alberto zerain montañero alavés

"La cima tiene tal atracción que te va llevando sin que calibres las consecuencias y acabas metiéndote en una trampa"

En homenaje a Alberto Zerain y Mariano Galván, montañeros fallecidos en el Nanga Parbat, DNA reproduce por su interés una entrevista concedida por el  vitoriano a este periódico hace unos años en la que desgrana su particular modo de ver la montaña. ~ GOIAN BEGO ~

Lunes, 3 de Julio de 2017 - Actualizado a las 10:02h

El montañero alavés Alberto Zerain, el año pasado en el Dhaulagiri.

El montañero alavés Alberto Zerain, el año pasado en el Dhaulagiri. (Foto: Eolo Comunicación)

Galería Noticia

El montañero alavés Alberto Zerain, el año pasado en el Dhaulagiri.

Alberto Zerain lo tiene claro: "La montaña no es un lugar para jugar demasiado", Por eso el gasteiztarra prefiere evitar riesgos y así lo contaba en 2010 a este diario durante una entrevista en la que dejó claro que en la montaña "no todo vale" y debe prevalecer la ética y el compromiso.

vitoria. El primer alpinista alavés en ascender el Everest, hace ya casi diecisiete años, culminó el pasado verano una espectacular ascensión al Kangchenjunga. Zerain, que salió de noche para ayudar a los del grupo de Al filo de lo imposible, empleó tan sólo 18 horas desde el campo cuatro hasta la cumbre y el posterior descenso hasta el campo base. El gasteiztarra relató ayer durante la XIV edición de las jornadas de Alta Montaña de Caja Vital sus experiencias durante la ascensión al que fue el séptimo ochomil de su carrera.

En estas jornadas, expuso la conferencia técnica 'Los dos Kangchenjungas'. ¿Es que tiene dos caras? ¿Por qué dos 'Kangchenjungas'?

Quiero comparar y mostrar las dos visiones que yo viví de mi ascensión, con las diferentes formas que hay de subir esta montaña. Una, la de unas expediciones con todos los medios y otra, la de los grupos que luchan por ellos mismos y se van enfrentando por sí solos a las dificultades que les va poniendo la montaña.

¿Tantos grupos había como para poder comparar?

Sí. Aunque no sea una montaña con tanto tirón como otras, sí que se puede comprobar lo de la masificación que se está viviendo en los ochomiles. De hecho, se juntaron cuatro expediciones de mujeres y las cuatro iban con la idea de ver quién es la primera en hacer antes los catorce, lo cual desvirtúa la magia y el encanto que pueda tener la montaña.

¿Una misma montaña puede sorprender, pese a haberla ya ascendido en varias ocasiones?

Sí. Siempre hay descubrimientos y novedades. La naturaleza va cambiando, puede haber grietas un año sí y otro no, barreras que no estaban, y de ir en grupo a ir solo también varía mucho, por lo que se afronta a veces como un reto novedoso aunque vayas por el mismo sitio.

¿Considera que en este deporte se está perdiendo esa capacidad para innovar y sorprender?

No. Lo que pasa es que ahora hay mucha más gente subiendo montañas y la mayoría se dedica a hacer lo que otros ya habían hecho antes. Al haber más gente es difícil que se vea algo innovador ya que casi todos tienden a no salir de la línea marcada y eso provoca que no avancemos y no se propongan retos diferentes.

Otra de las críticas que ha recibido el montañismo en los últimos años es la falta de compañerismo. ¿Cree que existe egoísmo?

Estamos acostumbrados a oír noticias de esas a la hora de decidir ayudar a una persona o de tú echar por tierra tu objetivo e incluso ponerte en peligro por rescatar a alguien. Sí pasa, pero lo solemos oír de otras expediciones extranjeras. Aquí todavía hay solidaridad entre montañeros. En otros lugares se persigue más el objetivo, pasando a veces por encima de momentos en los que tiene que imperar lo humano.

Viendo el afán que existe por acumular cumbres, se ve extraño su actitud de salir a ayudar de noche en el Kangchenjunga a otros montañeros a costa de renunciar incluso a la cima. ¿Cuáles fueron sus motivos?

Uno eso no se lo pregunta ni se lo plantea. Es algo que surge. En el momento en que compañeros, conocidos o no, sabes que están en problemas, si te ves en la condición de poder ayudar, sales a ayudar en una actividad que es muy difícil de hacer en altitud.

Comenta si se ve en condiciones. ¿Hay veces que es imposible?

