punto final al fantasma nuclear

El triunfo al sentido común

Desde el lehendakari y el diputado de Araba al PP vasco, la satisfacción por el cierre fue unánime
La plataforma Araba sin Garoña y los grupos ecologistas atribuyen la decisión a la presión social

Idoia Alonso / Carlos Martínez Orduna / Agurtzane Salazar - Miércoles, 2 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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Pegatina contra Garoña.

Bilbao/Gasteiz- Cuando el pasado 18 de marzo más de 15.000 personas colapsaron el centro de Gasteiz para exigir el cierre definitivo de Garoña, muchas de ellas albergaban la esperanza de que sería la última gran movilización contra la central nuclear burgalesa a la que tendrían que acudir. Aquel día no faltaron representantes del mix de colectivos sociales, vecinales y sindicatos que forman la plataforma Araba Sin Garoña, altavoz de la sociedad civil contra la instalación atómica. Tampoco faltaron los rostros políticos más importantes unidos por una reivindicación antigua y compartida por la inmensa mayoría de la sociedad vasca. Con el anuncio de ayer, el clamor del 18 de mayo se convirtió por fin en realidad. Y todos lo celebraron al unísono: partidos, sindicatos y grupos ecologistas, para quienes el cierre de Garoña ha sido una de las batallas más intensas de los últimos lustros.

Ayer era un día de esos para celebrar con un buen rioja alavesa. Y la clase política vasca brindó por la noticia con entusiasmo. El lehendakari, Iñigo Urkullu, saludó vía Twitter el anuncio del cierre definitivo de La central de las mil grietas, como se conoce popularmente a la planta nuclear más antigua del Estado. Para Urkullu, la no reapertura de Garoña va a permitir que “a partir de hoy, los vascos y las vascas viviremos más seguros” para señalar que la vieja central “estaba amortizada y obsoleta” y suponía “un riesgo cierto y evitable”. Quienes no pudieron ocultar su alegría fueron los responsables de las instituciones alavesas. El despacho del diputado general de Araba, Ramiro González, se convirtió en el epicentro de los focos. El diputado alavés recibió a los medios en su despacho y una vez allí inmortalizaron los abrazos cruzados con su segunda en el ente foral, Pilar García de Salazar, y con el diputado alavés de Medio Ambiente, Josean Galera. “Es un día para alegrarse. Yo diría que ha sido el triunfo del sentido común. Todas las razones, todos los motivos, llevaban a no autorizar la continuidad de la central”, afirmó González.

El diputado general valoró “muy positivamente” la decisión del Gobierno estatal y recordó que el cierre “ha estado encima de la mesa de la Diputación Foral de Araba durante toda la legislatura y especialmente durante estos últimos meses. Asimismo, se han mantenido contactos continuos entre el Gobierno vasco y el PP sobre esta cuestión”.

Apenas unos minutos antes, el alcalde de Gasteiz, Gorka Urtaran afirmaba: “Hoy es un día histórico, un momento que llevábamos tiempo soñando. Ya era hora de que el Partido Popular escuchara la voz de los alaveses y de los vitorianos y y mostrase sentido común para decidir el cierre de esta central nuclear que no era rentable social, económica ni medioambientalmente”. La satisfacción por la no reapertura fue unánime entre la clase política vasca, incluso entre las filas del PP, que durante años ha entorpecido desde Madrid la clausura de la vieja central.

Satisfacción unánime Las voces más representativas del PP alavés -desde los exalcaldes Alfonso Alonso y Javier Maroto, hasta el presidente de la formación en Araba, Iñaki Oyarzábal- expresaron su conformidad con la decisión. “Han sido muchos años trabajando por el cierre de Garoña. Quienes hemos luchado por ello celebramos hoy haberlo conseguido definitivamente”, aseguró el exalcalde Maroto en su cuenta de Twitter. Alonso, por su parte, tildó la clausura a través de la misma red social de “una decisión responsable e inteligente del Gobierno de España”. Desde las filas de EH Bildu, el diputado en Madrid Oskar Matute celebró también la “positiva” noticia, aunque reclamó el “desmantelamiento inmediato” de Garoña para dejar de vivir “bajo su amenaza”. El representante soberanista instó, además, a “erradicar” la energía nuclear “en todo punto y lugar”. Los aplausos se repitieron también en el PSE-EE, Podemos y Ezker Anitza. Desde las filas socialistas, la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia, recordó que su partido llevaba “mucho tiempo peleando para que esta noticia llegara” y se cerrara una central “obsoleta y sin razón de ser”. Juantxo López de Uralde, diputado de Podemos por Araba y coportavoz de Equo, también saludó “la noticia que esperábamos” y remarcó que la decisión de Madrid supone “un gran éxito del movimiento antinuclear”.

