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Editorial

Deshielo olímpico

Los Juegos de Invierno están sirviendo como escenario a un intento de aproximación diplomática entre las dos Coreas, pero la maniobra de Kim Jong-un se ve con desconfianza

Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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CONDICIONADOS, cuando no dirigidos, por la imparable mercantilización que domina el mundo del deporte profesional, los Juegos Olímpicos han recuperado, en esta cita invernal de PyeongChang, una parte de la esencia que daba cuerpo al romántico proyecto del barón de Coubertin a finales del siglo XIX. La idea de la unidad de los pueblos del planeta cada cuatro años en torno al deporte y la presentación de este evento como una fiesta a la vez que motivo para aparcar las tensiones entre países no pasó de una mera declaración de intenciones. El espíritu conciliador -la pax olímpica de los griegos en forma de suspensión temporal de las guerras- ha reaparecido ahora, con las dos Coreas como protagonistas. Los regímenes del Norte y del Sur -teóricamente en guerra desde 1948- acordaron participar unidos y bajo una misma bandera: así se mostraron al mundo durante la ceremonia de apertura del pasado viernes. La excusa deportiva ha desencadenado una serie de encuentros al más alto nivel, la invitación del presidente norcoreano a su homónimo para que visite el país lo más pronto posible y, con ello, la oportunidad de mantener una cumbre, que sería la tercera de la historia y la primera en los diez últimos años. Sin embargo, la maniobra de Kim Jong-un ha levantado recelos. La diplomacia japonesa ya la ha bautizado como la “ofensiva del encanto”. Estados Unidos, aliado de Corea del Sur, tampoco ha ocultado su escepticismo y ha preferido mantenerse al margen de esa política de gestos: en la ceremonia inaugural y en la cena posterior de mandatarios, el vicepresidente estadounidense Mike Pence eludió en todo momento saludar a la delegación norcoreana. Motivos hay para la desconfianza, para esa repentina buena disposición del líder del norte;el pasado jueves, el gobierno de Pyongyang celebró el día del Ejército y exhibió su músculo militar en un desfile en el que lució sus misiles intercontinentales, con un alcance capaz de llegar a territorio de Estados Unidos. En Seúl también se han desarrollado manifestaciones de ciudadanos que reclaman al presidente Moon Jae-in más contundencia con sus vecinos del norte. Así las cosas, la distensión política puede quedarse al final en algo temporal y ceñido a los Juegos;que dure, en resumen, solo el tiempo que permanezca encendida la llama olímpica.

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