Editorial

Llanto por Venezuela

La violencia ya es un componente más de la crisis política y social de Venezuela y ninguno de los pasos dados en las últimos días hará sino empujar la discrepancia hacia el riesgo real de enfrentamiento civil

Martes, 1 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:08h

VENEZUELA tiene Asamblea Nacional Constituyente y por el camino ha perdido la calidad democrática de un modelo de representación política capaz de canalizar la discrepancia legítima. A cambio, el proceso lanzado por el régimen ha sustituido de facto lo que fueron los claroscuros de los primeros años del chavismo por un nuevo régimen, el madurismo, cuya acción lleva al país al borde del enfrentamiento civil. El presidente Maduro está sustituyendo las características fundamentales de un modelo democrático por una estructura vertical en la toma de decisiones, irrespetuosa con la separación de poderes y orientada a la eliminación de la práctica política en igualdad de derechos y libertades. Ese, en primer lugar, es el motivo por el que el proceso constituyente venezolano no responde a la necesidad de establecer un sistema político representativo que garantice los derechos y libertades individuales y colectivos. Lo que Maduro está construyendo en Venezuela es otra cosa diferente de la democracia aunque utilice a una parte de la sociedad para confrontar con otra en las urnas. No es un problema de si las elecciones del domingo han atraído a ocho millones de venezolanos, como sostiene el Gobierno en busca de legitimidad, o a dos y medio, como reprocha la oposición. Las cifras pueden aportar un componente de cantidad que refuerzan los discursos de unos y otros pero, en la práctica no sustituyen una realidad preocupante: desde que perdió las elecciones legislativas, Maduro ha acreditado que no admitirá que se le haga oposición en los parámetros del marco constitucional venezolano. De hecho, sectores del chavismo militante han abandonado a Maduro por su utilización del poder público, la instrumentalización de los órganos de Justicia y la acumulación de poder que no ha servido para frenar el profundo empobrecimiento del país. El presidente, en su huida hacia adelante, actúa con un tono guerracivilista mientras Venezuela corre el peligro de convertirse en un estado fallido. También la oposición a Maduro corre el riesgo de perder el control de los grupos cada vez más violentos que pueden ser el detonante de un conflicto social que ya ha hecho de esa violencia uno de sus componentes identificadores. El desmantelamiento institucional que protagoniza Maduro para evitar el control democrático roza ya un estallido en las calles que pueden acabar inundadas por el llanto de los venezolanos. Y su sangre.

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