CIEN EN 2016

Casi 350 menores atacaron a sus padres en cuatro años

Un programa de ayuda de la Diputación Foral les atiende para tratar de eliminar su agresividad

E.P. - Domingo, 23 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Un menor simula un ataque físico a una mujer en la cocina de una vivienda.

Un menor simula un ataque físico a una mujer en la cocina de una vivienda. (José Mari Martínez)

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Un menor simula un ataque físico a una mujer en la cocina de una vivienda.

BILBAO. El programa de intervención familiar especializado en violencia filio-parental de la Diputación foral de Bizkaia atendió el pasado año a cien adolescentes agresores, lo que supone un aumento del 43% con respecto a los setenta adolescentes asistidos en 2013. Una estadística que indica en los últimos cuatro años íntegros casi 350 menores se volvieron violentos con su aitas y parientes cercanos.

Según informaron fuentes de la institución foral a Europa Press, el programa fue puesto en marcha en diciembre de 2008 con la finalidad de dar respuesta al grave problema de la violencia filio-parental, “cada vez más relevante en nuestra sociedad, por el aumento no sólo de su frecuencia sino también de su intensidad”, indicaron.

La iniciativa de ayuda foral ha tenido desde su puesta en marcha una creciente demanda. En 2013 se atendió a setenta adolescentes agresores, 68 madres, 34 padres y treinta hermanos, mientras el año siguiente aumentó a 82 agresores, 76 madres, 44 padres y 42 hermanos. En 2015 fueron 96 los adolescentes agresores atendidos, 91 madres, 58 padres y 44 hermanos.

Durante 2016 fueron atendidas en el programa un total de 311 personas, correspondientes a 97 familias, en las que un centenar de adolescentes y jóvenes ejercían violencia sobre 97 madres, 59 padres y 54 hermanos. Un total de trece agresores asistidos el pasado año tenían entre 10 y 13 años de edad;28, entre 14 y 15 años;45, entre 16 y 18 años, y 14, entre 19 y 21 años. De todos ellos, 71 eran varones y 29 mujeres.

El perfil del adolescente atendido es el de un hombre (71%) de entre 14 y 18 años (73%) que vive en su hogar familiar (88%), y que es hijo único (aunque también hay un elevado porcentaje de primeros y segundos). Esta menor ejerce una violencia contra sus padres principalmente tanto de tipo físico como psicológico.

A nivel formativo, mayoritariamente se encuentra escolarizado dentro de la enseñanza obligatoria o en algún curso de bachillerato y en un alto porcentaje ha repetido algún curso, no llevando un rendimiento académico acorde a su edad. También destaca el número de adolescentes que están realizando algún tipo de curso de Iniciación Profesional entre los atendidos.

Este programa aborda la violencia de los adolescentes que agreden a sus madres y padres u otros familiares con los que viven bajo el mismo techo. El abuso ejercido por los menores va desde el plano físico pasando por el psicológico e incluso llegan al económico.

La intervención de los servicios forales es integral con la familia, orientada a modificar el modelo de relación instaurado en la dinámica familiar y a facilitar el aprendizaje de un modelo de relación y de comunicación “más sano y satisfactorio”. El objetivo último de todo ello es, evidentemente, que desaparezca la violencia en las relaciones familiares.

Para ello, ofrece atención psicoterapéutica y educativa a la familia, realizando una valoración general y particular de su dinámica, para llevar a cabo una intervención global, a nivel individual, grupal y socio-comunitaria adaptada a las características de cada caso.

Prevenir la violencia Dentro de los diferentes programas psicoeducativos trabajados destaca el de prevención en violencia de género y el de la violencia en las relaciones de pareja adolescentes por su carácter específico. La perspectiva de género subyace como eje central en la orientación y en el desarrollo de todos las demás actuaciones.

También cobra especial importancia la denominada Escuela de padres y madres para las familias que toman parte en el programa. Tras la valoración inicial y en función de sus necesidades especificas se trabajan otros programas como son el entrenamiento en habilidades sociales y asertividad;control de la ira y manejo de la ansiedad;prevención de drogodependencias;elaboración de un plan de emergencia y autocuidado o la educación emocional.

Cada intervención dura un año con sesiones semanales o quincenales a la que sigue una fase de seguimiento de otro año en el que se mantienen contactos cada tres o cuatro meses. - E. P.

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