en la calle Colón de Larreátegui

Un aniversario de Goya

De biblioteca a papelería, ESTE NEGOCIO BILBAiNO encierra en 75 años de historia clientes de lujo y curiosas anécdotas que son parte de la historia de este país

Un reportaje de A. Rodríguez - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Álvaro, Susana, Mapi y Alejandro Prieto regentan, junto a su hermano Gonzalo, la papelería librería Goya.

Álvaro, Susana, Mapi y Alejandro Prieto regentan, junto a su hermano Gonzalo, la papelería librería Goya. (Óskar González)

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Álvaro, Susana, Mapi y Alejandro Prieto regentan, junto a su hermano Gonzalo, la papelería librería Goya.

ABRIÓ sus puertas para prestar libros por 7 pesetas al mes y el producto más caro que ha vendido ha sido una pieza de escritura de la marca Caran d’Ache de 6.000 euros. La papelería Goya, todo un referente enraizado en la calle Colón de Larreátegui de Bilbao, cumple 75 años de historia con cinco hermanos, nietos del fundador del negocio, a las riendas y muchas caras conocidas entre sus clientes, desde el lehendakari, Iñigo Urkullu, al arquitecto Frank Gehry, los artistas Antonio López y Jose Ibarrola o los deportivos Aitor Ocio, Ernesto Valverde, Javier Clemente o Andoni Zubizarreta. “Por la web hemos servido pedidos a algún miembro de la Casa Real”, apunta Alejandro Prieto, uno de los socios, mientras su hermana Mapi incluye en la lista a “los de Mocedades”.

La semilla de este negocio la sembró en 1942 Jesús Prieto abriendo un pequeño comercio de préstamo de libros al que bautizó como Biblioteca Circulante Troya. “En la posguerra, salvo para un grupo de clientes más selectos, no era fácil poder comprar ejemplares y la clase media los alquilaba”, explica Alejandro, quien detalla que se contemplaban sanciones para quienes incumplieran los plazos de devolución de los tomos, en su mayoría novelas.

A finales de los años 50, con unas pérdidas de 40.000 pesetas de la época, Jesús se vio abocado a cerrar el local, pero su hijo Julián salió al rescate. “Con 21 años y estudiando 1º de Ingeniería, mi aita decidió tomar las riendas y tratar de darle un giro, aun a costa del disgusto que supuso para su padre”, reconoce Alejandro. Desechada la idea de mantenerlo como biblioteca, rebautizó el local para no anclarlo al pasado, pero con un nombre de similar fonética, Goya. El material escolar y de oficina fue poco a poco poblando las baldas del comercio, cuyo fondo de libros fue donado a la biblioteca del Club Deportivo de Bilbao. “A los pocos años ya pudo comprar la lonja en la que se encontraba de alquiler y, gracias al éxito del nuevo negocio, adquirir los locales contiguos de la Colchonería del Norte y abrir una copistería”, cuenta Alejandro.

Con la vista puesta en el futuro, la primera copiadora a color de Bizkaia se instaló en su negocio, por lo que no es de extrañar que acudieran a él desde todas las instancias. “Hemos tenido que trabajar para la Ertzain-tza a puerta cerrada por la noche para fotocopiar ciertos documentos confidenciales porque solo nosotros disponíamos de la maquinaria para poderlos reproducir. También temas judiciales que se han tenido que hacer bajo secreto”, señala. Imposible recabar más detalles. “Poníamos la maquinaria a funcionar, pero lo que fotocopiaban no podíamos verlo, no sé qué tipo de casos eran”. En el centro reprográfico Goya saben lo que es trabajar contrarreloj. De hecho, en las elecciones generales, tras el cierre del escrutinio a la una de la madrugada, preparaban el dosier de prensa con los resultados finales que se presentaba a los medios a las ocho de la mañana. “Llegábamos por los pelos”, dicen.

También recurrían a sus servicios, apunta por su parte Gonzalo, otro de los hermanos, diseñadores de moda y “grandes artistas como Waconigg, creador de los patrones de las telas Gastón y Daniela”. “Muchos cortinones de Euskadi no saben que nacieron de la creatividad de un genio y de nuestras primeras copiadoras a color”, comenta. Fueron asimismo los primeros, dice, en “traer al norte un Mac destinado a las artes gráficas. Tenía 3 megabytes de almacenamiento, un monitor en blanco y negro y por aquel entonces era capaz de hacer las delicias de los maquetadores. Los diseños había que guardarlos en disquete”, precisa para datar el invento.

Hitchcock con PhotoshopEntre sus clientes tampoco han faltado directores de cine, como Álex de la Iglesia. El maestro del suspense, sin embargo, no llegó a comprar en su local, aunque algunos lo diesen por cierto. “En una ocasión se hizo una campaña de publicidad en la que se veía a Alfred Hitchcock enfrente de una de nuestras tiendas. Hubo más de un cliente que pensó que había estado en nuestra papelería comprando. Fue un montaje realizado con Photoshop. Hace unos 20 años nadie estaba acostumbrado a ese tipo de montajes y fueron bastantes los que se creyeron la película”, da su palabra Gonzalo.

En las últimas décadas la empresa no ha hecho sino crecer, multiplicando su plantilla de 3 a 65 trabajadores y sus 30 metros cuadrados iniciales hasta más de 2.000, sin contar con sus dos pabellones industriales junto al aeropuerto. La clave de su éxito, predica Alejandro, “ha sido apostar siempre por la calidad y la atención al cliente, con un personal altamente cualificado que hace lo posible por conseguir lo imposible”. Con esa filosofía, heredada de su padre, dicen, han hecho frente tanto a los bazares como a las grandes superficies. “Las compras en bazares se notaron en su momento, pero creo que ya nos hemos dado cuenta de que de barato en los chinos, nada de nada. Yo he visto productos de primeras marcas más caros que en Goya”, asegura Susana, otra de las hermanas, quien cita, como otro de sus puntos fuertes “conseguir las listas completas de libros de texto” u ofrecer descuentos para familias numerosas. Especializada en bellas artes y escritura de lujo, Goya dispone de una tienda on line con más de 30.000 referencias. Todo eso, concluye Alejandro, sin olvidar “la papelería librería, que es ya un icono. Goya lo tiene todo”, presume. Al menos, 75 años de trayectoria.

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