niños de entre 4 y 12 años

Ciencia txiki para pequeños

El centro comercial Artea, en Leioa, ofrece hasta el próximo miércoles diferentes talleres en donde se da a conocer las aplicaciones prácticas de la nanociencia

Laura Fernández - Domingo, 6 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:08h

El ingeniero Brais Fortes explica un ejemplo práctico de nanotecnología a los pequeños vestidos con bata blanca.

El ingeniero Brais Fortes explica un ejemplo práctico de nanotecnología a los pequeños vestidos con bata blanca. (Juan Lazkano)

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El ingeniero Brais Fortes explica un ejemplo práctico de nanotecnología a los pequeños vestidos con bata blanca.

Leioa- ¿Qué es la nanociencia? Una buena pregunta a la que muchos adultos no saben responder pero que para un nutrido grupo de txikis es pan comido. Durante julio y hasta el próximo miércoles, unos talleres en el centro comercial Artea destinados a niños de entre 4 y 12 años están permitiendo conocer la difícil comprensión de la nanociencia. Mario, recién llegado de sus vacaciones, se puso el jueves la bata blanca para escuchar atento las explicaciones de Brais Fortes, un ingeniero industrial encargado de desvelar con casos prácticos los misterios de esta especial nanodimensión. “Es algo que no se ve porque es mil millones más pequeño que nosotros”, explica. Por eso, tiene que saber explicarse muy bien para que todo el mundo lo pueda entender.

Los talleres del jueves tuvieron como protagonistas a una botella salvavidas y la invisibilidad. Los hermanos Adrian y Ruben, de 10 y 8 años respectivamente, comenzaron a hacer agujeros en la parte inferior de un vaso, tal y como les había mandado Fortes. A su lado estaba Mario, concentrado para intentar hacer el máximo numero de agujeros posibles. Pero no solo ellos estaban presentes, porque aprender a hacer una botella salvavidas atrajo a otra decenas de niños ávidos por aprender. Oihane, Ander y Nerea estaban dispuestos a aprender “cómo un mecanismo es capaz de depurar aguas sucias que podrían revolucionar la vida de las personas” utilizando diferentes materiales como el agua y el carbón. Fortes lo tiene claro: “Es tan simple como explicarles que hay un filtro tan pequeño que no somos capaces de ver, pero que es capaz de parar un virus, por eso es importante que los más pequeños sepan qué es lo que existe y por qué existe”. El afán divulgador obtuvo respuesta amplia. “Nos gusta mucho aprender cosas nuevas”, decía Rubén mientras seguía agujereando su vaso. ¿El resultado? Un recipiente con una tapa húmeda donde pusieron trozos de carbón que consiguió cambiar de color el agua que había en su interior.

Álvaro no dudó en incorporarse al siguiente taller que trataba sobre la invisibilidad. Recién llegado a Bilbao de vacaciones, este francés, que es “muy curioso” según su aita, no perdió detalle de las palabras de Fortes sobre un tema tan atractivo. “Lo que hacemos son juegos visuales de cosas que no se ven”, explica. Para ello explica qué es la luz, cómo se puede jugar con ella y por qué es un elemento engañoso para la vista. “Por ejemplo, podemos no ver cosas dentro del agua que realmente sí están. También somos capaces de escribir mensajes que aparentemente no se ven pero que si jugamos con la oxidación sí que se desvelan”, explica el monitor.

Trucos e invisibilidad De hecho, este taller es uno de los que más interés atrae y solamente había que ver las caras de asombro que tenían los participantes. “¿Veis algo dentro de este bote de agua?”, preguntó Fortes. La contestación fue negativa. Por eso les mandó meter la mano en el recipiente, para ver si podían sentir algo más que el agua. “¡Pero si hay bolas transparentes!”, dijo Álvaro muy sorprendido. ¿El truco? El índice de refracción. “Lo que ocurre es que la luz, en vez de incidir y seguir en la misma dirección, al chocar con otro material como es el agua, se desvía y si lo que hay dentro tiene el mismo índice de refracción no se vuelve a desviar, por lo que no se ve”, explica Fortes, a lo que le añade que es una de las cosas que más les “choca” a los más pequeños.

Al ser experiencias tan extrañas, y a la vez fantásticas, la respuesta a estos talleres “ha sido muy buena”. Lo que más le sorprendió a Fortes es que muchas de las personas que han asistido llegaban a Artea exclusivamente a participar en estas actividades. “Es una manera de aprender de forma muy divertida con experimentos, haciendo que formen parte de la ciencia”, dice.

En total hay cuatro talleres, los dos explicados más la nariz electrónica, que consiste en aprender más sobre el olfato y cómo funciona el sensor y la nanoterapia. “Los asistentes a este taller se convierten en investigadores que desarrollan nanorobots capaces de liberar un medicamento en el lugar del cuerpo que se necesita y estudiar su eficacia”, concluye el monitor para atraer todavía más asistentes.

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