Tribuna abierta

El fracaso del espíritu

Por Koldo San Sebastián - Lunes, 7 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Columnista Koldo San Sebastian

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AL haberse cumplido el vigésimo aniversario del asesinato vil y execrable de Miguel Ángel Blanco Garrido, han reaparecido algunos espantajos del pasado. Ya no los fantasmas decrépitos en forma de Mayor Oreja o Iturgaiz, sino determinados discursos tramposos, especialmente el de las apelaciones al “espíritu de Ermua” que fue, sobre todo, un monumental montaje (generosamente financiado) para exterminar al nacionalismo vasco y que, por supuesto, arrancó antes de lo que se llamó “Lizarra” y siguió con lo que Felipe Gonzalez calificó una “ley electoral”, es decir, la ley de partidos que permitió al PP (que, en la persona de Jaime Mayor Oreja, había sido el gran derrotado en 2001) llevar a Ajuria Enea a Patxi López, manteniéndole en el sillón durante menos de una legislatura.

El “espíritu de Ermua” fracasó por su planteamiento y su utilización. Solo consideraba terrorismo al de ETA, obviando el franquismo o el posfranquismo (hasta 1977), las diferentes formas de terrorismo de Estado: la triple A, Batallón Vasco-Español, GAl. Hoy en día se sigue manteniendo esa tesis. Mari Mar Blanco repite una y otra vez: “Me molesta mucho mezclar a las víctimas del franquismo con las del terrorismo”. Como si no fuesen lo mismo. Y, claro, para que no se mezclen, introduce en sus argumentos dos términos tótem: “equidistancia” e “izquierda abertzale”.

En aquel gallinero incontrolable que proporcionó banda sonora al “espíritu” se aprobó una ley de reconocimiento de víctimas de terorrismo, luego modificada que, en su artículo 7, dice: “Las disposiciones de la presente Ley serán de aplicación a los hechos que se hubieran cometido desde el 1 de enero de 1960”. Casualmente, coincide esta fecha con la de la fundación de ETA. Sin embargo, entre el 1 de enero de 1960 y el 15 de junio de 1977 se vivía en una dictadura. Nadie quiere oír la historia de Rafael Gómez Jauregui, José Luis Cano, Clemente del Caño, Manuel Fuentes, Luis Santamaría, Gregorio Marichalar o Francisco Javier Fernández, que perdieron su vida en mayo de 1977. ¿Por qué nos son víctimas del terrorismo? La jurisprudencia internacional para el caso de otras dictaduras (como las del Cono Sur americano) o la relacionada con la antigua Yugoeslavia no deja lugar a dudas. ¿Qué hace inmunes a los franquistas y posfranquistas que realizaron actos de represión equiparables?

En el “espíritu de Ermua”, al final, lo de ETA fue solo una anécdota macabra, Se quiso aprovechar el impulso para exterminar al nacionalismo vasco que, entonces y ahora, constituía la mayoría social y política por lo menos en la CAPV. Lo importante ya no eran los principios que habían alumbrado (al menos en teoría) a la socialdemocracia vasca, sino exterminar al PNV. En mayo de 2001, la mayoría social puso pie en pared y la coalición PNV-EA obtuvo 604.222 votos frente a los 326.933 del PP y 253.195 de PSOE. Euskal Herritarrok, por su parte, consiguió 143.139 sufragios. Jaime Mayor Oreja, que actuaba como lehendakari in pectore, sufrió una humillante derrota. Otro tanto Nicolás Redondo Terreros (que forzó la salida de los socialistas del Gobierno Ardanza antes de “lo de Lizarra”). Y no fueron los únicos derrotados: lo fueron los medios de comunicación escritos y audiovisuales, las editoriales, la Conferencia Episcopal (en los tiempos en que tenía en nómina a gentes del pelo de Jimenez Losantos o César Vidal)… La revancha fue el efímero gobierno del cambio (PSOE-PP), que reproducía todo lo malo del “espíritu”. En las últimas elecciones autonómicas, el PNV obtuvo 397.664 votos;el PSE, 126.139, y el PP, 107.357. Las fuerzas del cambio se quedaron en cuarto y quinto lugar.

Recordar el vil y execrable asesinato de Miguel Ángel Blanco es cuestión de justicia y humanidad. Tratar de aprovechar el hecho para arrimar el ascua a la sardina ideológico-partidista dice poco de quienes lo hacen. Pero revindicar el “espíritu de Ermua”, que contribuyó a profundizar la división entre vascos, resulta cómico. Hay y habrá acuerdos entre vascos. Pero estos son más mecánicos que de convencimiento o corazón. Y lo que sirve para los de Ermua también se aplica a quienes quedaron impávidos ante la muerte de Blanco Garrido o la voladura de la terminal de Barajas. Es cierto que a los del “espíritu” siempre les queda un buen catálogo de tópicos (de parte) que es en suma la Patria de Fernando Aramburu. No he logrado pasar de la página 100, mientras que el kempis de la Ermua originaria (El bucle melancólico) lo leí dos o tres veces.

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