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Navideña enrejada

Por Miguel Sánchez Ostiz - Martes, 2 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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Columnista Miguel Sánchez Ostiz

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HUBIEradedicado el artículo de hoy al Sermón de Navidad de R.L. Stevenson, que leo por estas fechas todos los años, para detenerme en ese pasaje en el que habla de los legionarios de Germánico que llevan ya muchos años fuera de casa y quieren regresar porque ya han cumplido y para probarlo hacen meter al general los dedos en sus bocas para que compruebe sus encías desdentadas. Pero no hay semana en que no te veas tironeado por una cosa u otra y la fronda te puede porque en ella estás.

Navidad este año la de los políticos catalanes que están en prisión, siendo algunos de ellos cargos electos que han sido humillados de manera administrativa y gratuita. ¿Lo van a olvidar si logran formar gobierno? No lo sé, pero qué raro sería que, si lo forman, recibieran la felicitación del Gobierno de Madrid y, si la reciben, que esta sea sincera, a juzgar por las palabras de despectiva superioridad con las que ha recibido el resultado de las elecciones por él mismo convocadas como una gran cosa. Solo de manera sectaria se puede decir que los encarcelados de manera preventiva no son presos políticos. Cada día lo son más, con el telón de fondo de las instituciones democráticas. Medida innecesaria que no tiene otro sentido que el castigo a modo de advertencia y escarmiento. Un país democrático del siglo XXI no puede funcionar así.

Sociedad “crispada hasta el tuétano”, decía un reconocido columnista de prensa refiriéndose a la sociedad catalana de antes y de después de las elecciones que volvieron a ganar los independentistas, algo de lo que se culpan unos a otros. Crispación que excede en mucho los límites territoriales de Cataluña. En conjunto, las elecciones las ganaron los independentistas en clara inferioridad de condiciones, con prohibiciones y zancadillas, y una apabullante campaña de C’s que nadie sabe cómo se ha pagado o quién la ha pagado y quién pretende tener un partido político a su servicio, que de eso se trata en este país. ¿Saltarse la Constitución, dice Rajoy? Pero si han hecho serpentinas y confetis con ella y un matasuegras con la encuadernación;pero si son una patraña en marcha, si no juegan limpio ni aunque se lo propongan.

“¡Ya lo que nos faltaba era convocar elecciones generales!”, decía a continuación un presidente de un partido que había perdido de manera estrepitosa las elecciones catalanas en las que se involucró de manera directa al convocarlas y urdir y poner en marcha un aparato judicial vergonzoso, tal y como demostró con sus arrogantes y desvergonzadas palabras la vicepresidenta del gobierno. “¡Ya lo que nos faltaba era convocar elecciones generales!”. Una especie de hasta “ahí podíamos llegar” de quien cree dirigir un reformatorio y que ha dado un asueto festivo, pero pasajero, a sus huéspedes… y que no le pidan más, ahora todos a la cama o a las celdas. Es de no creer lo que estamos viviendo desde hace años.

No son los políticos catalanes los únicos que están encarcelados estas navidades y que deberían estar fuera, como los muchachos de Altsasu. Sus familiares piden lo mínimo que se puede pedir, un juicio justo, al margen del linchamiento mediático y político ya padecido, con toda clase de medios de prueba que la ley prevé y permite, sin cicatear estos, sin diseñar una indefensión procesal orientada a una condenada predeterminada. La seguridad jurídica del ciudadano pasa por tener a su alcance todos los medios de prueba que precise para sostener su defensa. Conviene no olvidar esto. Lo contrario, favorecer a la Fiscalía, es promover un juicio parcial desde la instrucción misma.

Extrañas navidades estas con el espeso telón de fondo de la crisis catalana que tapa la de las instituciones generales del Estado, el pavoroso asunto de la corrupción en la órbita gubernamental: “M. Rajoy”, no lo olvidemos. Una crisis que no se ha detenido ni aplacado, al revés, está servida y por tiempo indefinido mientras el presidente del gobierno se enroca en sí mismo, entre acertijos.

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