en el kilómetro 21,8 de la C-14

Un vecino de Irun y un niño mueren al chocar su coche

Fallecieron en Tarragona en un siniestro en el que resultó grave otro menor

Ana Úrsula Soto - Lunes, 24 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

El siniestro mantuvo cuatro horas cortada la C-14, a la altura de Alcover, Tarragona.

El siniestro mantuvo cuatro horas cortada la C-14, a la altura de Alcover, Tarragona. (EFE)

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El siniestro mantuvo cuatro horas cortada la C-14, a la altura de Alcover, Tarragona.

Donostia- La desgracia se cebó ayer con dos familias de Irun. Un trágico accidente de tráfico ocurrido en Tarragona se saldó con la muerte del irundarra de 40 años Unai Sagarzazu, quien viajaba con su hijo U. S., que resultó herido grave, y con el amigo de este, Lander Amaral, de 14 años, quien lamentablemente también falleció. El accidente se produjo a las 7.33 horas en el kilómetro 21,8 de la C-14, a su paso por Alcover. Como consecuencia del brutal golpe, el conductor del turismo, Sagarzazu, y el joven Amaral perdieron la vida en el acto, mientras que el hijo de Sagarzazu, así como el conductor del microbús, resultaron heridos graves. Tras el primer choque, además, una furgoneta, cuyo conductor resultó herido leve, colisionó con los dos vehículos siniestrados. La vía, que une Salou con Adral, estuvo completamente cerrada en ambos sentidos durante cuatro horas.

Este trágico accidente truncó de manera brutal las vacaciones de la familia Sagarzazu (Unai, su pareja, y sus dos hijos) y del joven Lander, quienes estaban disfrutando de unos días de asueto visitando lugares como el Aquopolis de La Pineda o Park Aventura en Vila-Seca. Y la noticia corrió también como la pólvora por Irun, donde residían los fallecidos, y por Hondarribia, ya que Sagarzazu tenía muchos vínculos con la ciudad bidasoarra. Fue un “mazazo” para quienes le conocían.

Unai Sagarzazu siempre había estado ligado al deporte, sobre todo al balonmano, aunque de profesión era electricista. “Era muy listo jugando. Trabajaba al 100%, y era amigo de todos. Como persona era muy noble”, le recordaba Miguel Ángel Izquierdo, quien lo conoció ya con 10 años en el Bidasoa. Y también conoce a su hijo Unax, que resultó herido grave, al que también le había dado clase. “Es como si fueran mis hijos”, señalaba.

Respecto a Lander Amaral, también era un joven deportista, en en este caso aficionado al fútbol que jugaba en la categoría Infantil de Honor del Behobia. Su entrenador, Andoni Oyarzun, le recordaba como un chaval “muy habilidoso con el balón”, además de ser un “joven tímido, pero muy majo y educado”. “Tenía toda la vida por delante”, reflexionaba apenado.

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