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inicia la temporada 2017-18

El turno de Ziganda

El nuevo técnico arranca con el reto de reactivar una plantilla contrastada que el último año experimentó un descenso en sus prestaciones y vuelve a afrontar un calendario muy denso

José L. Artetxe - Lunes, 3 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

La plantilla del Athletic completa un entrenamiento durante la pasada temporada.

La plantilla del Athletic completa un entrenamiento durante la pasada temporada. (Foto: Pablo Viñas)

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La plantilla del Athletic completa un entrenamiento durante la pasada temporada.

Bilbao- El Athletic inicia la temporada 2017-18 envuelto en una inercia deportiva y económica que le acredita al cabo de seis años como un equipo consolidado, con argumentos de fuste para aspirar a metas atractivas. Las cuatro clasificaciones consecutivas para torneos europeos determinan inevitablemente el nivel de exigencia y alientan las ilusiones de una afición que se ha acostumbrado no solo a los buenos resultados sino a ver a sus jugadores desenvolverse fieles a un estilo con el que se identifica. Este bagaje actúa como un motor de cara a lo venidero, pero no debe perderse la perspectiva de que las competiciones, especialmente la liga y la Copa, no dejan de incrementar su grado de dificultad a causa del dinero que manejan todos los rivales para reforzarse en el mercado.

El curso que ahora comienza promete emociones intensas y su particularidad radica en el relevo producido en el banquillo. Después de una etapa notable de cuatro años con Ernesto Valverde al mando, la llegada de otro técnico aparece como el factor diferenciador principal, si bien la elección de José Ángel Ziganda entronca con la línea que el club se ha impuesto en el ámbito deportivo desde que está dirigido por la directiva de Josu Urrutia, una idea que se ha revelado válida, convincente. No obstante, cualquier cambio de esta naturaleza abre automáticamente un período de observación, una especie de plazo para examinar sus consecuencias. Ocurrió con la marcha de Joaquín Caparrós, se repitió tras la no renovación de Marcelo Bielsa y no será distinto esta vez.

Al igual que entonces, los prejuicios hacia el relevo estarán a la orden del día, del mismo modo que no faltarán las voces que se muestren conformes con la decisión tomada. Los discrepantes recordarán el breve recorrido de Ziganda en la élite, superior por cierto al de Valverde cuando tomó las riendas del equipo en 2003, o al de Bielsa en Europa, aspecto esgrimido en su momento en contra del rosarino. La designación del entrenador siempre entraña una gran responsabilidad, no en vano se estima que objetivamente es la pieza clave en el engranaje de un conjunto. En este caso puede decirse que está fundamentada si se repara en que Ziganda ingresó en el Athletic junto a Urrutia y en todo este tiempo ha tenido un cometido relevante, que además ha gestionado con éxito.

Cabría afirmar que Ziganda siempre ha estado colocado para acceder con naturalidad al cargo que en adelante desempeñará. Es el turno de un hombre con un profundo conocimiento del entorno y de la materia prima de que va a disponer;un profesional que por supuesto bebe de las mismas fuentes futbolísticas que sus dos antecesores porque en ello le ha ido el empeño a Urrutia. Ziganda reúne pues las condiciones idóneas para hacerlo bien, luego la competición dará o quitará razones.

Cuenta con una plantilla curtida, contrastada pese al elevado cupo de futbolistas jóvenes, habituada a encarar calendarios similares al de esta temporada, que sabe lo que supone mantenerse despierta durante diez meses. Una plantilla donde no se esperan incorporaciones, significativas al menos, capaz de codearse en toda clase de escenarios que sin embargo tiene margen de mejora. Se mire como se mire, el balance de la última campaña no colmó las expectativas abiertas doce meses atrás. Por logros y por imagen, el Athletic se movió en unos registros discretos, levemente compensados por su acreditada capacidad para competir. Se apoyó en el espíritu que anida en sus filas y, qué duda cabe, en el trabajo desarrollado por Valverde a lo largo de los tres ejercicios previos para subsanar la irregularidad y los problemas detectados en el gobierno de demasiados partidos.

EL RELEVO Dio la sensación de que el entrenador transmitía síntomas de cansancio, algo que por simpatía pudo afectar al equipo. Probablemente, esta impresión fuera la consecuencia lógica del desgaste derivado de la convivencia y la práctica de unas formas concretas de funcionar. Nada en definitiva que no se dé en el fútbol de élite. En este contexto la salida de Valverde era previsible, y aconsejable desde el punto de vista del club y del equipo. En ocasiones se requiere un golpe de timón, introducir un elemento que ejerza de activador, que remueva, más que las bases del proyecto, las dinámicas, el día a día, que coloque a los jugadores ante la tesitura de tener que demostrar de nuevo sus cualidades.

Es la labor que le toca a Ziganda, conseguir que el Athletic recupere el tono alegre que le ha caracterizado en términos globales de seis años para acá, que vuelva a exprimir su agresividad, la intensidad de su fútbol y que este adquiera un punto más de eficacia para continuar peleando en cada frente. El navarro dirige en la jornada de hoy una doble sesión a la que seguirán muchas más enfocadas de entrada a negociar las incómodas eliminatorias que abren la puerta de la Europa League. Para el grupo serán semanas de sudor, destinadas asimismo a pulir conceptos tácticos, algunos quizá novedosos, mientras el técnico valora al personal, adjudica roles y ajusta la dimensión del plantel.

Una fase interesante con varios amistosos, en general de enjundia por la envergadura de los contendientes, como corresponde a un equipo que pretende situarse entre los protagonistas de la temporada. Fase que desembocará el 27 de julio en lo que todo el mundo aguarda: los partidos oficiales. Están a la vuelta de la esquina. Echa a andar el proyecto de Ziganda. Su suerte será la del Athletic.


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