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Tribuna abierta

Falta amor

Por José Serna Andrés - Miércoles, 17 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:09h

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CADA vez que tenemos en cuenta que hemos dado un paso más en la vida, o en el calendario, tendemos a realizar un listado de acciones positivas o acciones negativas para poder ver con perspectiva el puzle de nuestra realidad. Sin embargo, en pocas ocasiones tendemos a buscar las causas, el origen, tanto de lo positivo como de lo negativo. No voy a ocultar que el título de estas letras ya aporta algo de la solución para mantener lo positivo y poner suturas en las grietas de lo negativo.

La verdad es que nuestro mundo está roto, hecho unos trapos. Hay mil jirones por todas partes, aunque hay infinidad de aportaciones que nos han llevado a cotas de bienestar inimaginables hace poco tiempo, pero el caso es que sabemos muy bien que la carga de felicidad no está en el progreso material. No hay más que ver el índice de suicidios en los países más avanzados. ¿Por qué alguien decide marcharse de la vida? Pues probablemente porque le resulta inaguantable. Y puede que tal insatisfacción se revista de insuficiencias de todo tipo, pero en el fondo-fondo hay una carencia de amor, amor a la vida, amar y recibir amor.

Dice Erik Fromm en El arte de amar que el acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea. Pero esa idea, aunque cabe en un tuit, significa dejar demasiado en manos del amor, y puede recibir pocos “me gusta” en Facebook. Sin embargo, si afirmamos que el amor no existe, que todo es mentira, tendremos un número incalculable de personas que nos siguen, porque hablar del amor es marginal en nuestra sociedad. No tiene horas altas el amor, aunque, si bien lo miramos, no ha tenido, a lo largo de la historia, muchas personas que lo han considerado la base de las relaciones humanas para renovar la sociedad.

Nuestra terrible soledad duele tanto que necesitamos vestir, pensar y tener costumbres similares a un grupo, ya sea de mayor tamaño o más reducido. Paradójicamente, a medida que nos adaptamos más a los grupos, alardeamos de nuestro individualismo, por no llamarlo egoísmo, y nos engañamos, porque en realidad no intentamos ser diferentes, sino ser iguales al resto, y quien desentone al balar tendrá una señal en su frente. A la estandarización la llamamos igualdad y pensamos que seguimos los mismos deseos pero, en realidad, obedecemos a los mismos patrones, a los mismos mandatos.

Podíamos decir que el trabajo y el consumo nos liberan, si es que responden a nuestras expectativas, pero el trabajo en muchas ocasiones está al servicio del consumo, y esclaviza y roba el tiempo vital debido a una organización que no está al servicio de la persona, pues es considerada como un objeto o un dato más del proceso productivo. Y mientras muchas personas se estresan debido a la sobrecarga y se arrepienten de no haberlo conciliado con la vida familiar, muchas otras personas tienen lesionada su autoestima a causa del paro, con mayores heridas aún.

Para amar hay que saber dar. Y dar, dice Fromm, no es privarse de algo, sacrificarse, es una dicha, compartir la alegría de lo que se ha creado, y seguir con ello produciendo amor. Pero nunca es tiempo de amar. La verdadera impotencia es la incapacidad de producir amor. Y es difícil producir amor desde la superficialidad en las relaciones, como es difícil entender que el amor necesita esfuerzo de la voluntad para volver a empezar, y para progresar, pues es una actitud ante las personas y el mundo. Necesitamos amar a una persona, amar el mundo, amar la vida, y eso no significa que no haya conflicto, pues amar también es arriesgarse ante algo difícil de resolver.

Dice el Talmud que quien salva a una sola persona salva al mundo entero. Lo recordamos porque es uno de los momentos claves de la película La Lista de Schindler, pero también hemos de añadir que quien destruye una sola vida destruye el mundo entero. ¿Qué ha habido en el trasfondo de esas dos llamadas guerras mundiales del siglo XX? ¿Qué hay tras las masacres que hoy día se siguen cometiendo? ¿Hacemos la lista de los millones de personas que mueren a causa de la guerra y el hambre? Cualquier estadística nos lo aclara, millón arriba, millón abajo, pero eso de que el desamor es la causa ya es otra historia. Somos autómatas al servicio del mercado, también algunas guerras son fruto de la avaricia del mercado, y puede que nos juntemos a muchas personas en fiestas, muy necesarias, por cierto, pero eso no garantiza la superación de la soledad. Afirmaba irónicamente Huxley en Un mundo feliz: “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”.

Dice el Cantar de los Cantares que el amor es más fuerte que la muerte, el Evangelio habla constantemente del amor a los demás, Lao-Tse afirma que ser profundamente amado por alguien te da fuerza, mientras que amar a alguien profundamente te da coraje y Gandhi decía que donde hay amor hay vida.

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