Esther Barragán pertenece a la familia más antigua de Pobeña

Esther, la llama de una saga

Nacida en 1928, Esther Barragán pertenece a la familia más antigua de Pobeña

Etxekoandre y creyente, estuvo a punto de morir en Ibarrangelu en la Guerra Civil

Emilio Zunzunegi - Viernes, 14 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:16h

Esther Barragán es un mujer querida y admirada en Pobeña, donde su familia vive desde el siglo XVI.

Esther Barragán es un mujer querida y admirada en Pobeña, donde su familia vive desde el siglo XVI. (Foto: E. Zunzunegi)

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Esther Barragán es un mujer querida y admirada en Pobeña, donde su familia vive desde el siglo XVI.

Muskiz- Nacida el 10 de marzo de 1928 en la casa familiar del barrio de El Corro en el pueblo de Pobeña, Esther Barragán Pérez es el baluarte de la familia más antigua aposentada en este barrio del valle de Somorrostro, que hoy se conoce como el municipio de Muskiz. “A mí se me hace difícil no hablar de Somorrostro“, apostilla esta mujer cuyas raíces en este enclave del oeste vizcaino se remontan al siglo XVI. “Un amigo de la familia llegó a encontrar una fe de bautismo de nuestros antepasados fechada en 1517, que curiosamente, aunque era nacido en Pobeña fue bautizado en la iglesia de San Julián de Musques”, relata esta candorosa mujer, que pudo sobrepasar los nueve años de edad gracias a que un aldeano de Ibarrangelu les arrojó a ella y otros tres niños contra una de las tapias del cementerio para librarles del ataque de las balas alemanas, que ese día bombardearon Gernika en el transcurso del alzamiento fascista de 1936.

“Nosotras habíamos ido ese día al colegio y la cosa ya estaba complicándose. Recuerdo que al salir de clase la maestra nos indicó a mi prima, a mí y a dos compañeros de clase que cogiéramos el camino de casa en el barrio de Bedarona, en EA. Íbamos hacia casa y pudimos ver a los pilotos que volaban muy bajo. Incluso les veíamos las gafas”, rememora esta etxekoandre, que se casó con Teodoro Zabala Leturio, hijo de padre de Elantxobe y madre de Elorrio, con el que tuvo cuatro hijos, tres varones y una hija, que hoy día vive en el caserío familiar en el barrio de El Corro, como se conoce en Pobeña, aunque postalmente sea el barrio Morenillo.

“Aquel aldeano estaba segando en un prado cerca del cementerio, y algo debió oír porque tiró el dalle y vino corriendo hacia nosotros. Nos agarró a los cuatro y nos arrojó contra la tapia. Como sería, que el dalle quedó hecho un colador con la balas que disparaban los aviones”, recuerda esta mujer cristiana, que sigue manteniendo intacta su pasión por la Virgen del Socorro y la cueva de San Pantaleón y un enorme orgullo para su abuela materna, Analia, que la crió en sus primeros años de vida, cuando su madre Conce, tuvo que hacerse cargo del caserío familiar y de su propia madre impedida.

Amama“Mi abuela empezó a trabajar en la fábrica de conservas de Garavilla. ¡Como la querían a mi abuela, que cuando llegaban los barcos, porque Garavilla ya tenía vendido el pescado, venía a donde mi abuela para preguntarle a quién llamaba para hacer la descarga!”. Sin embargo, esta luchadora, referente de la Esther pobeñesa, supo aprovechar la oportunidad de entrar a trabajar en la fábrica de platería de Gernika “que era un trabajo para todos los días, no como la pesca, que solo era para cuando entraban los barcos con la faena”, matiza Esther, una pobeñesa que el pasado domingo durante la recreación Pobeña 1890fue distinguida por la relación que su familia ha tenido durante generaciones con el pasado minero de de este enclave vizcaino. “Hay incluso un paraje en Pobeña que los del lugar conocen como La Bárcena, que se refiere al lugar donde mi bisabuelo, Bárcena Etxebarria, anclaba el lanchón con el que transportaba el mineral de hierro hasta las ferrerías de Urdax”, recuerda esta mujer, que en el día del homenaje no pudo retener las lágrimas porque a la alegría de verse rodeada de su familia -tres hijos que le han dado seis nietos y dos biznietos- no pudo evitar el recuerdo a su hijo Juan Miguel, fallecido cuando acababa de cumplir los 19 años en un accidente de tráfico.

Dotada de una gran vitalidad y una vívida memoria de su pueblo, Esther acumula gran cantidad de anécdotas y, al mencionar el impuso popular de Pobeña para recuperar la ermita del Socorro, edificada sobre la cueva de San Pantaleón, revive un singular episodio. “Hace muchos años por aquí venían gitanos que traían objetos, como cestos de mimbre que cambiaban por productos como patatas. En una ocasión, una gitana dio a luz en la cueva de San Pantaleón a un niño al que se le puso de nombre Pablo, y cuyos padrinos fueron Pablo Serrano y Concha Villanueva”, señala esta pobeñesa de pro.

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