BILBAO BBK LIVE

40.000 ‘humanos’ bailan con The Killers

Brandon Flowers arrasó en la segunda jornada del Bilbao BBK Live, que vivió conciertos destacados de Phoenix y Fleet Foxes

Andrés Portero - Sábado, 8 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Brandon Flowers y su grupo ofrecieron un concierto pleno de efectividad y con grandes dosis de comercialidad.

Brandon Flowers y su grupo ofrecieron un concierto pleno de efectividad y con grandes dosis de comercialidad. (Borja Guerrero)

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Brandon Flowers y su grupo ofrecieron un concierto pleno de efectividad y con grandes dosis de comercialidad.

BILBAO. ¿Somos humanos o somos bailarines? Esa es la pregunta existencial que plantea Human, el éxito planetario de The Killers, grupo que reventó la segunda jornada del 12º Bilbao BBK Live con un concierto de pop comercial y apasionado liderado por su resultón cantante, Brandon Flowers, que solventó la disquisición haciendo bailar a casi 40.000 seres humanos bajo la lluvia. Antes, cada uno en su género, calentaron la velada Phoenix y unos emocionantes Fleet Foxes.

Cuentan que los mormones creen que Dios tiene cuerpo humano. Flowers, el maqueado y atractivo líder de The Killers, es mormón, además de una divinidad para millones de jóvenes. Algo que se apreció desde el principio de la salida del cuarteto al escenario a ritmo de Mr Brightside. No sé qué pensará la citada religión sobre el baile, pero el público lo tenía claro porque apareció enchufado y poseído desde el minuto uno, mientras una enorme sonrisa iluminaba la cara del estadounidense al atacar Spaceman.

El grupo, con su líder saltando de un micrófono a otro adicional junto a un teclado (con la icónica letra K como marca) y vestido con una chaqueta con solapas coloristas, se adueñó del enorme escenario bilbaino para ofrecer un repaso apasionado a su discografía, cada vez más accesible, pensada y creada para provocar el baile con canciones certeras de pop generalista (al fin y al cabo, son de Las Vegas) construidas sobre ganchos muy ochenteros (casi AOR), cierta visión épica (a lo U2 de estadio y con ecos de Springsteen) y estribillos y melodías coreables hasta por los txikis de pre-escolar.

En la primera hora del recital, vetado a los fotógrafos y con el resto de asesinos ejerciendo de estatuas sobre el escenario, con un sonido impactante y sin mácula y unos solventes juegos de luces y proyecciones, Brandon ya mostró sus cartas y, junto a una oscura pero nada trágica y con !coros pop!versión de Shadowplay, de los inolvidables Joy Division, grupo en las antípodas mediáticas de los estadounidenses, fue dejando migas de su ya exitosa playlist (ya puestos, en plan moderno).

Sonaron Somebody told me, Smile like you mean it y el estreno de The man, el anticipo de su inminente quinto disco, con un sonido funk marcado, como si Talking Heads estuvieran en Studio 54 jugando a sonar como Bee Gees y arropado por unos coros femeninos que apoyaron puntualmente al cuarteto.

“Muéstramelo, ¿todavía late tu corazón?”, se oyó en su canción bandera, con un mar de almas cantando y botando al unísono Human, una suerte de antecedente en bucle de Despacito. Los botes se recrudecieron con el estribillo de Smile like you mean it y con Runaways. Grandilocuentes, sí;y accesibles, también, pero arrasaron, con El Hombre despidiéndose con otra carta marcada, When you were young.

Dei indie al folk Antes de los cabezas de cartel, Phoenix se afanó (y logró) hacer bailar y cantar a miles de jóvenes con su pop de filiación indie. El crítico sesudo minusvaluría su valor y diría que su música es tan efímera como los helados de pistacho a los que cantan en su último disco. Y tendría razón, pero sus canciones suenan bonitas, melódicas y coreables. Ideales para el tránsito del día a lo noche, como constató ayer Kobetamendi bajo un simirimi inmisericorde, donde sonó con sus teclados de aire oriental, la guitarrera Entertainment, toda una declaración de principios. Con su vocalista al frente y un precioso efecto espejo en el suelo que les proyectaba sobre el fondo del escenario, los franceses ofrecieron un masaje pop fresco y hedonista repleto de guiños a su mejor pasado -Lisztomania provocó bailes desesperados, comoIf I ever feel better- y a un presente sentimental, amoroso y volcado con Italia, con hits incuestionables como J-Boy o el plurilingüe Ti amo, rítmico y muy ochentero, junto a caricias melódicas como Fior di Latte.

Antes, a media tarde y tras el post-rock de Explosions in the sky, entre el lirismo y la intensidad eléctrica, los estadounidenses Fleet Foxes se marcaron el concierto exótico (!trombón y flauta!), lírico y puede que más emocionante del día. Alternando un inicio con canciones de su disco Crack-up, como I am all that I need... y Cassius, con temas de su inolvidable debut, encabezados por White winter hymnal y Ragged wood, regalaron un folk complejo, sí, pero delicioso en su regusto pastoral y muy 70’s, con cumbres armónicas como Third of May/Ôdaigahara y las de Helplessness blues en el agur. No les siguieron miles y miles de fans, ni hubo bailes frenéticos, pero su hora quedará para el recuerdo.

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