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Landa reclama el amarillo

A un segundo del podio final del Tour, ocupado por el campeón Froome, Urán y Bardet, el murgiarra pretende regresar a los Campos Elíseos de París para vestir el maillot de líder

César Ortuzar - Lunes, 24 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Chris Froome representa con los dedos sus cuatro triunfos del Tour de Francia ante la presencia de Mikel Landa, que pasará a ser su rival.

Chris Froome representa con los dedos sus cuatro triunfos del Tour de Francia ante la presencia de Mikel Landa, que pasará a ser su rival. (Foto: Afp)

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Chris Froome representa con los dedos sus cuatro triunfos del Tour de Francia ante la presencia de Mikel Landa, que pasará a ser su rival.

Bilbao- La tierra prometida de Landa no es un lugar, es una idea: libertad. El deseo del alavés es ser el oráculo de su propio destino. Por eso, la foto de familia que el Sky se sacó en los Campos Elíseos pintados de amarillo, donde Chris Froome se coronó por cuarta ocasión -le acompañaron en el podio final Rigoberto Urán y Romain Bardet-, tuvo el color sepia que producen las despedidas. Foto de fin de carrera. La maleta de Landa quiere postales de triunfo en lugar de fotos de equipo rodeando a Froome de amarillo. Ese color que pudo ser suyo o al menos lo soñó durante el Tour. “Tengo piernas, pero no galones”, proclamó durante la carrera francesa el alavés, que se quedó a un solo segundo del podio. Landa se ha jurado no repetir esa frase. Nunca más. Tal vez las piernas le nieguen algún día, pero no la jerarquía. Landa se enroscó al podio como componente del Sky, como otro eslabón más de la cadena de montaje de la factoría británica. Landa quiere romper esas cadenas. Gane o pierda, que sea él quien se ocupe del porvenir. El de Murgia peleará por retratarse en el futuro en la orla del podio de París, que le quedó colgando a un segundo tras completar una carrera fantástica, excitante desde el prólogo hasta el epílogo. Landa desea volver vestido de líder a París. “Ojalá pueda volver vestido de amarillo el año que viene”, dijo en la avenida más rutilante del ciclismo.

El fascinante cierre en Marsella, donde el alavés completó la crono de su vida, certifica el potencial de Landa, un ciclista ambicioso que imagina un mejor horizonte desde su fantástico presente. Landa se siente preparado para asaltar grandes cumbres, monumentos como el Tour o el Giro. En la carrera francesa solo un chasquido y el freno de su equipo le desbarataron de la dicha. En el Giro de 2015 no se le resistió el podio, aunque también tuvo que plegarse ante las órdenes de su escuadra. Esas traumáticas experiencias han apresurado a Landa, que lo quiere todo y lo quiere ya. Por eso, camino de los Campos Elíseos, amagó con atacar a Bardet para robarle el segundo que les separó miles de kilómetros después de Düsseldorf. Una nota de humor a un Tour que le ha dejado triste, con aire melancólico. Landa siempre atacó con fogueo. La pólvora en el Sky estaba reservada para Froome. Landa era su chaleco antibalas, no un francotirador. A pesar de ese peso extra, Landa se ha disparado en el Tour desde las alturas.

Landa nació en Murgia, rodeado de montañas. Mecido por el aire fresco que desprende el abrigo de Gorbea, la montaña sagrada. En ese ecosistema de libertad, Landa creció con la sensación única de no responder ante nadie salvo a los designios de la naturaleza. De ahí su ciclismo salvaje. Landa sube montañas y se explora a sí mismo. Desde el club ciclista Zuyano descubrió el ciclismo que le contaron en casa. El de Paco Galdos y sus peleas con Merckx, Thévenet o Van Impe. La cordillera vital de Landa no se entiende sin un sumatorio de montañas: el Santuario de Oro, Lagunas de Neila, Cortals d’Encamp, Monte Bondone, Madonna di Campiglio, Aprica, Piancavallo, Stelvio... En todas ellas ha dejado su profunda huella, su inconfundible rúbrica. Ese es el legado de Landa y el anuncio de que puede ser uno de los grandes. Desde esa pasmosa facilidad para levitar donde a otros se les atornilla la carretera, se ha impulsado en el Tour, colosal su tránsito en el Galibier, Peyragudes o Izoard. Altares del ciclismo. En todos ellos Landa demostró sus pies de gato montés. En el Sky se los cosieron a Froome. Sastrería británica.

A Landa no le convence el corte inglés, el que le supedita a Froome. Abandonará esa isla, claustrofóbica, Brexit. Un mar de oportunidades ante un ciclista que da zancadas de gigante y que aparece como el hombre guía del ciclismo estatal, toda vez que la luz de Contador es cada vez más tenue. Landa es el relevo a una generación y deberá de convivir con más presión. Su respuesta como líder queda por ver. Su indiscutible calidad en la montaña y su enorme progresión en la contrarreloj le sitúan como una alternativa seria a asumir grandes retos. En su horizonte Movistar asoma como su destino más probable. “Tenemos el deseo de que se pueda confirmar el 1 de Agosto”, expuso Eusebio Unzué, mánager del Movistar, en Eurosport. Desprendido del retrovisor y del freno que le capó en el Astana, primero, y en el Sky, después, Mikel Landa se aproxima a la próxima frontera: confirmarse como un gran líder. La mejor posición para reclamar el amarillo.

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