Colaboración

Hay derrotas con más dignidad que la victoria

Por Eneko Etxeberria - Lunes, 3 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

MIRAR a nuestro pasado exige un esfuerzo de responsabilidad enorme en cuanto que no existe peor daño a la memoria que interpretar el pasado en base a los intereses actuales. La memoria, aunque sea histórica, debe tratarse con principios científicos avalados. Por ello, el libro sobre el Eusko Gudarostea que presenta el Ayuntamiento de Azpeitia ha sido elaborado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, con criterios profesionales e históricos. Nos gustaría contar otra historia u otras historias que también lo sacrificaron todo, pero nos tenemos que circunscribir a la historia de nuestro pueblo. Nos gustaría solo mirar al futuro, pero es imposible construir una sociedad del futuro sobre el silencio y olvido de nadie, sencillamente imposible. La concordia es sólo posible sobre el respeto y el reconocimiento de lo sucedido, jamás sobre la mentira.

Entre todos debemos hilvanar el relato histórico sin olvidar ningún nombre, ni a nadie en una cuneta. Por ello, nuestra memoria debe ser integral. Y tal como en 2016 homenajeamos a cinco republicanos españoles, presos políticos encarcelados en Azpeitia que fallecieron en la cárcel de esta localidad a cientos de kilómetros de sus familias, debemos proseguir sin descanso en la tarea de arrancar del olvido a toda persona, independientemente de sus circunstancias. Es cierto, esta memoria se debió recoger con anterioridad. Celebrar el octogésimo aniversario sin haber pasado por el cuadragésimo significa que llegamos cuarenta años tarde y que, durante estos años, se ha extendido el manto del silencio conscientemente. En todo caso, la memoria para ser justa debe reconocer la de todos aquellos que han sufrido vulneraciones de derechos humanos, independientemente de su origen, desde el fatídico verano de 1936 hasta las vulneraciones actuales.

Entonces, hace ocho décadas, las fuerzas nacionalistas, con la excepción de ANV, dudaron en un primer momento en enfrentarse ante la sublevación militar española. Sin embargo, en agosto de 1936, todas las fuerzas nacionalistas se unieron al Frente Popular para hacer frente al fascismo. Se unieron al combate junto a republicanos, socialistas y sindicalistas, que se organizaron en otros lugares de nuestro país.

Fue en agosto de 1936 cuando el abertzalismo decidió enfrentarse al fascismo. Y lo hizo sobre la base de cuatro principios -libertad, democracia, aberria y justicia social- que fueron consensuados y pactados, proyectando la lucha por la libertad de un pueblo desde una mirada progresista. Lucharon por la libertad de la patria perdida, pero una patria justa y democrática contra el fascismo.

Ahora conocemos con nombres y apellidos quiénes fueron esos hombres y mujeres, su origen, sus razones y las consecuencias que padecieron para rememorarlas y reconocer su sacrificio

De este modo, la unión de las diferentes familias abertzales (foralistas, independentistas, izquierdistas, sindicalistas…) mostró al mundo, sobre todo a occidente, la superación del nacionalismo cultural de raíz etnicista.

Ese verano de 1936, alrededor de 2.000 jóvenes llegaron a Azpeitia. Sin preparación militar. Eran baserritarras, obreros, estudiantes… jóvenes cuyo nexo de unión era su oposición a los golpistas y la defensa de su tierra. Todos ellos fueron instruidos brevemente por una persona de gran relevancia para la historia de nuestro país: Cándido Saseta. Fueron ayudados por decenas de mujeres y juntos se enfrentaron a los enemigos de la democracia.

Las consecuencias fueron dramáticas para todos. La mayoría murió en combate, otros acabaron en el exilio, encarcelados, recluidos en campos de concentración y batallones de trabajadores durante años por el régimen dictatorial fascista.

El Eusko Gudarostea fue una milicia que, en inferioridad numérica y sin apenas medios, detuvo a los golpistas durante más de un mes, facilitando la aprobación del Estatuto y la formación del histórico primer Gobierno vasco. Ahora conocemos con nombres y apellidos quiénes fueron esos hombres y mujeres, su origen, sus razones y las consecuencias que padecieron para rememorarlas y reconocer su sacrificio. Su historia también debe ser recogida y contada para que no se olvide jamás.

Es hora de romper el silencio y de recordar no para quedarnos con un pasado que es imposible de cambiar sino para aprender y proyectar un futuro en convivencia sobre cimientos sólidos y sin olvidar a nadie.

La memoria histórica no es un instrumento de crispación o malestar. La memoria histórica debe servir para cerrar las heridas que todavía siguen abiertas. Es un tratamiento basado en la verdad. En memoria de los que no pueden contarlo porque fueron silenciados, no olvidemos jamás.

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