Los ecos de la decisión anunciada en Madrid por el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, también fue bien recibida por los gobiernos vasco y navarro. La consejera vasca de Desarrollo Económico e Infraestructuras, Arantxa Tapia, valoró este anuncio como “una buena noticia”, aunque advirtió de que “hay que ponerse a trabajar para paliar los efectos negativos” que tendrá sobre el empleo. En este sentido, Tapia pidió un plan de reindustrialización para los municipios del entorno de Garoña, así como “una planificación” sobre lo que ocurrirá cuando se termine el ciclo de vida de las centrales nucleares españolas, que se producirá entre 2023 y 2028. Para el consejero de Medio Ambiente, Iñaki Arriola, la denegación de la autorización es “una medida lógica y obligada”, dado que la instalación había agotado de largo su vida útil y su reactor correspondía a una generación ya obsoleta. “Independientemente de las valoraciones que puedan hacerse desde el punto de vista de la seguridad y del sistema energético, el cierre de la central es una buena noticia desde el punto de vista ambiental”, manifestó Arriola. Asimismo, expresó su esperanza en que la decisión sobre la central burgalesa limítrofe con Euskadi permita “abordar el debate pendiente en nuestro país sobre el modelo más sostenible y eficiente de energía, teniendo en cuenta no solo los factores económicos sino también los medioambientales”.

Tardanza en el Estado A nivel del Estado, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos alabaron la decisión pero censuraron “el tiempo perdido”, el “retraso” y “tardanza” del Ejecutivo de Mariano Rajoy en deshojar la margarita. Varios dirigentes optaron por reaccionar ante el cierre definitivo de Garoña a través de Twitter. Fue el caso de la presidenta del PSOE y exconsejera del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Cristina Narbona, quien escribió en un tuit: “Garoña cierra, a pesar de los esfuerzos del Gobierno PP por mantenerla, cambiando prácticas del CSN. Años perdidos para crear empleo alternativo en la comarca”. También el secretario de organización de la formación morada, Pablo Echenique, publicó en la red social: “Ya era hora. La lucha ciudadana sirve, sirve y sigue. Porque ahora hay que conseguir el cierre de las demás”. Por su parte, el secretario general de Izquierda Unida, Alberto Garzón, retuiteó la cuenta oficial de su partido que escribió: “Enhorabuena a todos los colectivos y compañeros/as que dijeron #GaroñaNiDeCoña”.

Movimientos sociales Para el activista antinuclear, Alberto Frías, portavoz de Araba sin Garoña la manifestación del 18 de marzo en Gasteiz significó el “acta de defunción” de la central más antigua del Estado. “Ha quedado claro que la unidad de acción que hemos mantenido desde hace veinte años ha servido. Garoña se ha parado por la presión popular y la movilización”, apuntó Frías en declaraciones a este periódico. Con el objetivo fundamental “cumplido”, Araba sin Garoña se da “desde ahora mismo” por “disuelta”, según avanzó el activista, quien sin embargo recordó que colectivos ecologistas como el que él mismo representa (Lurra Sarea) se mantendrán vigilantes con la gestión de los residuos nucleares de la central. Así lo confirmó ayer el movimiento ecologista Eguzki, que remarcó que “habrá que estar alerta” para que la central, “en contrapartida, no “se convierta en un cementerio nuclear”, porque en los Presupuestos Generales del Estado de 2017 existe una partida para instalar un almacén temporal de residuos radiactivos en la propia planta. “Del mismo modo, habrá que denunciar cualquier intento de Nuclenor de recibir compensaciones, de manera directa o indirecta. Paralelamente, hay que reivindicar una alternativa socioeconómica para la zona”, remarcó Eguzki, para el que el que el cierre de Garoña es “una gran victoria que hay que saber valorar en su justa medida”.

En el ámbito estatal, otros colectivos antinucleares como Ecologistas en Acción o Greenpeace también celebraron el anuncio del cierre “tras cuatro años y medio de incertidumbre”. Sin embargo, el portavoz del primero de estos colectivos, Francisco Castejón, advirtió de que Garoña “ha servido para abrir el camino a la prolongación del funcionamiento del resto del parque nuclear”, por lo que llamó a la sociedad civil a mantenerse alerta por la presencia de otras siete centrales nucleares en uso.

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