donde acceder al cielo supondrá reptar el infierno de Matsaria, la cuesta que tuerce voluntades y arruga los cuerpos. El cambio de disposición de la crono le otorga otro matiz a la Itzulia, que era un relato con un epílogo siempre similar. “Buscamos la novedad y dar un vuelco a la carrera, hacer una nueva Itzulia”. El orden de los factores, piensan en la organización, altera el producto que busca mayor atractivo. La cita corría peligro de estancarse en un modelo que aglutinaba el picante en la crono final.

Sin la tenaza de las manecillas fijando la hoja de ruta en el ocaso, -“que hacia que los equipos controlaran y dejaran la carrera para que la disputaran sus líderes en la crono decisiva”, apuntó Eraso, -la Itzulia prevé recuperar nervio, ganar en emoción y no penalizar tanto a los escaladores, con tendencia al sarpullido cuando tienen que enroscarse a las bicicletas contrarreloj. Con terreno por delante se abren las opciones para un puñado de corredores que veían tapiados sus esfuerzos por el muro final de la crono, absolutamente determinante como cierre de carrera. Zarautz será el punto de partida y también de la segunda etapa, donde se podrían marcar las primeras diferencias. Antes de llegar a Bermeo, el pelotón deberá encarar la mítica subida a Sollube por Almike, con 1.500 metros, con rampas del 20% y siempre por arriba del 15%. La general se decidirá el último día con la subida a Arrate, cima imprescindible en el imaginario colectivo. A Arrate se ascenderá por Matsaria, con 5,5 kilómetros a casi el 8,5% y rampas al 15%. Porcentajes para dar más emoción a la renovada Itzulia, que incluso estrenará el maillot azul para el mejor joven de la carrera.

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