El viaje infinito

Iñurrategi, Zabalza y Vallejo analizan la expedición a los gasherbrum, donde se cierra wopeak

I. G. Vico - Sábado, 5 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Iñurrategi, Zabalza y Vallejo revelan que no volverán “a corto plazo” a los Gasherbrum.

Iñurrategi, Zabalza y Vallejo revelan que no volverán “a corto plazo” a los Gasherbrum. (Foto: Juan Lazkano)

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Iñurrategi, Zabalza y Vallejo revelan que no volverán “a corto plazo” a los Gasherbrum.

Bilbao- El aterrizaje de Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Arkaitz Saiz, el fotógrafo, en el aeropuerto de Loiu el miércoles por la noche, después de un día en el que los vuelos desde Pakistán hasta Bizkaia se fueron retrasando, fue el fin de una era. Ese paso, esa instantánea, junto a Mikel Renteria, responsable de la fundación WOP, significaba el instante en el que el proyecto WOPeak finalizaba. “Empezamos con la idea de mostrar los valores del alpinismo, donde es importante la cordada, el apoyo al grupo, cuidar de los demás y tejer caminos nuevos”, desvela Renteria, quien analiza que “pensamos en ocho etapas del Gorbeia al Everest, pero seleccionamos el Gasherbrum porque representa otros valores”. Así, se lanzaron a la refriega junto a los tres montañeros vascos, a los que conocieron en la sexta etapa.

Unidos, WOPeak pisó el Paiju Peak, donde abrieron una nueva vía, la 2T, y el Chamlang. La última estación comenzó hace un curso y el de Aretxabaleta, el gasteiztarra y el de Iruñea señalaron al Gasherbrum I (8.074 metros) y II (8.035 metros). “Siempre en estilo alpino y por rutas poco convencionales”, cuentan. Ayer, en la sede de WOP en Bilbao, hicieron balance del presente intento, ya que la “nieve” les evitó mayores gestas en 2016. Encadenaron dos yerros seguidos. Cuestión que deja al trío “apenado” y con rabia por el “fracaso”, pero, con los valores por bandera, contentos por haber salvado la vida a Valerio Annovazzi. “No queremos esconder que no pudimos alcanzar la cima con el rescate. No nos lo pensamos dos veces subir a por él”, considera Vallejo.

Zabalza, mientras mira por el retrovisor, confiesa que la expedición “arrancó con buen pie” a inicios de junio. De hecho, reconocen los tres escaladores que estaban “muy fuertes”. “Comenzamos sin imprevistos y la climatología era favorable. El ritmo era muy bueno, pero el verano en el Karakórum se fue torciendo. Tuvimos menos nieve que el año anterior, pero siempre había nubes. Lo que nos ha limitado ha sido el viento”, cuenta el alpinista de Iruñea.

El objetivo inicial de la cordada era unir los dos ochomiles por el collado que les une, sin bajar al Campo Base. Por ello, eran necesaria una ventana de buen tiempo “larga”. “Nuestro primer intento fue complicado, porque nos encontramos con la montaña cargada y peligrosa. Sentíamos que no estábamos en el lugar adecuado y que había riesgo de avalancha”, señala Zabalza. El grupo tomó la decisión de descender. “Había tiempo para otro intento”, sostienen. Contemplaron los partes y se decantaron por el más favorable para sus intereses.

“Necesitábamos más días de lo normal. Habitualmente, para ascender el Gasherbrum, se necesitaría una ventana de dos o tres jornadas. En dos meses, no nos topamos con cuatro días seguidos de buen tiempo. Hicimos un intento desesperado que no salió. El viento era una constante”, dice Vallejo, quien revela que “nos intentamos autoengañar en el segundo ataque, pero la realidad se impuso”. Visto que el viento no remitía, dieron luz al plan B. “El premio de consolación era el GII a través de la ruta Kukuczka-Kurtyka. Un camino bonito. Subimos rápido, pero a los 7.000 se impuso la realidad. Era imposible”, desbroza el gasteiztarra. “Contábamos con que podía ocurrir algo así. El monzón entró con fuerza y el tiempo era inestable”, dice Iñurrategi.

Al bajar se encontraron con el rescate de Valerio Annovazzi, solo a 7.100 metros. “Es algo esencial del alpinisimo. Venimos orgullosos por ello, pero fue algo espontáneo. Es bonito. Hay esperanza. No tapa el fracaso deportivo. No queremos darle más importancia que a la expedición”, revela Vallejo, mientras que el guipuzcoano desvela que “teníamos una responsabilidad ética y fuimos. Es algo que forma parte del cambio del himalayismo”.

El rescate llenó las expectativas de WOP. “Es imposible continuar sin ellos tres al frente del equipo. Se acaba WOPeak, pero seguiremos dentro del deporte. No hay cima más alta que la vida humana”, sentencia Renteria. El viaje es infinito.

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