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seis años como presidente

El mandato en un suspiro: seis años ya

Hoy se cumplen seis años de la fecha en que Josu Urrutia accedió a la presidencia del Athletic. Desde 2011, el club ha experimentado un gran crecimiento y goza de una salud envidiable en todas sus áreas

Un reportaje de José L. Artetxe - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

José Ángel Ziganda saluda a Josu Urrutia en la presentación del navarro como nuevo entrenador del Athletic.

José Ángel Ziganda saluda a Josu Urrutia en la presentación del navarro como nuevo entrenador del Athletic. (Foto: DEIA)

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José Ángel Ziganda saluda a Josu Urrutia en la presentación del navarro como nuevo entrenador del Athletic.

EL tiempo pasa y lo hace para todos. Hoy se cumplen seis años de la entrada en Ibaigane de Josu Urrutia. Solo él sabe si el periplo como presidente se le ha hecho largo, aunque cabe imaginar que respondería afirmativamente porque desempeñar dicho rol debe generar un desgaste acorde a las responsabilidades asumidas, múltiples y de calado la inmensa mayoría. Ahora, desde casi cualquier otro punto de vista que no sea el de Urrutia, puede afirmarse que estos 2.000 y pico días de su mandato se han hecho cortos o, cuando menos, han discurrido bastante ligeros. La impresión se fundamenta en un argumento muy elemental, por obvio, y sin embargo complicadísimo de lograr: hablamos de un período de bonanza en los asuntos capitales del club.

El Athletic transita por una etapa privilegiada y ello contribuye a extender la sensación de que el tiempo vuela. Se diría que fue anteayer cuando Marcelo Bielsa saltaba a Lezama con un niño de la mano y casi ayer cuando se le ganaba al Nápoles mientras, de paso, se celebraba (erróneamente por cierto) la conclusión de la obra del nuevo San Mamés. Pero qué va: el curioso y significativo episodio del rosarino tuvo lugar a mediados de julio de 2011 y lo del campo acontecía en agosto de 2014, pronto hará pues tres años, y hace un rato, como quien dice, ha habido que cerrar el anillo del techo para minimizar mojaduras. La dimensión del tiempo se deforma, por exceso o defecto con relativa facilidad, y en ausencia de problemas o conflictos serios suele pasar volando, salvo para quien queda de guardia, léase los dirigentes.

El Athletic no se reduce al fútbol, a los partidos, los puntos y los goles, posee una presencia importante en la calle que le convierten en referencial en la vida de Bizkaia (y más allá), así como un estatus económico que tampoco le permite pasar desapercibido. Luego, está su singular modo de afrontar la competición, ese empecinamiento en nadar contracorriente que ejerce un poder de atracción y condensa su gran fortaleza, el secreto de su extraordinaria implantación y arraigo en el entorno. La gente aquí es del Athletic y punto, hasta quien no disfruta del fútbol o jamás ha pisado San Mamés se siente identificado con sus colores y valores. Y Urrutia se ha preocupado de desarrollar una defensa frontal de la personalidad que distingue a la entidad que dirige, cuyo fruto acaso se estime más adelante, quizá cuando vengan mal dadas.

El sentimiento El cultivo del sentimiento de pertenencia al club no solo ha llenado gran parte de las horas consumidas por Urrutia ante los medios, también ha tenido su plasmación en la gestión, en ocasiones generando controversia. Por determinadas decisiones ha sido tachado de intransigente, por ejemplo a raíz de las que desembocaron en la marcha de jugadores. Sus detractores no han dudado en señalarle como el adalid de la causa rojiblanca en clave peyorativa, sin lograr con ello apartarle un milímetro de unas convicciones que él asegura haber heredado de su padre, como tantos por otra parte.

Por descontado que esta no es la tarea que le ha podido pasar factura. Las batallas filosóficas le van, no le incomodan en absoluto. Si ahí se siente fuerte, las debilidades tampoco han asomado en el área deportiva, terreno resbaladizo por la diversidad de frentes de que consta y porque, no nos engañemos, a la postre es la que condiciona el quehacer de una directiva. Su dominio de la materia se ha traducido en un elevadísimo índice de acierto. Los criterios sostenidos en la designación de entrenadores y elección de jugadores revelan un profundo conocimiento de las necesidades.

Son seis años con el Athletic instalado donde cabe suponer que le corresponde, aunque jamás había encadenado tal número de campañas con signo positivo. El equipo se ha desenvuelto próximo a su techo, a veces hasta ha llegado a tocarlo;los desvaríos han sido puntuales, muy leves para empañar el balance. Europa, durante tres décadas manjar casi prohibitivo, ha adquirido un cariz rutinario en el menú. Cinco clasificaciones en seis intentos sancionan la solidez del proyecto en una época compleja debido al rumbo adoptado por el fútbol. El reparto más equitativo de los ingresos televisivos irrumpe como un factor crucial y desasosegante porque nunca favorecerá los intereses del Athletic y tiene trazas de institucionalizarse.

La siembraSiguiendo con el capítulo deportivo, conviene apuntar que, resultados al margen, la imagen del equipo ha experimentado un vuelco radical respecto a la etapa precedente y, por supuesto, tampoco aquí cabe apelar a la casualidad. La mano de Urrutia se nota en lo que ofrece o quiere ofrecer el Athletic. El escéptico dirá que algún beneficio tenía que emanar de la condición de exfutbolista del presidente, pero se agradece. Lo último es el ascenso de José Ángel Ziganda y la captación de Gaizka Garitano para el filial.

Se percibe una coherencia en la línea desarrollada hasta la fecha que no se circunscribe a lo actual o lo inmediato. Es imposible separar de lo anterior la reforma integral de las instalaciones de Lezama que ya se ha puesto en marcha. El club, por tradición y porque se ha de amoldar a las dinámicas que agitan el fútbol de élite, está abocado a velar por el producto que moldea en su seno. La cantera, ese concepto casi etéreo y sin embargo tan terrenal, del que nos hemos acostumbrado a opinar con excesiva alegría y con el que cualquiera se llena la boca, asoma como la gran preocupación del presidente.

Equilibrio Sin ruido, Urrutia ha acometido una modernización que la fábrica reclamaba a gritos, una obra con miras a que el club continúe gozando de su principal nutriente. Un planteamiento de futuro apoyado en una estructura financiera boyante, en la que han incidido la venta de futbolistas y una política estricta en el manejo de la caja. El dinero es sagrado para esta directiva, está bien contrastado a estas alturas. No es cuestión de acumular por inercia, Ibaigane debe preocuparse constantemente por la mejora y el crecimiento, gestionar a fin de que la riqueza revierta en el socio. En este contexto ha de meterse el tema de la visera de San Mamés, una herencia maldita que Urrutia no tardó en subsanar.

Acciones de esta envergadura y otras con un evidente trasfondo social, como serían la contención de las cuotas, la labor de la Fundación, el equitativo reparto de entradas con motivo de una final o la impecable distribución de las localidades del nuevo campo, son algunos de los hitos que han jalonado el mandato de Urrutia. Pocas bromas en materia delicada que se han sustanciado en un refrendo abrumador en las asambleas anuales.

Por delante, dos años más para poner a prueba el fondo de Urrutia. A falta de bola mágica, las pautas de gobernación perfiladas en estos seis años que se han ido como un suspiro invitan a la tranquilidad.

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