tour de francia 2017

Día de tiranos en Bergerac

Kittel, sublime, vence escapado el sprint para sumar su cuarto triunfo en el Tour, donde Froome luce el amarillo tantas veces como Anquetil

César Ortuzar - Miércoles, 12 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Kittel arrancó con mucha fuerza y nadie le pudo seguir.

Kittel arrancó con mucha fuerza y nadie le pudo seguir. (Foto: Afp)

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Kittel arrancó con mucha fuerza y nadie le pudo seguir.

Bilbao- En la región de la Dordoña, tierra de viñedos y bucólicos paisajes, con su río amplio que nace en el macizo central, sus bosques de estupendo verde, frondosos, magníficos, se amontonan los castillos majestuosos. En Bergerac se recuerda a Cyrano, que fue poeta, dramaturgo, bon vivant y amante de los duelos de honor. Un par de estatuas festonean al personaje, que también fue filósofo. Cyrano, que murió joven y más pobre que rico, está irremediablemente unido a la ciudad. En Bergerac también se rememora a Jacques Anquetil, elegante francés, un campeón con todo su charme y su glamour, vencedor en 1961 de una crono en Bergerac y del Tour. En el mismo lugar pero en dirección opuesta, Miguel Indurain, otro campeón enorme, aplastó el reloj en una crono larguísima, de 64 kilómetros. Allí ató su cuarto Tour. Era 1994. Entonces la prensa francesa le llamó Tirano de Bergerac.

A Indurain le tomó el relevo Marcel Kittel, que también es grande. Aunque, sobre todo, es rápido, endiabladamente rápido. Más que ningún otro en el Tour, donde sumó su cuarta etapa para un total de trece después de la rutinaria caza de Gesbert y Offredo. En la carrera francesa la velocidad habla en alemán. El idioma de Marcel Kittel, que fue un rayo verde rasgando Bergerac deprisa y corriendo. El velocista germano venció por aplastamiento. Nadie le sombreó. En Nuits Saint Georges compartió plano y centímetros con Boasson Hagen. Fueron dos calcos. Iguales. Kittel tocó la gloria por seis milímetros. En Bergerac fue fotografiado sin que nadie le estorbase la pose. Fotomatón. Su victoria fue tan contundente que llegó escapado una vez arrancó la moto en el sprint. Remontó a una decena de dorsales por el centro y se coronó. Con Sagan y Cavendish fuera del foco del Tour y Démare estrangulado por la travesía doliente del Jura, a Kittel no hay quién le tosa.

SobradoRepleto de confianza, al alemán le alcanzó con el rebufo de Fabio Sabatini, su lanzador. No necesitó vagones de tren. Kristoff, Greipel y Bouhanni, sancionado por malas artes, dispusieron de una formación ortodoxa, la columna por la que impulsarse, pero se estrellaron ante el gigante verde, al que le basta con su descomunal potencia. Sabatini dejó a Kittel en el centro de la carretera y el alemán portentoso se inventó un sprint alucinante. Groenewegen se encendió. También Degenkolb. El holandés tuvo mayor punta de velocidad, pero Kittel se gestionó mejor. Las bengalas de sus rivales se apagaron en la misma medida que Kittel metió el turbo. La arrancada plantó al resto, que supieron que Kittel ganaría porque tuvieron que emplear los prismáticos para verle. En cuanto enfocaron aquel punto verde, Kittel era puro confeti subido en el podio. Un tipo alegre y con tiempo para lucirse. Lo mismo que Froome, con una sonrisa durante y después de la etapa. Un día menos en la oficina. Uno más como líder. Cincuenta días. Los mismos que Anquetil.

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