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el Bar Ziortza repartió 133 décimos

El Niño del pan de masa madre debajo del brazo

Vecinos de Arangoiti vuelven a su rutina después de que el Bar Ziortza repartiera 133 décimos comprados en Deusto

Un reportaje de Ane Araluzea - Martes, 9 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:13h

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Antonio Valenzuela y Carmen Aulestia ríen con sus vecinos, Cristina y Gonzalo.

Antonio Valenzuela y Carmen Aulestia ríen con sus vecinos, Cristina y Gonzalo. (Foto: José Mari Martínez)

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  • Antonio Valenzuela y Carmen Aulestia ríen con sus vecinos, Cristina y Gonzalo.
  • María Jesús Herranz y Conchi Monge, brindando.

La mañana de ayer comenzó para Conchi Monge con una llamada a la grúa. “Nos dirigíamos hacia La Avanzada, al concesionario de Toyota, y el coche nos ha dejado tirados”, confesó esta vecina de Arangoiti con una sonrisa que delataba su escasa preocupación respecto al paradójico incidente. No es para menos. Al mediodía ya se había juntado a su íntima amiga María Jesús Herranz para brindar por el golpe de suerte que les asegura una jubilación en la que las averías mecánicas no supondrán quebraderos de cabeza. “Nos ha tocado un poquito, así que hoy nos hemos permitido el lujo de comprar una hogaza de masa madre”, apuntaron antes de confesar que el poquito se traduce en un décimo del número premiado en el sorteo de El Niño para cada una.

Los vecinos del barrio de Arangoiti agraciados con uno de los 133 boletos vendidos por el bar Ziortza -cuyo propietario los compró en la administración deustoarra- volvieron ayer a su rutina diaria después de un fin de semana protagonizado por la euforia. “Así da gusto alternar. Pero yo tomo cava cada día, ¿eh? ¡No es por la lotería!”, aseguraba María Jesús, quien señaló que cada día pide un benjamín. “Me tomo la mitad a la mañana y, la otra mitad, por la tarde”. A su lado, Conchi admitía que, en su caso, la buena nueva sí ha alterado su día a día. “La noche del sábado al domingo no pude dormir. Anoche tampoco;me he despertado a las cinco de la madrugada, he mirado a mi marido, y me he dado cuenta de que él tampoco dormía. ¡Tiene narices que te toque la lotería para después no poder conciliar el sueño!”, señaló entre risas mientras tomaba un zurito en el bar El Rincón, contiguo al Ziortza.

A falta de tres meses para jubilarse, María Jesús, administrativa de Bizkaibus que tiene dos hijos, confía en que con este dinero extra su marido, Sergio Acosta, pueda prejubilarse. Por su parte, Conchi cuenta que está retirada pero que no cuenta con ninguna pensión: “He trabajado toda mi vida en un taller de confección en el que estábamos cuatro mujeres. El propietario daba de baja a dos y de alta a las otras dos en la seguridad social, así sucesivamente. Al final resulta que no tengo cotizados los años necesarios”, relató esta bilbaina, muy implicada en la asociación de vecinos, quien asegura que sufragará el máster de su única hija, Irati.

FelicidadMientras María Jesús y Conchi repasaban sus más de cuatro décadas de amistad soldadas a base de alegrías y tristezas compartidas, las calles del barrio rezumaban alegría. A las puertas de una sucursal bancaria, Antonio Valenzuela y Carmen Aulestia revelaron que iban a informarse sobre los pasos a seguir para custodiar su premio. “Me llamó un compañero contando que había tocado en el bar de Tomi -el propietario del Ziortza-. ¿Tú lo llevas, no?, me preguntó. Fuimos tres amigos y el único que no lo compró fue él”, relató Antonio, ejemplificando cómo suelen ser los caprichos del destino. Su mujer, Carmen, tras quejarse de los impuestos que van a parar a las arcas públicas, aseguró que parte del premio serviría para ayudar a sus dos hijos, recientemente emancipados en pisos de alquiler.

Poco antes, sus vecinos Cristina y Gonzalo, propietarios del bar La Zona -ubicado en el mismo cantón que el Ziortza-, salían de depositar el afortunado boleto en el banco. “Conocemos a todos los clientes y a todos los premiados. Vimos el sorteo en directo y nos pusimos a gritar y a saltar”, reveló Cristina, con más serenidad para relatar cómo fue el instante en que la diosa Fortuna tocó su puerta que el mismo día del sorteo, cuando a los sentimientos se le agolparon en la garganta impidiendo verbalizar la felicidad. El matrimonio, con un hijo de 16 y dos de 13, volverá a abrir su local hostelero hoy. “Este es un barrio obrero”, puntualizaron.

Quien seguirá con la persiana bajada al menos unos días será Tomi, quien tras el repartir la dicha por el barrio se ha tomado un merecido descanso. A pesar de ello, estuvo muy presente en los agradecimientos de los afortunados, sobre todo en los de Juan. “Me guardó un décimo sin que se lo hubiera pagado, me lo dio en la tarde del sábado. Es muy noble y buena gente”, aseguró este vecino, quien afirmó que empleará el dinero para ayudar a sus sobrinos. “¿Caprichos? No tengo ninguno. Como mucho me arreglaré la dentadura”, señaló con una amplia sonrisa.


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