“¿Y si vuelven a por mí?”

El miedo atenazó a Saioa y no se atrevió a denunciar su agresión. Desde Clara Campoamor recuerdan que es importante hacerlo... “sin avergonzarse”

Un reportaje de Laura Fernández - Miércoles, 26 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Concentración de protesta en el parque de Los Hermanos de Barakaldo celebrada el pasado jueves tras el intento de agresión sexual a una joven durante las fiestas de El Carmen.

Concentración de protesta en el parque de Los Hermanos de Barakaldo celebrada el pasado jueves tras el intento de agresión sexual a una joven durante las fiestas de El Carmen. (Foto: Juan Lazkano)

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Concentración de protesta en el parque de Los Hermanos de Barakaldo celebrada el pasado jueves tras el intento de agresión sexual a una joven durante las fiestas de El Carmen.

Y si vuelven a por mí? Esa es la pregunta que Saioa -nombre ficticio- se repetía una y otra vez. Una joven que no olvidará las fiestas de Barakaldo de hace cuatro años. Entonces tenía 19 años y con el paso del tiempo no consigue olvidar el día en que fue víctima de una agresión sexual. El miedo se aferró a ella y no denunció los hechos. Hoy en día se plantea si hizo lo correcto. Por eso, desde la Asociación de Clara Campoamor recuerdan lo importante que es denunciar y arropan al a víctima: nadie se tiene que sentir “avergonzada” por pedir ayuda.

“Al final de la noche hubo un momento en que me quedé sola, fueron muy pocos minutos. Me crucé con un grupo de cuatro chavales y me violaron”, relata a DEIA con un hilo de voz esta joven que prefiere resguardarse en el anonimato. La cuadrilla de Saioa nunca falla a las fiestas de Barakaldo y siempre va “en piña” a todos los lados. De hecho, suelen ir a los conciertos y después van directos a las txosnas. “Cuando las cierran vamos a la zona de los bares de Zaballa”, explica.

Lo que nunca imaginó Saioa fue el momento tan “indescriptible” y “aterrador” que vivió segundos después de perder a su cuadrilla tras pararse a hablar con una conocida. “Mi cuadrilla siguió andando. Cuando me despedí de mi amiga, empecé a andar muy rápido”, recuerda. No porque notase que alguien le estaba siguiendo sino porque “ya es costumbre” para ella andar “aligerar el paso” cuando se ve sola en fiestas “aunque el sitio al que vaya esté cerca”.

Estaba cruzando el parque Europa cuando, con el móvil en la mano, notó que alguien le tocaba para decirle algo. Se giró. “¿Estás perdida?”, escuchó. Quiso correr hacia el bar donde estaban sus amigos. Quiso escapar, pero se vio acorralada [eran cuatro chicos].

“Comencé a notar que me tocaban la cintura”, recuerda con la voz temblorosa. “Intenté darles patadas, golpes en la cara...”, pero fue en vano. A partir de ahí confiesa que tiene los recuerdos “bastante” borrosos. Notó cómo intentaban desabrocharle el cinturón a pesar de que ella tenía la mano puesta en esa zona para intentar evitarlo. Cayó rendida al suelo, con la ropa rota y heridas por todo el cuerpo. “Cogí el teléfono del suelo porque me lo tiraron y llamé a una de mis amigas para que viniese”. No se lo podía creer. “Yo no sé qué pintas tendría, pero tengo la cara de mi amiga grabada en la mente”.

“¿Pero qué te ha pasado? ¿Quién ha sido la bestia que te ha hecho eso?”, fueron las dos preguntas que su amiga le hizo entre lágrimas.

El siguiente paso habría sido acudir a una comisaría a denunciar. Su amiga le insistió “una barbaridad”, pero el miedo se apoderó de ella. Estaba aterrada por si volvían. Hoy en día se cuestiona si hizo bien en no denunciar porque sabe “perfectamente que eso hubiese sido lo correcto”;pero prefiere superarlo a su manera. “Dicen que el tiempo lo cura todo y espero que así sea”, anhela.

A pesar de haber pasado cuatro años todavía hay momentos en que le retornan aquellas sensaciones. Tiene que hacer “un gran esfuerzo” para intentar que le condicionen “lo menos posible” su día a día. “Desde entonces, las cosas me afectan más, detalles minúsculos que me duelen en el alma”.

La importancia de denunciar

Blanca Estrella Ruiz preside la asociación Clara Campoamor desde que fue legalizada en 1985. Nadie mejor que ella sabe cómo se sienten las jóvenes agredidas porque ha tratado con cientos de ellas. Pese a ello, hace hincapié en la importancia que tiene denunciar cualquier agresión sexual o sexista.

“Es necesario que cuando se dé un caso se acuda de inmediato a la Er-tzaintza para poner la correspondiente denuncia”. “Nunca es tarde”, se reafirma, “aunque haya pasado tiempo desde la agresión”.

Es por ello que pide a las mujeres que se les “grabe en la mente que ninguna se puede sentir avergonzada” por acudir a pedir ayuda, ya sea ante la Ertzaintza o a cualquier asociación que trabaje con mujeres afectadas por violencia sexista, “porque la víctima nunca es culpable de que haya personas sin corazón ni sensibilidad”.

Denunciar es una manera de pedir ayuda y lo que está pasando durante las fiestas no es “ninguna broma”. Si denuncia una sola mujer ya es suficiente para que las jóvenes “tomen medidas y precauciones”. Alzar la voz para conseguir ganar la guerra que, tristemente, cuesta vencer.

“Nunca es tarde para denunciar los hechos”, insiste. Sobre todo, si se tiene algún testigo del hecho. “Por respeto a sí mismas y a su propia dignidad es muy interesante hacerlo. Denunciar es un derecho propio de la víctima para ayudarse a sí misma y contribuir en la guerra que abruma a las víctimas y a la sociedad”.

Por otro lado, y en relación al pacto de Estado contra la violencia de género que estudia el Congreso de los Diputados -200 medidas y 1.000 millones de euros para los próximos cinco años-, Ruiz tiene su propia aportación: “Una garantía para que las mujeres agredidas tengan confianza cuando denuncian sería que, después de que el agresor cumpla su condena, se garantice a la víctima que el atacante estará vigilado. Una orden de alejamiento, por ejemplo”. Y critica que “la Justicia está dejando a las víctimas, sobre todo a las más jóvenes, un poco abandonadas”.

Blanca Estrella Ruiz anima a las mujeres jóvenes a ser cautas, a tomar sus precauciones. “Lo primero es su propia seguridad”. A su juicio, divertirse de forma segura no es ir en contra de la libertad o de la personalidad de la persona: “Es sentirse responsable de su vida y de su integridad”. Por eso incide en que nunca hay que avergonzarse por tener precaución ni por querer sentirse segura”, explica.

Ante las críticas de que se está metiendo miedo en exceso a las jóvenes, la presidenta de Clara Campoamor se defiende: “¡Pues claro que hay que meterles miedo! porque es un tema muy serio”.

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