KEN JACOBS

“En una película normal, la profundidad pasa desapercibida”

El Guggenheim expone ‘Los invitados’, de Ken Jacobs, figura imprescindible del ‘underground’ cinematográfico

Maite Redondo - Viernes, 28 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Ken Jacobs posa con su obra ‘Los invitados'.

Ken Jacobs posa con su obra ‘Los invitados'. (Oskar González)

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Ken Jacobs posa con su obra ‘Los invitados'.

BILBAO. Ken Jacobs (Nueva York, 1933) iba para pintor pero pronto descubrió el misterio artístico que encierran los fotogramas. ¿Por qué ver la realidad en dos dimensiones cuando se puede explorar la tridemensionalidad y dar a las obras de arte sensación de profundidad?, se preguntó con 17 años. Jacobs, figura imprescindible del underground cinematográfico, tuvo sus primeras experiencias artísticas con el expresionismo abstracto, el movimiento artístico en el que él mismo se formó de la mano de Hans Hofmann. Cuando descubrió la cámara, decidió pasarse al cine pensando que desde él podía hacer una aportación más original al arte y hacer cosas “totalmente nuevas” con la experimentación de las imágenes.

“A mediados de los años 50 comencé a hacer un documental sobre un mercadillo judío abierto que me recordaba mucho a mi niñez en Brooklyn. Cuando realicé el montaje, la peli tenía 28 minutos y me dijeron que solo tenía que tener 10, decidí que lo mío tenía que ser el cine underground”, explicó ayer Ken Jacobs durante la presentación de su obra Los invitados(2003), en el Guggenheim Bilbao. Acompañado de su inseparable compañera de vida y trabajo, Flo, del director general del museo, Juan Ignacio Vidarte, y del comisario Manuel Cirauqui, el artista recordó sus inicios hasta convertirse en uno uno de los exponentes más importantes del cine experimental a nivel mundial.

Jacobs encarna una incombustible búsqueda artística que le ha mantenido en la primera línea de la vanguardia del cine desde que empezara su carrera a finales de los años 50 y hasta el día de hoy. Ha tomado parte en legendarios colectivos como el Film-Makers’ Cooperative y The Bleecker Street Cinema. Tras fundar con su esposa y colaboradora habitual el Millennium Film Workshop, en 1966 y dirigir su primera obra de referencia (Tom, Tom, The Piper’s son, 1969), llevó sus investigaciones hacia un campo progresivamente abstracto, dominado por la ilusión de profundidad y los modos en que esta es manipulada a través del cine. “En una película normal, la profundidad pasa casi desapercibida, no tenemos una comprensión de la profundidad, pero sí una ilusión”.

Profundidad

Los invitados,que se puede ver en el Guggenheim hasta el 29 de noviembre, es una pieza, de 74 minutos de duración sobre una filmación original de los hermanos Lumière, realizada en 1886 con ocasión de la boda de la hija de uno de ellos. La acción discurre muy lentamente, debido al salto de los fotogramas superpuestos por Jacobs, a quien ha ayudado en su realización su esposa y su hija, que ha compuesto la música de la cinta que, en muchos momentos, mantiene el crepitar que producían los proyectores antiguos cuando reflejaban las imágenes sobre la pantalla. Para contemplar la obra, el espectador debe de ponerse unas gafas de visión en 3D, que se entregan a la entrada de la sala. Así las distintas partes del cuerpo de los personajes avanzan y retroceden de una manera que parece independiente del movimiento lógico de la imagen, convirtiendo el trabajo cinematográfico en una experiencia hipnótica.

”Gracias a los dos ojos, tenemos dos puntos de vista ya que cada ojo ve las cosas en diferente plano y no hay profundidad, ya que ésta se produce al juntarse ambas imágenes en el cerebro”, explicó. ”Si no tienes esa doble percepción de las cosas que te aportan los dos ojos, no vas a ver en profundidad. El principio sobre el que he trabajado para llevar a cabo esta obra, es el de utilizar un fotograma tras otro, con lo que el movimiento lo crea el desplazamiento de los personajes retratados en la cinta. De esta forma, en esta obra vais a ver algo como un espacio roto, fracturado”. “Los invitados está llena de contradicciones, me parece una completa locura y no creo que nunca hayáis visto nada parecido”, agregó.

El trabajo de Jacobs se ha podido ver en la Berlinale, los festivales de cine de Londres, Hong Kong, Nueva York, el Whitney Museum y el MoMA. Entre sus obras, se encuentra también Star spangled to death, un filme de siete horas de duración, “que supone un recorrido por la historia más triste de Estados Unidos, una América opulenta, que quería dominar al resto del mundo”, como describió el propio artista. Rodó el filme con las películas de 16 milímetros que la gente tiraba a la basura. “Yo no tenía dinero, era material de archivo y fotogramas rodados con Jack Smith”, explicó.

Jacobs ha dejado también su huella en los nuevos directores, ya que ha enseñado durante casi medio siglo en Binghamton College y ha contado entre sus alumnos con Art Spiegelman. “Al principio, vivimos en unas condiciones paupérrimas. Con las películas no me podía ganar la vida, pero la enseñanza me permitió vivir de esta profesión”, confiesa. Incansable experimentador, Jacobs creó dispositivos de proyección como el sistema nervioso y a partir de 2000, la linterna mágica nerviosa. Hoy, a partir de las 19 horas, se podrá ver en el museo una performance del artista, en la que presentará esta máquina de ilusionismo de su propia invención. Cine en estado puro.

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