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Crónicas del frente

La asociación cultural Harresi de Balmaseda recopila en un libro noticias de periódicos afines a los dos bandos que narraron en artículos “muy bien escritos” el avance franquista hacia la villa en 1937 y cómo lo vivió la población

Un reportaje de Elixane Castresana - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:08h

‘Pikizu’, presidente de la asociación.

‘Pikizu’, presidente de la asociación. (E. Castresana)

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‘Pikizu’, presidente de la asociación.La caída de Balmaseda, contada en tres periódicos. Fotos: Harresi

DEL Heraldo de Zamora:En Vizcaya, por efecto del temporal de aguas, no se ha operado, habiéndose presentado 526 milicianos vascos con armas. En Vizcaya, los rojos evacuaron Valmaseda. Las columnas nacionalistas avanzan por el noroeste, aproximándose a Sodupe, importante nudo ferroviario, y cortando las comunicaciones por calzada y ferrocarril”. Un ejemplo de cómo relataba la prensa franquista la aproximación de sus tropas a Enkarterri después de hacerse con Bilbao recogido en el libro que acaba de publicar la asociación Harresi de Balmaseda. El colectivo cultural rescatado de los archivos portadas y artículos de ambos bandos en un intento por reconstruir cómo transcurrieron aquellos diez días, entre el 19 y el 29 de junio de 1937.

La cantidad de información que salió a relucir en las sesenta entrevistas grabadas hasta la fecha para recuperar la memoria histórica de la localidad alentó la curiosidad de Pikiku, presidente de Harresi y el director del Museo de las Encartaciones, Javier Barrio, que colabora en el proyecto, por contrastar ciertos datos en publicaciones editadas durante la Guerra Civil. Aunque trataron de mantener la imparcialidad consultando diarios de los dos bandos, “hallamos más material de los nacionales, mientras que los republicanos se encontraron con muchos problemas de papel, que les obligaron a reducir la paginación a una sola hoja impresa por las dos caras”, detalla Pikizu, presidente de la asociaciónHarresi. Aparecieron textos “muy bien escritos, en los que se exageran las victorias y se minimizan las derrotas, pero en las que no hemos encontrado contradicciones”. Los relatos inciden en el sufrimiento de la población civil, “que se alimentó durante meses de pan negro;la gente se moría de hambre por las calles”. También dieron con múltiples referencias a Santander, “donde terminó mucha gente de Balmaseda que intentaba escapar y fueron devueltos en camionetas una vez los franquistas entraron en la ciudad”.

Las detalladas descripciones revelan que quienes permanecieron en Enkarterri trataron de entorpecer el camino de los nacionales derribando los puentes sobre el Kadagua. “Desaparecieron prácticamente todos entre Bilbao y Balmaseda en una semana de lluvias torrenciales, pero los franquistas viajaban con ingenieros que instalaban estructuras provisionales”, desvela. “Hay que tener en cuenta que el ejército tomaba posiciones en los puntos elevados que dominaban las poblaciones y luego continuaba por las carreteras hasta entrar en los núcleos urbanos”, precisa.

El 29 de junio de 1937 “más de mil soldados entraron en la plaza de San Severino, donde les esperaba un grupo de gudaris que se rindió”. Al día siguiente “la aviación republicana bombardeó Balmaseda, que cerca estuvo de ser arrasada por la presa de Ordunte, ya que “intentaron volarla”. Más tarde, “el frente se estabilizó, retiraron efectivos de esta zona para llevarlos al centro de España”.

Batalla de KolitzaFue entonces cuando se intentó recuperar terreno en la batalla que se libró en el Kolitza. El historiador local Txomin Etxebarria, asiduo colaborador de la asociación Harresi, detalla en su libro sobre la Guerra Civil en Balmaseda, que va a ser reeditado, cómo los mandos militares republicanos del Ejército del Norte prepararon una doble ofensiva en los sectores de Bizkaia y Asturias. Cuenta también que las bombas mataron a seis miembros de una misma familia cerca del barrio de Pandozales y que los primeros ataques, el 27 de julio, dañaron la ermita. Al final, “murieron más de 200 gudaris y muchos más resultaron heridos y evacuados a Karrantza”. A ellos hay que añadir las víctimas civiles que se llevó por delante la operación.

Txomin y su difunto hermano Jesús hablaron con testigos directos de la guerra y la posguerra cincuenta años después del golpe militar. “Fuimos pioneros”, evoca el investigador. “Aunque parezca extraño por tratarse de un periodo muy cercano, pocos trabajos lo han abordado”, incide Pikizu. Desde hace cuatro años ha plasmado en casi cien horas de conversaciones los recuerdos de sesenta supervivientes de entre 60 y 101 años, algunos ya fallecidos.

También creó una página web, a cuyo contenido se podrá acceder próximamente. Y restan datos por descubrir. La asociación Harresi prepara una segunda parte del libro sobre la guerra vista desde la prensa y no descarta ahondar en la sociedad de posguerra, donde la picaresca se utilizaba como arma para intentar salir de la miseria. En este sentido, “Balmaseda se convirtió en la capital del estraperlo con mercancía que se transportaba en el tren”.

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