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Aniversarios, manipulación y ‘choque de trenes’

Por José Luis Uriz Iglesias - Miércoles, 19 de Julio de 2017 - Actualizado a las 10:43h

Columnista Jose Luis Uriz

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Columnista Jose Luis Uriz

SE acaban de cumplir aniversarios de hechos que marcaron estas fechas para siempre, especialmente vistos desde la influencia que tuvieron en su devenir en aquel instante. Por orden cronológico, el primero fue el 8 de julio de 1978. 39 años han separado aquel drama de la época actual. 39 años en los que a pesar de los intentos no ha existido olvido, tampoco perdón, porque siempre debe ir ligado a la justicia y ésta aún no se ha aplicado. Recuerdo aquella fecha que se quedó grabada en mi memoria como si fuera hoy. Como cada año, había acudido desde Madrid a Sanfermines. Era un ritual, como una manera de no alejarme de mis raíces.

Ese 8 de julio, estaba en la plaza de toros de Pamplona, en la parte de arriba de sol, con la peña San Juan, con la que acudía regularmente hasta hacerme de mi peña actual, Muthiko Alaiak. Vi salir la pancarta de Amnistía con la entrada de los txikis al final de la corrida y, a los pocos minutos, como si de una pesadilla se tratara, un numeroso grupo de grises a toda velocidad, sacudiendo a diestro y siniestro.

Me fijé en un mando con pistola en mano, los rifles de los gases y pelotas y toda una plaza protestando de manera airada. Entrar así ante más de 20.000 personas con una dosis de alcohol elevado a esa altura de la película, no se le ocurre a cualquiera. ¿Fue deliberado? ¿Se deseaba provocar lo que ocurrió? Era un momento convulso del inicio de la transición y aún no se han esclarecido estos pormenores, aunque sospecho que sí, que se intentaba provocar graves incidentes como los que ocurrieron.

Después indignación, cabreo, heridos, ataques de ambas partes, confusión, las fuerzas del orden sitiadas en el Gobierno Civil, rumores de un muerto por bala, más indignación, llegada de refuerzos, contraataque... Un día negro. Suspensión de las fiestas, luto, consternación, ansias de conocer la verdad, de que se hiciera justicia que aún hoy reivindicamos y esperamos al igual que el castigo a los responsables de aquel desvarío. Una fecha negra para la memoria colectiva.

Otras fechas trágicas son las que van desde el 10 al 12 de julio de 1997. Este año se cumplió un aniversario redondo, los veinte años del secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco.

También recuerdo esa tarde en la plaza de toros y la noticia corriendo como un reguero de pólvora. Una impresión profunda, con un toque de esperanza. No lo harán, seguro que no lo harán, nos repetíamos con el vano deseo de que al final solo fuera una bravuconada, que serían algo menos salvajes y sanguinarios de lo que fueron realmente. Nos equivocamos, ETA cumplió su amenaza, Kantauri decidió su asesinato. Dos disparos en la cabeza.

A partir de ahí, más indignación, una explosión de cabreo ante la mirada atónita de quienes hasta ese instante les vitoreaban. Pamplona expresó con contundencia su condena y en muchos sectores de la izquierda abertzale se abrió una grieta que probablemente les llevó a su final. Al menos, como se les conocía hasta ese terrible acontecimiento.

Ese 13 de julio se produjo una catarsis colectiva, de alguna manera nos asesinaban a todos y cada uno de nosotros, o al menos intentaron hacerlo. Se equivocaron y lo que lograron fue que se perdiese el miedo, algunos hacía años que lo habíamos perdido, pero esa día esa sensación fue colectiva, apabullante.

Hay imágenes que siempre quedarán grabadas en la memoria de esta sociedad, como esa puerta del Ayuntamiento llena de pañuelos rojos y velas encendidas. Era una especie de grito desgarrador ante la sinrazón y el síntoma de que hasta ahí habíamos llegado.

Antes, dos días de tensión. Quizás el lugar donde más afectó lo ocurrido esos días, además de Ermua, fue en Pamplona. Una ciudad en fiestas en shock, perpleja. Hubo mucho silencio esas 48 horas, no había ganas de juerga, mucho menos después de conocer su muerte cuando entrábamos en la plaza el penúltimo día de las fiestas.

Suspensión de la corrida, enfrentamientos, debate sobre si se debían suspender los Sanfermines o no... dolor, mucho dolor.

