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De paseo navideño con...

“Muchos se dan el último chapuzón solo en bañador”

Jon Gondra es miembro de Bermeoko Txirrindulari Taldea

Entrevista de A. Erdaide - Sábado, 30 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Jon Gondra

Jon Gondra (Borja Guerrero)

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Bermeo- Existen tradiciones navideñas, y tradiciones navideñas. Desde hace siete años los bermeotarras -algunos de ellos por lo menos- se lanzan a las frías aguas del puerto para despedir el año con un chapuzón la última jornada del calendario. Es una tradición asentada en la localidad costera que nació gracias a un pique surgido entre los miembros de Bermeoko Txirrindulari Taldea, y que acabaron hiciéndola extensible a todo el mundo.

¿Cuándo comenzó la tradición del último chapuzón en el puerto de Bermeo?

-En el año 2010, algunos miembros de Bermeoko Txirrindulari Taldea salimos a dar una vuelta en bicicleta el 30 de diciembre y, mientras dábamos pedales, nos preguntamos: ¿mañana qué hacemos? Y claro, mirando lo que hacen en otros lugares salió la idea de saltar al agua. Quedamos a las 12.00 en el puerto para saltar y que fuera lo que fuera.

¿Fue una idea que nació como algo de la cuadrilla ciclista o quisieron abrirlo al pueblo?

-La idea comenzó en cuadrilla, pero queríamos hacer algo para todo Bermeo, ya que muchos pueblos tienen alguna actividad para el último día del año. Surgió como un ¡a que no hay huevos de saltar mañana al agua tras el paseo en bici! Al día siguiente quedamos y saltamos al agua. En los últimos años la cosa ha ido adquiriendo más nivel y el año pasado logramos unos vestuarios para que, por lo menos, la gente pueda tener un sitio donde cambiarse cuando sale del agua. Nuestro objetivo era crear un evento festivo sin más expectativas.

¿Cuántas personas participaron en la primera edición?

-En 2010 saltamos al agua unas doce personas, más o menos. El año con más participación fue hace dos, cuando vinieron 42 personas, pero fue una jornada con buen tiempo, salió el sol, y eso ayudó a que la gente se animara. Pero por lo general la gente se acerca con la mochila a ver qué pasa. Si ven que hay ambientillo y se anima un grupo, se apunta, si no dejan la mochila en el coche. Este año cambiamos de rampa, nos tiraremos a la par de la estatua de la Ola para que la gente que se acerque pueda verlo mejor. Creemos que esta vez vendrá más gente, aunque sea solo a mirar. Pondremos música también. Cada año vamos incorporando cosas nuevas: que si una conservera nos da un bote grande de atún, otro que nos da unos bocadillos, o una tienda unos chucherías para los críos, etc. El año pasado entraron siete jóvenes al agua sin ir más lejos. La gente se calienta entre ellos, que si surge el pique, que si no hay huevos, etc.

¿Cuánto tiempo suelen estar metidos en el agua?

-Normalmente la gente suele saltar al agua y al de un minuto sale. Pero hay otros que, ya que están en el agua, suelen hacer algunas brazadas. Cogen una referencia, por ejemplo, tocar un barco y volver. Pero eso son tres o cuatro, no más. La gente aguanta bastante. Hace dos años dimos un premio al que más tiempo había permanecido en el agua y, claro, el año pasado se quedaron dos esperando al regalo. Pues al final los tuvieron que sacar los de la Cruz Roja (risas). Es que teníamos miedo de que les pasara algo, que esto es algo festivo, no una competición. Hay gente que suele meterse con un neopreno y el disfraz por encima, pero hay otros que van a pelo. Y son bastantes. Se ponen un bañador, se pintan algo en el cuerpo y se lanzan. Hay algunos que son unos valientes.

Hay seguridad por lo menos.

-Sí, eso para nosotros es algo muy importante. Organizas un evento como este para crear un ambiente festivo, y que pasase algo sería un gran disgusto. Nos ayuda la Cruz Roja, que suele tener una ambulancia y una moto de agua preparada.

La de este año será la séptima edición. ¿Se puede decir que es una tradición asentada?

-Sí. Es un evento que está dentro del calendario del grupo ciclista: tenemos Ziklocross Eguna, Bizikleta Eguna y el último baño del año. Son las tres citas importantes de la temporada. El año pasado logramos vestuarios, otros años hemos traído agua caliente en fumigadoras para rociar a la gente cuando salían. El objetivo es pasarlo bien y, a partir del evento, comenzar el txikiteo, hasta la cena si hace falta (risas).

Miembro de Bermeoko Txirrindulari Taldea

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