El organismo, si está bien, enseguida supera esos miedos y el bloqueo que pueda venir, pero hay que entender que otras veces no se puede. Es muy peligroso. Hay que saber que para intentar ayudar a gente en altitudes extremas, hay que estar muy bien, primero, para salvarse a sí mismo y después a los demás. De todos modos, hay que entender que haya habido alguien que no haya ido alguna vez a ayudar, pero no porque no haya querido, sino porque no ha podido, ya que no se sentía con fuerzas para nada.

La noche de su ascensión pasaría frío. De hecho versa sobre 'Noches heladas en el Kangchenjunga'. ¿Fue casi cómo para congelarse?

Sí. El título de la charla es el resumen de mi ascensión. Subí a unas horas que no son aconsejables para andar por esas altitudes sin oxígeno. Mi llegada a la cumbre fue al amanecer, cuando más frío hace. Las dos horas anteriores, estuve muy castigado por el frío y por lo que duró la noche, que me la comí entera subiendo. Fue muy larga y arriba en la cima me encontré con frío, frío y más frío y eso es peligroso. De hecho, tuve una congelación en el pie.

Y aún le quedaba un descenso, que tampoco sería fácil...

Pues sí. Tuve que parar en el campo cuatro a recoger una tienda y luego en el tres a por más material. Si me pongo a bajar con lo puesto, como muchos que se sirven de sherpas y de otras ayudas para bajar lo que tienen, sería más sencillo. Yo tenía que bajar lo mío porque no tenía a nadie y es una tarea que cuesta bastante, que muchos no saben lo que es.

Aun con esos parones, entre el ascenso y el descenso hasta el campo base, empleó poco más de 18 horas. ¿Cuál es el secreto?

Un aspecto clave fue el hecho de salir a ayudar a la noche. Es un momento tan importante, que te cargas de energía y de fuerzas. Me apoyé en ese subidón que tenía. El hecho de prepararte psicológicamente para un reto difícil como un posible rescate te da mucha fuerza. Yo me había mentalizado para hacer un gran esfuerzo, ya que podía tener que echar un cable para bajar a alguien y eso requiere energía, vitalidad y mucho coco.

¿Es 'Zeras' un montañero de método, con mucho sacrificio durante el trabajo de preparación?

No me considero así. Creo que ya estoy acostumbrado a lo que te exige la vida de la montaña. Sabes que es dura y me preparo bien, pero lo fundamental es saber leer cómo está uno mismo en cada momento y poder afrontar lo que va surgiendo.

¿Es clave el aspecto mental?

Sí que lo es, pero a mí me importa mucho también la manera como se afrontan los retos. Yo no soy amigo de ir tarde a la cumbre, ni de andar que ni me acuerde de cómo he bajado. En esos casos, yo prefiero renunciar, en vez de bajar en ese estado tan pésimo de salud.

Da la sensación de que casi a punto de cumplir 50 años está en uno de sus mejores momentos. ¿Lo ve así?

Puede ser en cuestión de alta montaña, pero sé que tiene que parar. Ojalá se mantenga este momento bueno. Mientras sea parecido al de los últimos tres o cuatro años, ya estaría contento.

¿Y si no lo es y llega el bajón físico?

Habría que plantear las actividades de otra manera. Soy consciente de la edad que tengo y para realizar una actividad fuerte sé que me conviene un buen descanso detrás, algo que con otra edad no necesitaba. Ahora, tengo que cuidarme más. A los retos tengo que llegar más entero.

¿Cómo ha llegado tan bien? ¿Se cuida mucho y se priva de caprichos?

No, no. En el sentido de las comidas yo soy vasco y como de todo. Lo importante es que la alimentación te siente bien. Yo creo que uno mismo se conoce bien y sabe las pautas que debe llevar.

Incluso, aunque cada uno se conozca bien, ¿considera que en estos momentos a veces no se miden bien los riesgos y que se puede llegar a faltar al respeto a la montaña?

Sí y está demostrado que ocurre. La cima te lleva. Tiene una atracción tal, que llega un momento en el que esa cercanía a la que ves el objetivo te va llevando, te va llevando sin que calibres bien las consecuencias y te metes en una trampa. Después las bajadas son penosas y es ahí donde suele ver accidentes.

Y, ¿a qué se debe eso?

A que el organismo se ha quedado sin respuesta. Vaciado del todo.

¿Se hace duro tener que renunciar cuando se está tan cerca hasta el punto de no querer hacerlo con lo que hay en juego?

Para mí no es tan duro. Más duro sería no volver. Bajo mi punto de vista renunciar a veces es bueno, ya que eso te permite seguir haciendo montaña. Hay veces que se ve tan claro que no estás más que poniéndote en peligro, que no tiene sentido seguir. La montaña no es un lugar para jugar demasiado.