Después de veinte años, conviene no olvidarlo aunque estemos en otro momento de nuestra historia muy diferente. Y ha resultado triste observar que el oportunismo político del PP nuevamente ha intentado arrimar el ascua a su sardina. Da la sensación de que algunos con ETA vivían mejor. Lamentable.

Visto desde hoy parece una pesadilla, pero ocurrió, ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco lo mismo que la policía a Germán Rodríguez. Ambos en Sanfermines...

Pero ya pasaron, ahora nos queda un verano enfrentados a la cruda realidad de una fecha clave, el 1 de octubre, en la que se prevé, si nadie lo evita, un choque de consecuencias imprevisibles entre dos trenes que caminan por la misma vía uno hacia el otro a una velocidad de vértigo.

La dura confrontación Estado-Catalunya es la herencia de un problema sin resolver desde nuestra Transición;las tensiones centro-periferia. Quizás la existencia de ETA, que obligaba a dirigir las miradas hacia Euskadi ignorando a Catalunya, haya tenido algo que ver con la situación actual.

Eso... y una serie de errores del PP, comenzando por el movimiento que dio lugar a la sentencia del Tribunal Constitucional contra un Estatut que gozaba de un apoyo casi unánime.

¿Realmente existe alguien capaz de evitarlo? ¿Cuáles serían las condiciones mínimas para lograrlo? ¿Cómo buscar una alternativa que satisfaga a la inmensa mayoría de la ciudadanía catalana, pero igualmente a la española? ¿Qué ocurrirá si nuevamente cerramos la herida en falso?

Quizás alguna respuesta esperanzadora la podamos encontrar en la vuelta de un renovado Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE y en la declaración firmada en Barcelona con el PSC de Miquel Iceta del pasado viernes. Reflejaba la influencia que en este nuevo PSOE tienen personajes de la talla de José Antonio Pérez Tapias, Andrés Perelló, Manu Escudero o Tezanos. Especialmente el primero, que durante años ha teorizado sobre la necesidad de abrir un proceso constituyente que nos lleve a un Estado Federal Plurinacional.

Explorando también la vía del artículo 92 de nuestra Constitución para poder satisfacer la demanda del “derecho a decidir”, que debiera ser una de los derechos fundamentales en nuestro país. En su apartado 1 señala: “Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”. Una interpretación flexible e inteligente podría dar lugar que ese “todos” se refiriera a “todos” los ciudadanos catalanes. ¿Por qué no? La clave aquí sería pues la palabra “consultivo”. Pero para eso haría falta una gran dosis de generosidad por ambas partes, con el fin de lograr un amplio acuerdo que contemple el compromiso de que, si en esa consulta, con arreglo a nuestra Constitución, el resultado es favorable a la independencia, en un plazo razonable, que podría ser cinco años, se produjeran las correcciones necesarias para hacer un referéndum legal decisorio y, si fuera negativo, dejar zanjado el tema al menos por el mismo periodo de tiempo.

Todo ello debiera ir acompañado de un nuevo pacto fiscal que de alguna manera fuera equiparando en ese tiempo a Catalunya con Navarra y Euskadi.

En definitiva, como señalaba el desaparecido y lúcido Enrique Curiel, siempre preocupado por lo que pasaba en Euskadi y Catalunya, ser capaces en este país de construir una casa común con diferentes pisos independientes, donde seamos capaces de sentirnos cómodos todos.

¿Evitaría esto ese choque de trenes? Probablemente, sí. Como dijo Gemma Nierga, hoy purgada por Prisa, al final de la manifestación contra el asesinato de Ernest Lluch, precisamente en Barcelona: “Señores políticos, ustedes que pueden, dialoguen”. ¿Seremos capaces de hacerlo? Surgen serias y razonadas dudas. Pero la aparición de ese nuevo Pedro Sánchez más el nuevo clima de entendimiento con Podemos, puede favorecerlo. Solo falta que en la otra orilla surja un personaje de peso que ayude. ¿Un nuevo y sensato Oriol Junqueras que ya se siente el nuevo president? Quizás… Desde luego, la desaparición de Jordi Baiget, Neus Munté, Jordi Jané, Meritxell Ruiz o Francesc Homs, sustituidos por halcones, no ayuda.

* Exparlamentario y concejal de PSN-PSOE

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