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El hombre que revolucionó la moda sin dar la cara

La obra del belga Martin Margiela protagoniza la primera exposición del Museo de la Moda de París desde que Miren Arzalluz es su directora

María D. Valderrama - Viernes, 2 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La muestra estará abierta desde mañana hasta el 15 de julio.

La muestra estará abierta desde mañana hasta el 15 de julio. (Foto: Efe)

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La muestra estará abierta desde mañana hasta el 15 de julio.Maniquíes con modelos diseñados por el belga Margiela. Fotos: Efe

parís- La obra del misterioso belga Martin Margiela, señalado por los críticos como el diseñador más revolucionario e influyente de los últimos treinta años, protagoniza la primera exposición del Museo de la Moda de París desde que la vasca Miren Arzalluz ocupa la dirección.

París presenta por primera vez una retrospectiva de los veinte años de trabajo de Margiela, que pese a no haberse mostrado nunca tras los desfiles ni conceder entrevistas, ha colaborado activamente en la muestra que abre sus puertas mañana con las creaciones del artista hasta su retirada en 2009. “Margiela ha sido un creador iconoclasta, rompió los cánones establecidos e introdujo una silueta absolutamente innovadora cuestionando el sistema de la moda”, explicó Arzalluz, que dirige el Museo de la Moda de París desde comienzos de año.

Nacido en Lovaina en 1957, Margiela es uno de los emblemas de la Real Escuela de Bellas Artes de Amberes, donde se diplomó en 1980 antes de entrar en las oficinas de Jean-Paul Gaultier, a quien asistió durante casi cuatro años. A partir de 1987, con la creación de la firma Maison Martin Margiela, comenzó el mito: las modelos desaparecen detrás de máscaras de muselina, aparcamientos y estaciones de metro se convierten en el escenario de los desfiles. Lo único que importa es la ropa. La prensa lo situó en el deconstructivismo porque estudiaba la ropa como si fuera arquitectura, llegando hasta la propia estructura de la prenda para hacer algo nuevo. Así, cuestionó todas las bases de la industria y la concepción misma del traje a través de un conocimiento profundo de la sastrería y un perfeccionismo mayúsculo.

Las creaciones más icónicas del creador han sido revisadas con lupa para comprender hasta qué punto fue el primero en muchos campos, introduciendo el reciclaje en la alta moda, reconstruyendo piezas de siglos pasados o convirtiendo patrones de costura y el forro de las prendas en ropa lista para llevar. La tendencia pasó a un segundo plano en el universo de Margiela, mucho más preocupado por revisar su trabajo, como sucedió en el año 2000 con su colección Oversize, en la que agrandó toda una línea al equivalente a una talla XXXXL, nada que ver con la silueta extremadamente ajustada en boga en la época. Las cinco colecciones consecutivas, hasta la primavera de 2002, las dedicó a seguir ahondando en ese mismo concepto.

La exposición recupera sus hombros ligeramente levantados, que huyeron de las rígidas hombreras de los años 80, o sus zapatos tabi, una versión renovada de los jikitabis japoneses que separan el dedo gordo del pie del resto facilitando la estabilidad del cuerpo, el modelo más famoso de la firma, asiduamente reeditado. “Es alguien que no solo tiene una visión alternativa de la mujer, incluso de su cuerpo, sino que cuestiona principios fundamentales del sistema de la moda”, comenta Arzalluz, una de las mayores especialistas en la figura de Cristóbal Balenciaga con el que encuentra grandes paralelismos con Margiela. Varios ejemplos de ello son su perfeccionismo, la idea de ofrecer a la mujer “una forma diferente de moverse, de presentarse y de ser” o la decisión de no dar entrevistas y mantener un perfil anónimo para que su trabajo hable por él, agrega. “Una forma de protegerse pero también un principio básico fundamental”, dice la directora del Palais Galliera, que acoge la muestra hasta el 15 de julio.

“¿Qué me queda”? Desde las diez primeras colecciones que marcarían el manifiesto de la firma hasta el final de su carrera, su breve paso por una estética minimalista o la conceptual reinterpretación de patrones en prendas planas, la exposición presenta una oportunidad de apreciar de cerca la cuidada costura que lo llevó a entrar en alta costura. “Veinte años, cuarenta desfiles, cientos de prendas, ¿qué me queda?”. La frase que debía acoger a los invitados del que sería su último desfile, el de primavera-verano 2009, presagiaba que Margiela consideraba haber dicho todo lo que tenía que decir. Su maison, dirigida ahora por el gibraltareño John Galliano, homenajea a su modo el espíritu del artista que ha pasado ya a convertirse en patrimonio universal de la historia de la moda.

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