¿Piensa que por hollar una cima hoy se da 'el todo vale'?

Pues sí. Esa sensación sí que hay. Lo que he visto en los últimos tiempos tristemente es así. La gente se agarra a lo que sea para traer la cumbre. Todo lo que te pueda hacer más fácil la ascensión se hace.

¿Y qué piensa de todo ello?

Pues que se están quitando lo que siempre ha tenido la montaña, esos obstáculos que hay, que son la madre del cordero de la escalada. El poder ser tú mismo el que vas superando los retos de la montaña, en muchos casos ya no existe porque aquí se quita todo y se intentan minimizar esas dificultades, hasta un punto de que casi se pone un camino hasta la cumbre. Cuerdas a tope, sherpas, oxígeno... Todo lo que te puedas imaginar.

Lo de añadir cimas al currículo no da la sensación de que sea su caso, ya que desde que ascendió el Everest en 1993, 'sólo' ha añadido otros seis 'ochomiles'. ¿Por qué?

Bueno, es que no voy a por los 14 ochomiles. Últimamente estoy saliendo más al Himalaya, me veo bien y disfruto, pero sin más.

¿Le gustaría completar los '14'?

No. No voy buscando eso, aunque eso no significa que igual por el camino me lo encuentro. Puede darse el caso, pero no es mi reto. De serlo, me lo tendría que haber planteado hace ya tiempo.

¿Qué siente cuando veía el pique que se traían las coreanas por ser la primera mujer en tener las 14 cimas?

Coincidí con cuatro expediciones en el Kangchenjunga que buscaban lo mismo y aunque no estás metido en ese tema, algo te afecta porque estás viviendo cosas que no te gustan y que le quitan ese encanto que tiene la montaña. Yo siempre trato de aislarme y disfrutar, pero aún y todo ves mucha gente, masificación, cierto caos y te encuentras con decisiones que no compartes. Por ejemplo, las bajadas no fueron muy buenas y casi se le dio más valor a la cumbre que al regresar vivo.

A una de las coreanas que estaba en la carrera, sus ansias ya le pasaron factura en el Nanga Parbat. ¿Puede suceder lo mismo al resto?

En la montaña, el accidente está ahí y cuanto más hagas más riesgos corres.

En el K-2 en 2008, ya palpó de primera mano que la montaña no perdona. ¿Cómo vivió la muerte tan de cerca de once alpinistas?

Después de haber llegado todo contento al campo base con la cumbre, se hizo muy duro conocer la tragedia que estaba pasando arriba. Me afectó a la hora de poder disfrutar plenamente la ascensión.

Después de sentir una tragedia así tan cerca, ¿cambia la forma de afrontar las siguientes expediciones?

Eso siempre es un aprendizaje y lo tienes en cuenta de cara al futuro. Afrontas las cosas de una manera diferente. En cierto modo, sí que estoy supeditado al drama que viví en el K-2.

¿Cree que si no existiera ese riesgo y no se fuese al límite, este deporte no sería tan apasionante?

La montaña de gran altitud tiene un magnetismo especial. El riesgo de esa altitud es su magia. Esa dificultad de poder respirar ya te hace sentir las cosas diferentes. Requiere más compromiso y eso es especial. Está el juego de querer medirte con la montaña, que no sabes lo que te espera. Tormentas, grietas... Hay mucha incertidumbre. No sabes todo y eso sí que la hace más apasionante.

¿Es siempre cierto eso que dicen que en todo momento toman riesgos controlados o a veces sobrepasan el límite aun a sabiendas de que puede haber terribles consecuencias?

Cada uno tiene que saber cómo va por ahí. Algunos te cuentan que a veces no sentían ni que eran personas. En esos casos sale el instinto de supervivencia y poder llegar a contarlo es bueno porque te das cuenta de lo que realmente somos capaces. Es bonito poder medirte y ver que eres capaz de superar tus límites.

¿Cómo ve este deporte dentro de unos años?

No creo que cambie mucho. Habrá gente que busque disfrutar sin necesidad de tener que ir a los sitios más conocidos. Además, creo que será difícil hacer un ochomilismo innovador. Eso llevará tiempo, pero creo que habrá cada día más gente en los seismiles y sietemiles.

¿Quedará algo por descubrir?

Cada vez menos. Dicen que hay un mundo por descubrir. Pues lo bonito sería que el que lo encuentre no dijese dónde está para que después no se sature.

¿Seguirá 'Zeras' realizando gestas de este tipo o bajará el pistón? ¿Hasta cuando aguantará?

Yo voy día a día. Sobre la marcha. Vivo el presente, que es así como hay que tomarse ahora las cosas.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Información relacionada

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120