BILBAO BBK LIVE

Brian Wilson, vibraciones extrañas

El líder de The Beach Boys, limitadísimo vocalmente pero con un gran grupo, convivió con Two Door Cinema Club y !!!

Andrés Portero - Domingo, 9 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El veterano Brian Wilson actuó rodeado de una banda que supo disimular las limitaciones vocales del beach boy.

El veterano Brian Wilson actuó rodeado de una banda que supo disimular las limitaciones vocales del beach boy. (José Mari Martínez)

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El veterano Brian Wilson actuó rodeado de una banda que supo disimular las limitaciones vocales del beach boy.Two Door Cinema Club puso un broche de oro a la noche en Kobetamendi antes de la lluvia.El ambiente del último día no desmereció en la colina bilbaina.

BILBAO- El pop más actual de Two Door Cinema Club y el legado de un grupo ya inolvidable, como más de medio siglo a sus espaldas, The Beach Boys, convivieron en las primeras horas de la última jornada del Bilbao BBK Live, con la presencia del veteranísimo Brian Wilson, limitadísimo de voz pero arropado por un grupo incuestionable. Entre ambos, !!! (Chk, Chk, Chk) hicieron botar a 30.000 personas.

Ya lo habíamos advertido en el Azkena Rock Festival, especialmente en la reciente y última edición, con la presencia de otro mito, John Fogerty. En los festivales no hay brecha generacional y conviven, sin aparente colisión ni fricción, desde los adolescentes a sus padres y, en ocasiones, hasta aitites y amamas. Así sucedió especialmente ayer, por la tarde, con la presencia del veterano Brian Wilson, líder de The Beach Boys.

Un día antes de desembarcar en el mítico Festival de Jazz de Montreux, Wilson salió a escena (ayudado por sus obvios problemas de movilidad) a las 20.20 horas y pisó el acelerador desde el inicio con el aroma playero de clásicos incontestables como la suave California girls, en la que las paradigmáticas armonías vocales de los chicos de la playa volaron sobre el verde de Kobetamendi subrayadas por nerviosas guitarras eléctricas.

A sus 75 años y siempre sentado ante su teclado, Wilson cambió la playa por el monte y demostró desde el inicio que andaba muy justo de voz (lógico, lo extraño es que siga vivo tras sus experiencias con el LSD), pero que el espectacular grupo que lo acompañaba cubría cualquiera de sus múltiples traspiés y problemas para entonar. I get around puso patas arriba al público, antes que sonara la seminal Surfer girl (”la primera canción que compuse”, recordó, carne de guateque lento en los 60), Wild honey y un Sail on, sail de ecos soul.

Varios teclados y guitarras, percusión, las flautas y saxos de Paul Mertens... Nada menos que once músicos (el único joven, el teclista) llevaron en volandas a Wilson hasta la interpretación íntegra de Pet sounds, una obra maestra de la música popular, una epopeya donde el rock, la psicodelia, el pop y el barroquismo (con el añadido de las drogas y el dolor de un compositor joven que se hacía adulto y sufría las incertidumbres del amor) se aliaron y dieron como fruto un disco irrepetible.

Wilson se mostró más que renqueante vocalmente (no ayudó la complejidad de su obra cumbre y se le vió sufrir cada vez que entonaba en solitario) pero magníficamente acompañado por su amigo de juventud y beach boy Al Jardine, que le cubrió siempre, al igual que Blondie Chaplin y el hijo de Al, Matt, sobresaliente con su falsete. Los tres le arrebataron el liderazgo en varias canciones y gracias a ellos y sin sonrojo alguno, se acercó a la emoción con Wouldn’t it be nice (“La mejor canción que he escrito”) con su melodía espléndida;baladas melancólicas comoYou still believe in me;los trazos psicodélicos de I’m waiting for the day;o el preciosismo de God only knows y del único éxito del álbum, Sloop John B.

La guinda a una velada vespertina entrañable y nostálgica, marcada por el buen rollo, las sonrisas y la condescendencia general ante un músico histórico, llegó con el repaso final a uno de los éxitos más coreados y bailados de The Beach Boys. Hasta los nietos (por edad) de Wilson bailaron y corearon Good vibrations, aunque la sensación final resultó ambivalente al ser conscientes de haber asistido a una cita histórica que se vio rebajada por las limitaciones físicas de Wilson, que acabaron extendiendo unas vibraciones no tan buenas hasta entre sus más fieles seguidores.

Actualidad Después del aitite, a medida que caía la noche, la juventud copó el festival. Primero, Chk Chk Chk, grupo estaounidense cuya propuesta quedó clara desde el inicial NRGQ, de su nuevo disco, Shake the shudder. Lo suyo es el funk a piñón, con algo de electrónica y samplers, espíritu punk, coros soul y estribillos pop. Un cóctel arrebatador, que busca (y logró) el baile, la entrega frenética y el sudor. Por cierto, liderado desde el escenario, con los bailes frenéticos de su líder, que en pantalones cortos, fundiéndose con los fans y tirando de falsete, imparable y a mil revoluciones, compartió escenografías y micrófono con una impresionante vocalista de color. Deslumbraron con temas recientes como Dancing is the best revenge y pasados como One girl, one boy o Freedom! 15.

A la hora de cerrar esta edición, el joven trío norirlandés Two Door Cinema Club estaba poniendo patas arriba Kobetamendi con su pop cristalino de consumo fácil, bailable y estribillos certeros con rompepistas de club y festivaleros como Cigarettes in threatre y Bad decisions (donde el vocalista se lució con el falsete), más electrónicos y dance que el indie pop de rescates previos como Undercover Martyn o el esperadoWath you know.

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