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fichaje de urgencia

El oficio de la última adquisición

Iñigo Martínez, fichaje de urgencia, protagoniza una asombrosa adaptación en su primer mes como rojiblanco

José L. Artetxe - Viernes, 2 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Iñigo Martínez, en la sesión de recuperación de ayer para los titulares ante el Valencia. Fotos: Juan Lazkano

Iñigo Martínez, en la sesión de recuperación de ayer para los titulares ante el Valencia. Fotos: Juan Lazkano

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Iñigo Martínez, en la sesión de recuperación de ayer para los titulares ante el Valencia. Fotos: Juan Lazkano

Bilbao- Es un mes nada más, pero no cualquier mes. Ese breve período de tiempo es exactamente el transcurrido desde que Iñigo Martínez fue presentado con la camiseta del Athletic. Un mes lleva aquí el defensa ondarrutarra, pero viéndole desenvolverse en los terrenos de juego nadie lo diría. Se maneja como si toda su carrera se hubiese desarrollado en el club. Su integración no ha sido un proceso paulatino, gradual, como suele suceder en casos similares, y esa asombrosa capacidad para encajar en una estructura a la que era absolutamente ajeno da una idea del tipo de futbolista que es, de la calidad que atesora.

En el momento en que se dio a conocer su fichaje, solo unas horas después de que Aymeric Laporte posase con los colores del Manchester City, se valoró la agilidad con la que había actuado Ibaigane. La vertiente económica de la operación ofrecía poca discusión, el Athletic había empleado la mitad del dinero abonado por deseo expreso de Pep Guardiola en asegurarse un relevo. Josu Urrutia se hacía con los servicios del jugador que encarnaba la alternativa más lógica para subsanar el adiós del central zurdo titular durante casi seis temporadas. Transcurrido el primer mes resulta prematuro analizar la vertiente deportiva de la maniobra realizada en los despachos, que en realidad es la capital, la que realmente importa.

Más allá de las circunstancias que concurrieron en el agitado mercado invernal y del trasiego de millones, al Athletic le interesa acertar con la adquisición de un futbolista que debería tener un peso específico en el largo plazo, pues es para lo que se ha comprometido a sus 26 años. Por el momento, poco o nada hay que objetar. Se diría que a Iñigo Martínez parece no afectarle la velocidad. Ni el hecho de cambiar de aires en un plazo mínimo, apenas un puñado de días, ni la adaptación a la plantilla y su nuevo hábitat laboral, le han impedido mostrarse como un elemento que marca diferencias.

Y no es broma la constatación si se repara en que su aterrizaje en Bilbao se produce en una coyuntura muy delicada. Con el equipo en la picota, el entrenador señalado, los resultados elevando el nivel de crispación entre los aficionados y estos echando humo entre las cuatro paredes de San Mamés. Iñigo Martínez no se ha dejado influir por ese ambiente recargado. Tampoco se ha limitado a cumplir el expediente o ha pasado desapercibido, que era una posibilidad razonable. Muy al contrario, puede afirmarse que ha sido el mejor del equipo si se computan los cinco encuentros en que ha intervenido. Ningún otro compañero ha dado su nivel en el global de esos 450 minutos.

Cómo no va a decir Ziganda que “se ha aclimatado muy bien”, que por “su carácter encaja aquí, va como anillo al dedo”, que está persuadido de que “va a disfrutar muchísimo y va a enganchar”. Lo está logrando, cualquiera reconoce su aportación, que se deja sentir en el campo a pesar de que, como señala el técnico, necesita “más partidos para manejar una línea defensiva que juegue con los ojos cerrados”.

En efecto, a base de acumular entrenamientos y partidos se conoce a los demás jugadores y se adquiere compenetración. Y mientras, Iñigo Martínez tira de oficio, se remanga y pone a disposición del colectivo sus virtudes, consciente de que el horno no está para bollos. Viene haciendo gala de una concentración exquisita, virtud que en algunas fases de su estancia en la Real Sociedad no cultivó, pero que cuando plasma le convierte en un competidor implacable.

COMPLETODuro, decidido, valiente, es un central muy contundente aunque no destaque por envergadura ni luzca una talla imponente. Acomete cada disputa como si fuese la definitiva, la que orientará un encuentro. No se anda con chiquitas si va apurado, pero normalmente explota su instinto para anticiparse y resolver con cierta holgura. En síntesis, es un defensor que impone respeto al rival y que no se conforma con cumplir en la faceta destructiva. Sabe conducir y toca bien el balón, no le quema si ha de jugar en corto y es preciso en el desplazamiento largo. Es completo.

Anduvo algo despistado en su debut en Girona, condicionado como el resto por el experimento táctico escogido para dicho desplazamiento, pero luego ha destacado en una línea de cuatro elementos, al margen de que a su lado se alinease Yeray o Núñez. Aún no ha sido emparejado con Etxeita.

La prueba de que el rendimiento de Iñigo Martínez es más que satisfactorio sería que el adiós de Laporte suena lejanísimo. Decir que en un mes ha hecho olvidar al galo acaso sea exagerado, pero en su breve itinerario como rojiblanco ha logrado que no se le eche en falta y hablamos del defensa intocable del último lustro.

etiquetas: athletic

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