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Todos exquisitos

Por José Ramón Blázquez - Lunes, 24 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Columnista José Ramón Blázquez

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Columnista José Ramón Blázquez

mE da pudor escribir de esa parte de la oferta televisiva cuya repercusión es inversamente proporcional a la minoría que la disfruta. Es como hablar del caviar beluga entre indigentes. Una pedantería. ¿Cuántos hogares tienen suscripción a la tercera temporada de Twin Peaks y a la séptima de Juego de tronos? Ni se sabe. Por lo menos tienen que ser clientes de Movistar, Euskaltel u otras plataformas digitales, en las que la tele viene empaquetada junto con Internet, el móvil y el teléfono fijo, a razón mensual de 70 euros, y, además, abonarán un suplemento de entre 7 y 12 euros para acceder al canal específico. Algún día incluirán también los periódicos, se lo prometo. La gente hace jactancia de las infinitas emisoras que le llegan, pero cantidad no es calidad, ni da para presumir. Juan Manuel de Prada, con su retórica neocatecumenal, rugió hace poco contra estas series porque “se han convertido en la coartada del analfabetismo funcional que quiere dárselas de cultureta”. El autor de Coños se cree el inquisidor de guardia.

Vistos los primeros capítulos de Twin Peaks, se confirma como la obra suprema del surrealismo cinematográfico de este siglo. David Lynch ha creado un monumento simbólico que no es preciso comprender, solo disfrutar, desde la insensibilidad afectiva de los personajes a la ferocidad de algunas escenas, pasando por el regalo musical en los finales. Juego de tronos ha ascendido a la cumbre de las obras maestras por su equilibrio entre una historia oscura, lo mágico y los efectos especiales. La aportación de los paisajes de San Juan de Gaztelugatxe, Zumaia y, próximamente, Barrika, nos emocionan por vernos transfigurados en su universo.

Al rescate de los menesterosos sale ufana la piratería, la buena, la de autoconsumo. Es el nuevo Robin Hood, que democratiza la cultura y comparte la riqueza artística. Tanto hablar de las maravillas de esas series y otros prodigios, que a la gente se le han puesto los dientes largos. Quiere marisco, no solo patatas. Gracias a Internet ya podemos ser todos exquisitos.

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