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La espera que se alarga

Por José Luis Artetxe - Jueves, 28 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Kepa durante un entrenamiento.

Kepa durante un entrenamiento. (Fotos: Oskar González y Borja Guerrero)

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  • Kepa durante un entrenamiento.
  • Columnista Jose Luis Artetxe

sACAR a colación los casos de Llorente y Amorebieta puede que no sea muy oportuno por parte de alguien que es optimista respecto a la continuidad de Arrizabalaga en el Athletic, pero Urrutia aseguró que él sí lo es. Expuso que mientras la otra parte no comunique que rompe la baraja, él prefiere pensar en clave positiva. Ello a pesar de que, según desveló, no recibe noticias desde que supuestamente el club colmó las peticiones planteadas por Arrizabalaga, lo que situaría a este “al máximo nivel de la plantilla”.

A principios de noviembre, dijo Urrutia que la resolución del caso se produciría “en breve”. Hoy es evidente que erró el cálculo. Entonces expuso que no tenía sentido que la negociación se dilatase porque el club había hecho los deberes, lo que se entendió como que había alcanzado su tope en el tira y afloja, pasando así la pelota al tejado de Arrizabalaga.

A Urrutia uno le diría que, sintiéndolo mucho, el hecho de que la espera continúe vigente contribuye a alimentar el pesimismo que lleva meses desparramándose por el entorno. Sin embargo, da la sensación de que estas últimas semanas han servido para modificar la percepción del personal sobre el asunto.

Antes, se decía que el paso del tiempo reforzaba la posición del portero y, en consecuencia, se recriminaba al presidente que no hubiese abordado con antelación esta renovación. Ayer, Urrutia confirmó el dato reiterado en estas páginas y que sitúa el inicio de las conversaciones en los albores de la campaña anterior, en un momento en que Arrizabalaga no había debutado y tenía por delante 21 meses de contrato.

El crecimiento de Arrizabalaga, sus actuaciones en el equipo o su internacionalidad absoluta, se esgrimía como un argumento para tachar de insuficientes las propuestas de Ibaigane, aunque en realidad nadie las conocía con exactitud. Tampoco se sabía lo que la otra parte ponía encima de la mesa, pero la culpa de que Arrizabalaga no firmase se atribuía a la directiva. ¿Y ahora qué, con Urrutia sosteniendo que cree haber satisfecho los deseos de Bahía Internacional, la agencia que representa al portero, y que aguarda a que dé su visto bueno?

Arrizabalaga no abre la boca, está en su derecho, pero de repente se inmiscuye otra variable en la ecuación. Será por las fechas, con el fin del 2017 al caer, o porque la espera realmente se ha hecho muy pesada, pero empieza a concederse credibilidad a lo que meses antes se etiquetaba de meras elucubraciones y pasaba casi desapercibido. El silencio, la resignación o el mosqueo han sido sustituidos por el amargor del estruendo provocado por la prensa próxima al Real Madrid. Vale, no son fuentes fiables, historias de este pelo han construido mil y la mayoría se han caído solas. Si hubiese vestido de blanco cada uno de los fichajes anunciados a bombo y platillo, Zidane y sus antecesores hubiesen gestionado plantillas de 40 hombres. Ya pero, se dice, tanto detalle aireado en algunas portadas huele mal. Eso no se puede inventar así como así, rumia la calle con el ceño fruncido. El eco de las cifras del supuesto acuerdo con el amigo Florentino logra trastocar opiniones y convicciones, basta con poner la oreja para cerciorarse. El problema para Arrizabalaga es que tras su persistente callada algunos perciben con absoluta nitidez una maniobra de muy mal gusto.

Ante semejante posibilidad, que de inmediato suscita un montón de preguntas y la primera de todas versaría sobre cuáles son las fechas de ese cacareado acercamiento a la Casa Blanca, la postura a observar debería ser idéntica a la que exigía el contexto previo, cuando bailaban alegremente cláusulas y millones, aproximaciones y distanciamientos, en las reuniones entre Bahía e Ibaigane. Es decir, seguir fieles a la máxima de que a falta de certezas no es saludable abrazar rumores. Lo cual, aplicado a este tema concreto, se traduciría en que mientras no se demuestre lo contrario, hay que suscribir la indudable vocación rojiblanca de Arrizabalaga, como ayer hicieron Urrutia y su encomiable (por respetuoso) optimismo.

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