tour de francia 2017

A Contador le duele el Tour

Se cae dos veces camino de Pau antes de los Pirineos, donde según Froome la general “se perfilará aún más”

César Ortuzar - Jueves, 13 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Contador, con el culotte rasgado, trata de meter la cadena mientras Gogl se retuerce en el suelo.

Contador, con el culotte rasgado, trata de meter la cadena mientras Gogl se retuerce en el suelo. (Foto: Afp)

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Contador, con el culotte rasgado, trata de meter la cadena mientras Gogl se retuerce en el suelo.

Bilbao- Contador es un lamento, apósitos, abrasiones, sangre en el manillar y una carrocería abollada en Pau. El dolor corporal le llega hasta la mente. El madrileño se sienta sobre un diván. “Psicológicamente, este Tour me está poniendo al límite”, reflexionó Contador, que se cae a pares. De dos en dos. Como si la carrera quisiera descabalgarle. Cocea la Grande Boucle al madrileño. “No creo en la mala suerte, pero ya van demasiadas caídas”, dijo Contador, al que le arrastra el asfalto. En la travesía del Jura, donde se estrelló Porte, Contador se fue al suelo en el Col de la Biche cuando bajaba. Más tarde cayó tras engancharse con Quintana en el Mont du Chat mientras subía. A Contador le está costando mantenerse de pie sobre un Tour salvaje.

En el tránsito sosegado hacia Pau, el madrileño también besó el asfalto en dos ocasiones. La brea y Contador son inseparables en esta edición del Tour, que se asemeja demasiado al de la pasada edición, donde el goteo de caídas le sacaron de la carrera. Ayer, la primera caída le sorprendió en el avituallamiento. Allí también acabaron por los suelos Fuglsang y Cataldo. El italiano, uno de los alfiles de Aru, se tuvo que retirar por una lesión en la muñeca izquierda. El danés pudo reincorporarse. No fue esa la única caída de Contador. A una brazada de Pau, el madrileño se raspó. Otra vez íntimo de las caídas. Jarlinson Pantano y la hilera de coches rescataron al madrileño. Le custodiaron hasta el pelotón con la etapa lanzada. Contador no perdió tiempo en meta. No le penalizó el reloj, pero el Tour le muerde con saña. Ha hecho presa en él y no le suelta. Le come la moral.

“Ha sido un día complicado, de estos que no sabes como van a salir las cosas y nos hemos ido al suelo”. Los días en Contador, que soñaba con la altura del podio del París, acaban en el suelo, un recordatorio de un Tour a “contrapié” que liquidó sus opciones en el aserradero del Juro, una carnicería. En el Mont du Chat, el madrileño se quedó clavado, pedaleando en el aire, en la nada. Contador se desinfló, corto de fuerzas y de oxígeno, en una carrera que no hace prisioneros. En el Tour no hay lugar para la Convención de Ginebra ni los tratados de paz. El Jura sacó a empujones a Contador. Le derribó. Noqueado.

Ocurre que el madrileño es obstinado, peleón, valiente e irreductible. “Quien piense que me voy a dar por vencido no me conoce. En vez de pensar en otros objetivos hay que ser más fuertes y tener más determinación”, argumentó Contador en la antesala de los Pirineos, el jardín botánico de Chris Froome. El Tour del madrileño es una selva repleta de plantas carnívoras. Un calvario, una carrera que le tira por los suelos. Contador es piel de asfalto. “Tengo un golpe fuerte, uno en la cadera bastante fuerte”, describió el madrileño, que se cayó cuando su compañero Michael Gogl tuvo un problema con la cadena y encadenó a Contador. De nuevo al sótano. Su idea primigenia de correr al asalto en los Pirineos, cuyas dos etapas se abren paso hoy y mañana, ha caducado por culpa de las caídas. “Esto no ayuda, habrá que esperar a los Alpes, pero la moral la tengo siempre alta, sobre todo por toda la gente que me demuestra su cariño”, discurrió.

Controlar la carreraLa vida de Froome por el Tour discurre con calma, parapetado en el blindaje del Sky. En Pau, el británico vistió el maillot de líder por 51ª ocasión, un día más que Jacques Anquetil en sus cinco victoriosos Tours. Si Froome alcanza París pintado de amarillo también habrá superado las jornadas en las que Indurain fue líder de la carrera francesa en su mágico lustro. Chris Froome gobierna el Tour y quiere liquidarlo en los Pirineos. El líder piensa que las dos jornadas pirenaicas servirán para peritar las opciones de unos y de otros. “Tenemos dos finales en alto pendientes y mañana (por hoy) es uno de ellos. Definitivamente creo que va a ayudar a perfilar la general aún más”, expuso Froome, que controla la carrera sin los márgenes de antaño. Desde su atalaya, el británico observa a Fabio Aru a 18 segundos, a Romain Bardet a 51 y a Rigoberto Urán a 55.

El Tour está más prieto y Froome no quiere que asomen viejos enemigos. “Vamos a tratar de que nadie alejado en la clasificación vuelva a estar cerca”. Además de controlar a Aru, Bardet y Urán, sus principales rivales, mantener alejado a Quintana es una de las prioridades para el británico, que, de momento, ha descontado a Porte, a Contador y al colombiano, dispuesto a volver al cuadrilátero. “Si tengo fuerzas atacaré”, apostó Quintana, convencido de que en los Pirineos “se va a ratificar quienes están adelante. Puede que alguno falle y que yo pueda estar bien”. También maneja la idea de la ofensiva Bardet, que ayer se cayó dos veces. Chapa y pintura. “Estoy listo para librar la batalla. Voy a dar el máximo, va a ser una etapa maratoniana con un perfil de los que me gustan”, amenazó el francés.

Froome es consciente de que está en la diana. El líder se protegerá con el escudo del Sky, cuya misión pasa por dominar las jornadas de los Pirineos, un terreno ideal para que los equipos afilen el cuaderno táctico y busquen rendijas en el Sky. “Trataremos de controlar la carrera para nuestros intereses desde el principio y si podemos eliminar rivales, mejor”, anunció Froome frente a una etapa que eleva el mentón en los últimos 50 kilómetros, en el que se apila su mayor dificultad. “No tengo por qué ser yo el que tenga que atacar, pero eso lo vamos a ver en carrera, sobre la marcha”, subrayó el británico que sonríe en el Tour que le duele a Contador.

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