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Por José Luis Artetxe - Miércoles, 5 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Merino, Aketxe, Lekue, Vesga, Unai López y el preparador físico del equipo, en un ejercicio con balón.

Merino, Aketxe, Lekue, Vesga, Unai López y el preparador físico del equipo, en un ejercicio con balón. (Foto: Borja Guerrero)

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Merino, Aketxe, Lekue, Vesga, Unai López y el preparador físico del equipo, en un ejercicio con balón.borrar

NO cuesta imaginar qué es lo que Ziganda dijo el lunes una vez estuvo ante sus jugadores. En la intimidad del vestuario es cuando el jefe se explaya a gusto y seguro que en esta oportunidad no fue distinto. Además, siendo el primer día de trabajo le convenía remarcar aquello que le interesa comunicar, sin rodeos;era sin duda el momento ideal para conseguir que el ambiente que solo se puede respirar entre esas cuatro paredes cerradas a cal y canto para el resto de los mortales quedase absolutamente impregnado del mensaje.

La plantilla lo puede atestiguar, pero la charla privada versó en torno a lo que también captamos quienes seguimos la actualidad del equipo y escuchamos con atención el contenido de la rueda de prensa. Ziganda tenía la opción de diversificar su discurso, preparar uno específico para los futbolistas y delante de la prensa disertar sobre otras cuestiones o poner el acento en algo destinado quizá a halagar los oídos del aficionado, ávido en estas fechas de frases redondas, contundentes.

Sin embargo, no lo hizo. Escogió el mismo discurso y se debe admitir que no le faltó enjundia. No reparó en los interlocutores para introducir variaciones que hubiesen sido comprensibles;consideró que hacer distinciones carecía de sentido, al fin y al cabo si es verdad que todos somos el Athletic, a todos conviene saber qué es lo que piensa el responsable del primer equipo, máxime siendo nuevo.

En fin, que Ziganda nada tenía que ocultar y se mostró muy centrado en el desarrollo de una única idea, quiso hacernos partícipes del plan que ha diseñado y que básicamente consiste en apretar las clavijas. La elocuencia de las expresiones y giros que empleó ante las cámaras para subrayar cuál es su prioridad fue abrumadora: hora a hora, cada segundo, exigencia brutal, otra vuelta de tuerca, una gota más (de sudor o de talento, qué más da), máxima intensidad… A estas horas nadie podrá alegar desconocimiento, ni los de dentro ni los de fuera: Ziganda ha venido para hacer un equipo mejor y no está dispuesto a dejar ni el más mínimo detalle al azar.

Quiere conseguir una reactivación del personal a su cargo, lo cual se antoja muy cabal. Está persuadido de que el Athletic tiene capacidad para ofrecer más y la razón le asiste. En realidad, el Athletic necesita tomar impulso, crecer desde el nivel en que lo dejó Ernesto Valverde porque se da la circunstancia de que las cotas más altas de regularidad, efectividad y brillantez no coinciden con el final de su etapa, con lo observado en la última campaña. Habiendo una referencia tan evidente, solo cabe aceptar que la intención de Ziganda está plenamente justificada.

En este contexto encaja el hecho de que haya pintado una raya sobre la hierba, la misma para los treinta futbolistas que figuran en nómina. De esa raya empiezan la carrera los indiscutibles y los meritorios, los jóvenes y los veteranos, los que gozan del fervor popular y los que pasan desapercibidos. “Mi idea es ver a todos y que puedan demostrar lo que tienen dentro”, advirtió. Pero no se quedó ahí, no le pareció bastante. Y para evitar confusiones o que alguno pudiera interpretar la frase anterior como la típica que se suelta en los albores de una pretemporada porque queda muy bonita, añadió: “No renunciamos a ninguna posibilidad, por extraña que pueda parecer, no estamos para regalar nada. Quiero ver, comparar y luego tomaré decisiones”.

Si es consecuente con su catecismo y cumple el anuncio, va a terminar con una dinámica que durante el curso anterior prevaleció sobre cualquier otro criterio futbolístico: hubo un bloque titular y quienes permanecieron ajenos al mismo vieron mermadas sus probabilidades en términos de protagonismo desde agosto a mayo.

El rendimiento individual, así como el del colectivo, estuvieron mediatizados por una jerarquía que permaneció prácticamente inalterable. Aunque es natural que el entrenador funcione con sus preferencias, si en un vestuario cala la convicción de que la suerte está echada para cada uno de sus integrantes, la competitividad se resiente con el reflejo consiguiente en los partidos. También Ziganda, con el transcurrir de los meses, irá elaborando su particular clasificación de los jugadores, cómo no, pero al menos de momento anuncia que la colocación en ese ranking está pendiente y se va a decidir en función de que lo que él valore en adelante. El planteamiento es clave para realzar el tono del equipo y por eso se ha apresurado a exponerlo. Si los interesados lo han captado, Ziganda ya tendrá un buen trecho del camino recorrido.

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