tour de francia 2017

Aru clava su bandera, Froome ondea su maillot

El italiano conquista la cumbre de La planche des Belles Filles y el británico alcanza el liderato

César Ortuzar - Jueves, 6 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Fabio Aru se encumbró en la Planche des Belles Filles con un ataque demoledor que nadie pudo responder y se presenta como un rival de entidad para el líder Froome.

Fabio Aru se encumbró en la Planche des Belles Filles con un ataque demoledor que nadie pudo responder y se presenta como un rival de entidad para el líder Froome. (Foto: Afp)

Galería Noticia

Fabio Aru se encumbró en la Planche des Belles Filles con un ataque demoledor que nadie pudo responder y se presenta como un rival de entidad para el líder Froome.

Bilbao- Fabio Aru cabecea sus ataques, como si su cuello danzara sobre un muelle y agita la bicicleta a espasmos de alta tensión. Suena a maracas el italiano. Ese ritmo arrítmico, sin armonía ni tempo, pero repleto de electricidad es el modo de anunciarse a grito pelado en la Planche des Belles Filles, la cumbre donde izó su bandera, la tricolor. Campeón de Italia, aspirante al Tour. “No me voy a cansar de atacar a Chris Froome”, dijo en meta. Aru conectó con el ciclismo añejo, aquel que prefería escuchar al corazón y sentir las piernas en lugar de encerrarse en la pantalla del potenciómetro, la religión de estos tiempos, el altar del ciclismo moderno. Froome es el campeón de la era digital. Así que se acurrucó en la pantalla, entre números, para diagnosticarse y agarrar el liderato en la cima de los Vosgos. Tenía cita con la sastrería el británico, que pidió el traje de siempre. El amarillo que tan bien le sienta. El que hace juego con su mirada azul y su pelo rubio. El mismo que vistió en 2013 y que repitió en 2015 y 2016. A Chris Froome le encanta la sastrería clásica.

La bandera de Froome es amarilla. A Aru le envuelve latricolore,la piel del campeón de Italia. Aru tricotó el triunfo con ese tejido de los campeones añejos. El de aquellos que atacaban sin girar el cuello. Los rasgos caricaturescos encierran a un corredor serio con el arrojo suficiente y la fuerza exuberante. Así se deslizó como principal rival de Froome. “Froome es muy fuerte y sé que va a ser muy difícil encontrarle puntos débiles. Pero desde hoy (por ayer) voy a empeñarme en buscarlos”. Aru no pedalea. Lucha. Con ese espíritu de combate, Fabio Aru subrayó su ascendente en la Grande Boucle, que reforzó a Froome, tercero en meta, segundo fue Dan Martin. Entre el aguijonazo de Aru y el resto de favoritos hubo veinte segundos. Froome acumuló más renta respecto a Contador y Quintana, apurados ambos -más el colombiano que el madrileño- y empató con Porte en el primer capítulo de montaña. El día tuvo el aroma de años precedentes salvo por el arrojo del italiano, que dispuso un ataque magnífico a 2,5 kilómetros de meta, una locura en un ciclismo que tamborilea los dedos hasta el triángulo rojo. Aru se saltó la advertencia. Bravo por él.

El italiano decidió voltear el guion de una subida corta pero con entidad suficiente para desencajar rostros, apagar miradas y mostrar costuras. Se horneaba el Tour, al fin crepitando en la canícula del julio francés, iluminado el día por el neón de La Planche des Belles Filles, el paso fronterizo del día. La cima donde en el siglo XVII cuenta la leyenda que se suicidaron las niñas del pueblo para no ser violadas por mercenarios suecos en la Guerra de los Treinta Años. La guerra del Tour es otra. El BMC montó guardia durante todo el día, pero en cuanto asomó la nariz de la cumbre, el Sky entró con la virulencia del Séptimo de Caballería. A toque de corneta. En formación. Ritmo marcial. Sus maillots son blancos, pero ese color no es el de la paz. El Sky dispuso en formación a Kwiatkowski, Henao, Nieve, Landa, Thomas y Froome. El asalto del polaco fue un quejido para el resto. Se descascarilló el grupo y los posteriores pasajes de Henao amontonaron más cenizas. Se puso a dieta el Tour y aparecieron las carnes magras, las pieles tostadas, los maillots a dos aguas, queriendo beber aire, y la agonía. El ritmo del Sky fue un infierno sobre asfalto pegajoso.

En ese escenario, Froome gobernaba sin gestos. Su presencia le alcanza para mandar en su latifundio. Thomas, el líder, que será un peón más del británico a partir de ahora, le acompañaba. Alrededor revoloteaban en silencio Porte, Aru, Martin, Yates, Contador, Quintana, Bardet y Fuglsang. Concentración de luminarias para acercarse al cielo de los Vosgos, un mar azul con el bosque interrumpido por una carretera vertical, con lija y grapadora. Allí se quedó clavado Pinot. Las miradas recaían en Froome y este echaba el ojo a su pantalla. Feliz al galope de Nieve, el último relevista del Sky. El cálculo continuaba el trazado dispuesto en la mesa de los delineantes del acorazado británico, otra vez lozano. Nadie se movía por ese poder hipnótico que produce Froome. El campo magnético del Sky es el Triángulo de las Bermudas.

El impulso de AruEl Tour, que ha pasado varios días gravitando en la página de sucesos, entre accidentes, caídas y polémica, se avivó con el flamígero Aru. El italiano no soportó más la cháchara del miedo escénico que provoca el Sky y arrancó las ligaduras de la omertá. Se avalanzó como un poseso hacia la gloria armado con un arsenal de ambición y su estilo desgarbado, agonístico. Un hombre libre. El movimiento de Aru, fantástico, amortizó a Nieve y convocó el debate entre los favoritos. Yates quiso decir algo, pero la voz cantante la llevó el mejor tenor: Froome. Se encendió el británico y Quintana pidió tiempo muerto. Le siguió Contador, al que le faltó aire. Fuglsang también mendigó auxilio. Bardet se puso rojo para quedarse en blanco. Desencadenado Aru, inalcanzable, Froome compartió ascensión con el dinamitero Dan Martin y con Richie Porte. Volaba el italiano. Después de desgajar al resto, a Froome le dio por pararse, darse una pausa y repasar los rostros. Allí no aparecían ni Contador ni Quintana, que sufrían.

Ese instante de indefinición del británico fue oxígeno para el madrileño y el colombiano. Froome invitó a Porte a que abriera huella, pero el australiano, que parece haber perdido la ventaja psicológica que obtuvo en el Dauphiné respecto al británico, emplazó a Dan Martin, que decidió perseguir una quimera. Se reajustaron Contador, Quintana y Bardet. Fue un amago porque en el extrarradio de la cima, con Aru camino de un rutilante triunfo, otro acelerón les dejó sin capacidad de respuesta. Aru estalló de felicidad. Un grito y un puño al aire a modo de proclama antes de que se manifestaran Froome y Porte, que pactaron tablas. Contador se dejó seis segundos;Quintana, catorce. Ambos esperan buenas noticias del futuro. En el presente, Aru clavó su bandera y Froome ondeó su maillot amarillo.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Información relacionada

Más sobre Ciclismo

ir a Ciclismo »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120