Editorial

Y Venezuela sin barrer...

La espiral de violencia provocada por la crisis económica, social y política se encamina a un enfrentamiento civil que ni el Gobierno de Maduro ni la oposición, cada uno movido por sus intereses, se plantean impedir

Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

EL asalto el miércoles a la Asamblea Nacional de Venezuela por un grupo de civiles armados, partidarios del presidente Nicolás Maduro, en el que resultaron heridas numerosas personas, ocho de ellas diputados de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), mayoritaria en la cámara, donde parlamentarios, trabajadores y periodistas permanecieron retenidos siete horas;el ataque de la semana anterior desde un helicóptero contra el Tribunal Supremo y el Ministerio del Interior por un presunto militar rebelde que anuncia ahora nuevas acciones;los continuos disturbios violentos que desde abril se desarrollan en las calles y que han sumado ya al menos 91 víctimas mortales, la mayor parte de ellas manifestantes abatidos por la Guardia Nacional Bolivariana... Todo hace indicar que la gravísima crisis económica, social y política -por ese orden- que atraviesa Venezuela desde 2013, más patente en su aspecto político desde la victoria de la oposición en las elecciones legislativas de 2015, encamina la espiral de violencia hacia un enfrentamiento civil que irresponsablemente ni el gobierno de Maduro ni la oposición se plantean impedir, movidos cada cual por sus intereses. El régimen chavista, porque es consciente de que una vuelta a la pseudonormalidad social e institucional anterior conllevaría la obligatoria convocatoria de elecciones presidenciales en 2018, con un muy evidente riesgo de pérdida del poder al que Maduro no parece dispuesto a someterse. La oposición, por serlo de que el mantenimiento de la tensión y la acumulación de despropósitos antidemocráticos por el Gobierno Maduro incide en el desmoronamiento paulatino del gran apoyo social que el chavismo -la presidencia del desaparecido Hugo Chaves- acumuló, especialmente entre las clases más perjudicadas por la crisis económica y de desarrollo y suministros y, por tanto, proporciona la posibilidad de acabar definitivamente con un gobierno beligerante con numerosos intereses, tanto internos venezolanos como externos. El problema es que unos y otros, aunque con un evidente mayor nivel de responsabilidad del Gobierno Maduro, y la incapacidad internacional para la mediación están condenando a la inanición -económica, social y política- y al conflicto a una sociedad que por décadas no ha estado exenta de violencias, pero que fue la más desarrollada de sudamérica no hace tanto.

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