Miembro del grupo de teatro de La Orconera

Coser hacia el escenario

Esperanza Abarrategi, vecina de Trapagaran, colabora de forma activa con el tejido social
Miembro del grupo de teatro de La Orconera apoya también el concurso de vestido de diseño

Emilio Zunzunegi - Jueves, 27 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Aunque nacida en Berango, Esperanza Abarrategi vive desde muy niña en Trapagaran.

Aunque nacida en Berango, Esperanza Abarrategi vive desde muy niña en Trapagaran. (Foto: E. Z.)

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Aunque nacida en Berango, Esperanza Abarrategi vive desde muy niña en Trapagaran.

Trapagaran- Nacida un 16 de marzo en el municipio de Berango, Esperanza Abarrategi Artaza, Espe, es, como buena piscis, una mujer cariñosa, amable, simpática y, sobre todo, sosegada y altruista. Quinta entre los tres hermanos y tres hermanas del matrimonio formado por Martín y Agustina, dos baserritarras de Martiartu, Esperanza llegó de niña a Trapagaran, donde sus padres compraron caserío y tierras que dedicaron a la explotación agrícola y ganadera. “Mis padres tenían vacas y bueyes, cerca de 200 ovejas, yeguas y animales de granja como cerdos o gallinas”, recuerda esta inquieta mujer, que de pequeña quiso ser ingeniera agrónoma. “Sin embargo, eran otros tiempos y mi padre, que pensaba que las mujeres no tenían que perder el tiempo estudiando, se cerró en banda y tan solo pude hacer la enseñanza elemental en las escuelas de Ugarte”, señala esta abuela que siempre luchó para que sus dos hijas, Jaione y Leire, estudiaran lo que les apeteciera.

Frustrada por no cursar los estudios que ella soñó en sus adolescencia, encaminó su inquietud hacia el mundo de la costura, con la que aprendió sobradamente el manejo de la aguja y el hilo. “Me casé con 22 años y con lo que sabía de costura yo les hacía la ropa a mis hijas y algunas cosas para mi marido y para mí”, comenta esta risueña amama de tres nietos -Itsasne, Josu y June-, que son ahora mismo la alegría de su casa, aunque declara ser muy celosa de su independencia.

Inquieta “Muchas veces me dicen que vaya con ellos, pero yo prefiero estar un poco a mi aire”, apunta esta apasionada hortelana. Además, combina esta afición -cultivada desde la infancia- con su participación en una grupo local de teatro que ensaya en el club de jubilados La Orconera y con la recuperación, junto a varias amigas;del antiguo concurso del vestido barato -hoy denominado vestido de diseño - que este año cumplirá la quinta edición y forma parte del programa de las fiestas patronales que Trapagaran dedica a San Ramón Nonato. “Antes, en la Margen izquierda había mucha afición allá por los años 50, 60 y 70 y en pueblos como Portugalete se daban premios de hasta 5.000 pesetas -de las de 1968- para el primer premio”, indica esta mujer que agradece de manera especial el decidido apoyo económico que proporciona el Ayuntamiento de Trapagaran. “Sin la colaboración del Ayuntamiento, que este año repartirá 1.200 euros en cuatro premios, no sería posible llevarlo a cabo porque para las costureras necesitan ese estímulo económico, ya que las creaciones, que deben ser originales, exigen inversiones importantes en telas, pasamanería, botonaduras o cremalleras”, indica esta mujer quien mantiene muy viva en su memoria a su pequeña hermana Maricarmen que falleció muy niña por las complicaciones de una quemadura ocurrida en el hogar familiar, en Durañona. “Ella hubiera podido ser lo que quisiera por su gran capacidad y su carácter inquieto y decidido”, resalta esta abuela que cree ver en su pequeña nieta June -4 años de tierna pólvora- grandes similitudes con su hermana “sobre todo por su capacidad de razonamiento. El otro día comió pescado y apartó un poco al final como para no comerlo y de repente lo puso de nuevo en el medio y me dice. ¡Bueno, me lo voy a come a ver su así poco a poco llego a los aros!, en referencia a unos aros que había en un parque infantil al que fue con su hermano mayor que, claro, si llegaba”, ríe complacida esta enemiga del rencor y adalid de la ayuda a los demás. Y es que durante mucho tiempo estuvo enfadada con su padre por no dejarla estudiar, pero después no dudó en acogerle en su casa durante más de veinte años.

Esta dedicación, que se sumaba a la de su propia familia e incluso a la breve aventura de dirigir una mercería en Trapagaran, sin duda restó tiempo para afrontar aficiones como el teatro que Espe, ocultaba y que llena parte de su agenda. “Llegué por casualidad. Me dejé las llaves y no podía entrar en casa y mis hijas no estaban, así que una amiga me animó a que la acompañara a los ensayos en la asociación de amas de casa. El director me preguntó si me animaba y hasta hoy”, señala esta polifacética mujer cuya mayor ilusión es “actuar en mi pueblo, en Berango”.

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